Crónica Las Palmas 2017: "Certain Women" ellas resisten

Autor: Álvaro Augusto

Crónica Las Palmas 2017: "Certain Women" ellas resisten

Y llegó el momento de Kelly Reichardt, una de las voces más sólidas y talentosas del cine independiente americano. Casi podríamos decir que se trata de su mejor embajadora, de su más destacada emisaria. Y llegó con "Certain Women " el descarnado retrato de tres mujeres independientes y fuertes que intentan prosperar en un asfixiante ambiente rural, basado en los relatos de la aclamada escritora Maile Meloy. El film tuvo su estreno mundial a principios del año pasado en el Festival de Sundance, donde fue acogida con enorme entusiasmo. No menos júbilo se vivió  esta noche, en una sala repleta, donde la gente contenía el aliento y mantenía altas sus expectativas, dentro de la Sección Panorama del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Finalmente, Kelly Reichardt llegó, y no decepcionó.

¿De qué va?

Tres mujeres viven en Montana. Por un lado, una abogada que se verá en un situación límite gracias a un cliente que parece haber perdido el juicio y , por el otro, una resuelta madre de familia que está decidida a obtener una buena cantidad de piedra arenisca de su vecino y una granjera que comienza a tener una relación especial con la profesora que le imparte clases de derecho escolar. Tres historias que nos muestran la soledad de la mujer y la dificultad para abrirse camino, pero también, y sobre todo, lo inquebrantable que puede ser la resistencia femenina.

¿Quién está detrás?

Como hemos mencionado antes, Kelly Reichardt. Paradigma del cine independiente, entre sus trabajos anteriores se encuentran las adaptaciones de varios relatos de Jon Raymond. Por ejemplo, "Old Joy", donde demostraba que la amistad, al contrario de lo que se suele decir, no es eterna y que esta cambia y muta de la misma manera que lo hacemos nosotros con el paso del tiempo. O "Wendy y Lucy", la emotiva búsqueda de un perro por su dueño, un film de evidentes ecos neorrealistas. Y en ambas ocasiones todo está descrito con sensibilidad, ternura, sencillez, cargado de un existencialismo nada pretencioso, con una mirada íntima e, incluso, lírica. Algo que, afortunadamente, vuelve a repetirse en su lograda última criatura fílmica, "Certain Women".

¿Quién sale?

"Certaín Women" carecería de la fuerza dramática (y, también, todo sea dicho, cómica, de un humor ligero y sutil) que tiene si no fuera gracias a sus extraordinarias intérpretes. Comencemos por Laura Dern, a la que hemos podido ver en tantas películas de Lynch (desde "Blue Velvet" a "Inland Empire" pasando por "Corazón salvaje") interpretando a una abogada que se ve de pronto como rehén de un desquiciado, continuemos con Michelle Williams, la mujer que consiguió sendas nominaciones a los Oscar por "Blue Valentine" y "Mi semana con Marilyn", y quien ya había trabajado con Reichardt en anteriores ocasiones ("Wendy y Luca", "Meek's Cutoff"), para terminar con Lily Gladstone, la entrañable granjera. Y no olvidamos la presencia de Kristen Stewart,  a quien después de verla en "Personal Shopper" interpretando a una mujer acosada por sus fantasmas y ahora como abogada algo deprimida en "Certain Women", no podemos más que dedicarle encendidos halagos. Todas, sin excepción, brillan en este film.

¿Qué es?

El más poderoso retrato sobre la soledad y la resistencia femenina que se haya  visto en la gran pantalla en mucho tiempo. No solo bebe del cine independiente, sino también de la pintura de Edward Hopper o de la literatura sureña, desde Faulkner a Harper Lee.

¿Qué ofrece?

Una emotiva y vibrante historia que gira alrededor de la soledad y de nuestra desesperación por mantener contacto con alguien. Y hablamos en primera persona del plural, porque la desesperación de estas mujeres bien podría ser la de cualquiera de nosotros. Pero, sobre todo, es un relato que habla de lo que significa, supone e implica ser mujer. Del rechazo que genera y los estereotipos que aún se conservan. En la primera historia, por ejemplo, el personaje de Laura Dern debe lidiar con un cliente que parece no entender que por muy injusto que sea su caso -un accidente laboral- poco se pude hacer desde el punto de vista judicial. El hombre sólo asumirá esta situación, con las consecuencias que conlleva, cuando se lo diga un abogado al que acude para tener una segunda opinión. Cuando se lo diga él, no ella. El pronombre aún, desgraciadamente, importa. O en la segunda historia, donde, cuando el matrimonio empecinado en comprarle los ladrillos de arenisca visita a su vecino para hacerle una oferta, éste quiere dirigirse sólo al hombre, a pesar de que quien le habla, quien ha tomado la iniciativa, es ella. Pero más allá del discurso, importan las sensaciones. Las que origina  Reichardt con una narración simple y poética, donde nos adentramos en la vida de sus personajes para ir descubriendo que el miedo y el amor pueden darse a la vez, que a pesar de los encuentros que parecen cambiar una vida, al final siempre se vuelve a la indolente rutina del principio, que el sabor del fracaso es amargo y la soledad, un fantasma con demasiada recorrido. Aunque ellas, por supuesto, resistan.





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