Crónica L'Alternativa 2014: "Sauerbruch Hutton Architekten" documentando una idea
El tótem alemán del cine contemporáneo Harun Farocki deja sentir su (última) presencia en el festival L'Alternativa mediante la proyección de su pieza final, filmada justo antes de su prematura muerte. Un documental sobrio pero intenso, con trazos de la ironía de Von Trier pero también del fino escalpelo de cirujano de Frederick Wiseman, que intenta reseguir el complejo proceso intelectual seguido por los miembros de un estudio de arquitectura puntero. En definitiva, una acertada reflexión acerca de los procesos de creación del arte.
¿De qué va?
Documental exhaustivo, detalla los momentos clave (concepción, diseño, concursos, construcción...) seguidos por una batería de proyectos encargados al estudio de arquitectura alemán de Sauerbruch y Hutton, pareja de hombre y mujer experimentados en el mundo del diseño de edificaciones alrededor de los cuales orbita una panoplia de aprendices, consejeros, contratistas y, por último pero no menos importante, clientes cuya idea acerca de cómo deben ser sus encargos en ocasiones choca con las concepciones de los miembros del estudio.
¿Quién está detrás?
El cineasta alemán Harun Farocki, como ya hemos esbozado, realmente no necesita presentación, pero lo intentaremos: con casi cien piezas audiovisuales a sus espaldas (entre largos, cortos y sobre todo cine experimental y videoarte para museos), Farocki se ha definido como un artista fuertemente político que se cuestiona alternativamente por los conflictos contemporáneos (bélicos, políticos...) y por la verdad (o no) que se encuentra en las imágenes. En sus últimas colaboraciones con el director Christian Petzold la experimentación se rebajó en beneficio de un mejor trabajo con el material real, menos manipulado; "Sauerbruch Hutton Architekten" continúa en esta senda.
¿Quién sale?
El principal acierto del director es el de esforzarse en caracterizar de la manera más exacta y exhaustiva posible, aunque siempre mediante métodos sutiles y poco intrusivos, a cada uno de los miembros del equipo de arquitectos, por lo que al finalizar la película uno siente haber recorrido con ellos el complejo camino desde la concepción de una idea hasta su ejecución. En este sentido, aunque el casting es de todo menos conocido, la sinceridad y naturalidad de todos sus movimientos, unido todo ello a un cierto intento por quedar bien delante de las cámaras, lo dota de una simpatía inmediata con la que el espectador conecta sin dudar.
¿Qué es?
Mezcla sutil y eminentemente sobria entre un Von Trier más burgués que nunca (el que mete mano, por ejemplo, en el entorno laboral en "El Jefe de Todo Esto") y el afilado ojo documentalista del Farocki más similar a Frederick Wiseman de toda su carrera (en su empeño por diseccionar los vericuetos de una agencia de arquitectos), la película consigue alcanzar un delicado equilibrio entre retrato fiel y distancia irónica.
¿Qué ofrece?
La indómita y política mirada de Farocki podría pensarse que aquí se ha relajado, dado que su interés ya no está en los procesos políticos o en el valor de las imágenes sino en los trabajos internos de un grupo de arquitectos burgueses. Sin embargo, el filme funciona no sólo como documental acerca de unos individuos y sus pesares, sino como cristalización del puro acto creativo: detalla exhaustivamente los pasos concretos que llevan de la idea a la práctica, la necesidad de generar un colectivo que se ayude mutuamente para conseguir estos objetivos y los impedimentos económicos o materiales que hacen que al final los sueños puedan convertirse en pesadillas.
Todas estas características nos llevan, inevitablemente, al proceso cinematográfico: en el fondo, Farocki no está hablando de los arquitectos, sino de los artistas del mundo contemporáneo. E, incluso si esta interpretación no nos interesase, en la pureza de las imágenes y los dispositivos, la elección de los encuadres y el montaje, la sutil pero elegante fotografía, el tono irónico que impregna todo y hace que esbozemos una sonrisa de tanto en tanto, el puro placer de ver cómo un grupo de adultos debaten durante horas la conveniencia o no de instalar un pomo u otro... subyacen alegrías que deberían ser suficientes para cualquier espectador ávido de buen cine. Farocki, en fin, se despide por todo lo alto, con un epílogo que acaba por ser reflexión sobre el mismo proceso de crear.