Crónica Las Palmas 2018: "El pintor de calaveras" la muerte dulce

Autor: Elodie Mellado Fuente: Filmin

Crónica Las Palmas 2018: "El pintor de calaveras" la muerte dulce

“El pintor de calaveras no sólo me ha dado vida, es un antes y después en mi existencia", decía hoy Pepe Dámaso en la presentación de su documental en el Festival de las Palmas, encargado de inaugurar la Sección Oficial. Un bello alegato para redescubrir la vida y obra de uno de los más grandes artistas nacidos en las islas, así como una reflexión profundamente desgarradora sobre la existencia y el legado que dejamos atrás. Pepe Dámaso nos regala su tiempo y su arte en el ocaso consciente su vida.

¿De qué va?

El pintor y cineasta Pepe Dámaso (Agaete, Gran Canaria, 1933), convaleciente de una grave enfermedad, decide donar a sus paisanos la obra que ha guardado consigo a lo largo de setenta años. Antes de desprenderse de sus cuadros, Dámaso regresa a los paisajes y argumentos de su infancia, un conjunto de elementos identitarios sobre los que ha labrado una original alegoría plástica de la vida insular.

¿Quién sale?

Sin inhibición alguna, Pepe Dámaso se nos presenta como un personaje pintoresco y singular, que no tiene miedo a romper constantemente con la cuarta pared y se pasea por los bellos paisajes de las islas canarias como nuestro Andy Warhol particular. Un hombre mayor, cansado pero vivaz, que arrastra la sabiduría de aquellos que han vivido casi un siglo a sus espaldas. Aún así, su inmensa vitalidad intelectual nos deja auténticas perlas en forma de escenas ya inolvidables para la historia artística de las islas.

¿Quién está detrás?

Sigfrid Monleón, conocido por ser el director de “La isla del holandés”, se ha especializado en los últimos años en el largometraje documental pero también en la dramaturgia. En “El pintor de calaveras” deja respirar los pensamientos de Dámaso mientras este los va exponiendo sin filtro ante la cámara.

¿Qué es?

Dámaso en el ocaso consciente de su vida.

¿Qué ofrece?

“El arte es largo y la vida breve”, que decía Hipócrates. Más de 2000 años nos separan desde que el pensador griego acuñara la cita, pero continúa siendo tan cierta como entonces. El ser humano es breve, pero sus obras largas. El legado del artista es su propia descendencia, su personal aportación a la construcción de ese imaginario colectivo que hace que arte y la civilización avancen. Pepe Dámaso se enfrenta al final de esta corta vida, pero también a la propia herencia intelectual y plástica que componen sus cuadros y pensamientos. La muerte, un tema recurrente a lo largo de toda su obra, toma más consciencia que nunca en "El pintor de calaveras", donde su presencia se atisba en cada esquina. Aún así, Dámaso nos regala su tiempo, tal y como hizo Juanita con él cuando le ayudó a crear una de sus obras más reconocidas. Ahora es su turno de hacer lo propio, y aprovecha esta irrepetible ocasión para bañarnos en estos últimos instantes de lucidez infinita que su intelecto nos ofrece. 

 A través de un fresco de escenas donde la presencia del artista es absoluta, Dámaso nos va mostrando sus miedos, sus fracasos, pero también sus amantes y sus más atesorados recuerdos, sobre todo aquellos ubicados en la infancia y en el auge de su juventud. En una de las escenas más arrebatadoras del documental, Dámaso se desnuda emocionalmente ante la tumba de su amado César Manrique, a quien le grita si le escucha, con un desgarro solo equiparable a aquel que sufría Miguel Hernández cuando entonó su elegía por Ramón Sijé para minar la tierra hasta encontrarle. Arte, muerte y, sobre todo, vida.

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