Crónica L'Alternativa 2014: "Vientos de Agosto" díptico con sabor a sal

Fuente: Ricardo Jornet (filmin)

Crónica L'Alternativa 2014: "Vientos de Agosto" díptico con sabor a sal

Luminoso debut del brasileño Gabriel Mascaró, "Vientos de Agosto" oculta, tras su aparente simplicidad, una película extremadamente inteligente que sabe moverse con soltura entre el retrato de personajes y la filmación de los paisajes, la ficción y el documental, el drama y el humor negro. Como una mezcla entre el Murnau de los Mares del Sur de "Tabú" con la crítica de costumbres y la mala leche de un Berlanga que viviese en un poblado brasileño, es una de las joyas de L'Alternativa de este año.

¿De qué va?

Un par de jóvenes de un poblado brasileño aislado a las orillas del mar encuentran la forma de matar el tiempo dedicándose a conocerse mutuamente, sexualmente hablando; por lo demás, su existencia parece tener la cadencia lenta y repetitiva de las olas, y no ven el momento de escapar de este opresivo ambiente. Esto cambia cuando un sonidista proveniente de la capital, empeñado en grabar los fuertes vientos de la zona, sufre un desafortunado accidente que proporciona al elemento masculino de la pareja una morbosa distracción que nunca se habría imaginado. 

¿Quién está detrás?

Gabriel Mascaró se ha batido el cobre como cineasta en una serie de magníficos filmes documentales que se centran en las vidas y costumbres de las clases rurales brasileñas; el siguiente paso lógico en su carrera ha sido aplicar todo lo aprendido en este campo a la narración de ficción. El resultado es un filme con una fotografía sencilla pero muy hermosa, con una planificación tremendamente efectiva pero nada efectista, y unas interpretaciones hiperrealistas dignas de ser degustadas.

¿Quién sale?

Dandara de Morais y Geová Manoel Dos Santos cargan sobre sus espaldas gran parte del peso de la propuesta, que no es poco. Excelentes como pareja de jóvenes que matan el tiempo juntos y también como personajes individuales cuyas inquietudes tardan bien poco en conquistar al espectador (una lleva su pasión por los tatuajes quizá demasiado lejos, el otro hace lo propio pero con algo, digamos, más siniestro), componen un par de personajes de carácter que iluminan aún más, si cabe, la propuesta.

¿Qué es?

Una mezcla equilibrada entre cine etnográfico interesado por los detalles de la vida cotidiana, drama tropical con influencia lejana del "Tabú" de Murnau, algo de la mala leche y el humor negrísimo de un Berlanga brasileño e isleño y relato de crecimiento y maduración al uso. Una belleza dividida en dos pequeñas historias, con interludio meteorológico entre medias: la primera con protagonismo de la mujer, la segunda del hombre.

¿Qué ofrece?

El hecho de que la propuesta juegue a varias bazas (a saber: película de crecimiento, pieza de humor negro y documento etnográfico), y de que las tres aparezcan bastante equilibradas, hace que se convierta en accesible para gran parte del público, que encontrará el placer personal en una o varias de estas facetas. Afortunadamente, Mascaró controla perfectamente el tempo, el estilo y la planificación, por lo que la transición entre diversas voluntades estéticas dentro del filme no se hace extraña ni molesta: el filme fluye y, como el agua que el protagonista intenta desviar sin éxito, penetra en nosotros aunque no queramos.

Sin necesidad de forzar su elemento exótico ni de convertir a sus jóvenes intérpretes en intensos rebeldes sin causa, "Ventos de Agosto" funciona magníficamente precisamente porque su ambición no es desmedida: como todas las pequeñas joyas, mima al detalle todas las esquinas de su sencillo argumento, se centra en potenciar la personalidad peculiar de sus personajes y se toma a sí misma lo suficientemente en serio como para permitirse una risa de vez en cuando. Es, en fin, un caramelo con sabor a coco (tendréis que verla para entender esto), y ya sabéis lo que se dice: a nadie le amarga un dulce.

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