Crónica L'Alternativa 2019: "Las Letras de Jordi" confesiones de una tabla de cartón

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Una de las grandes sensaciones de la sección Nuevas Directoras del Festival de San Sebastián. Maider Fernández Iriarte debuta en el largometraje documental con este dibujo que, desde una cándida intimidad, abarca un espectro emocional grandioso en este extraordinario relato sobre la fe y dignidad humana.

¿De qué va?

Jordi nació hace 51 años con parálisis cerebral. Sin embargo, no se considera un enfermo. A pesar de no poder hablar, intenta charlar a través de su tabla de cartón. Es así como se comunica conmigo. Cuando tenía 21 años sintió que Dios le hablaba por primera vez. Sin embargo, hoy, tras dejar su hogar y a sus padres y mudarse a una residencia, no siente la presencia de Dios. Jordi está vacío por su silencio.

¿Quién está detrás?

La directora Maider Fernández Iriarte, componente fundamental del colectivo Las chicas de Pasaik, se alía con la guionista Virginia García Del Pino (“La Décima Carta”), quién también monta el filme.


¿Qué es?

Esquiva de exposiciones abyectas repletas de tópicos degradantes sobre enfermedades que al igual que “La Escafandra y la Mariposa”, abraza una combativa y emocionante reflexión.

¿Qué ofrece?

Corría el año 1927 cuando el cine consiguió al fin, hallar la manera por la cual podríamos oír las palabras declamadas por los personajes cuando sus inmaculadas presencias inundaran la pantalla. Desde su nacimiento y gestación, el cinematógrafo se encargó de enmudecer y excluir esta particularidad humana y se preveía impensable la sublevación sonora que erosionó en una construcción fílmica paralela sin la cual no concebimos el séptimo arte hoy en día. La ausencia de la palabra hablada, vaso comunicador de nuestra civilización, encapsula en sí ciertas condiciones que pueden llegar a constreñir las libertades humanitarias.

La cineasta vasca Maider Fernández Iriarte es extremadamente consciente de ello, de lo que supone la condición humana cuando se convive con una serie de carencias que impiden y dificultan la comunicación. La soledad imperante y el ansia de seguir vivo pasa por la constante búsqueda de un interlocutor con el que interactuar y dialogar en el día a día. La cinta brilla intachable y escrupulosamente en el seguimiento de ese aparato que más que emotivo (remotamente lejos de lo vigoréxico), resulta empático. Además, coexiste ese compromiso contractual por visibilizar y desmontar los tópicos por los que se dan a conocer las personas que padecen de parálisis cerebral (la falsa afirmación de que son niños, por ejemplo).

Instalándose prácticamente adyacente al personaje a estudio y por ende, como protagonista a tiempo parcial del film. El distinguido hallazgo de este relato diminuto está en el cómo alcanza lo inmanentemente humano a partir de distendidas conversaciones (quizás la puesta en escena de un diálogo más curiosa de la temporada) con Jordi. A la postre, Iriarte proyecta con sabiduría la fe y luminosidad del personaje. Ejemplo de ello son las deslumbrantes secuencias acontecidas en Lourdes, donde la fe se torna táctil, no por la mera representación icónica (cruces y demás símbolos propios de la fe católica) de ella, sino por la calidez humana que desprende una luz colectiva. Una extraordinaria prosa humanista acerca de la dignidad y fe.



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