Crónica L'Alternativa 2014: "Al Doilea Joc" políticas del balón

Fuente: Ricardo Jornet (filmin)

Crónica L'Alternativa 2014: "Al Doilea Joc" políticas del balón

Corneliu Porumboiu, cineasta rumano que empezó su flamante carrera ganando la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en Cannes (con "12:08 al este de Bucarest") continúa con su particular investigación cinematográfica de la memoria histórica rumana, en relación con el régimen comunista, en este caso mediante una estrategia realmente sorprendente: el comentario de un partido de fútbol de los ochenta junto con su padre, árbitro del mismo. Un filme desafiante y original, que hace que un viejo partido se transforme en documento vivo de otra época y manera de vivir.

¿De qué va?

Al padre de Porumboiu, árbitro profesional, le amenazaron de muerte en caso de que se atreviese a arbitrar la segunda parte del partido que iban a disputar el equipo del ejército (el Dinamo) y el de la policía (el Steua). Huelga decir que el buen hombre hizo caso omiso y salió al campo, que aquel preciso día lucía cubierto de nieve. La filmación televisiva del partido es ni más ni menos que el contenido de la película: empieza cuando salen los jugadores y finaliza cuando el marcador señala noventa minutos. Entre medias, y sobre la imagen del campo nevado perlado de jugadores, el cineasta y su padre intercambian impresiones acerca de la jerga futbolística, la situación política del momento y los inevitables cambios que los años han traído.

¿Quién está detrás?

Uno de los cineastas rumanos de las últimas décadas que mejor ha comprendido el poder subyacente bajo cualquier tipo de imagen, Porumboiu sorprendió a propios y extraños con su "12:08 al este de Bucarest", comedia satírica organizada en torno a diversas historias con personajes que revisitan la revolución rumana de 1989, y continuó su carrera con "Police, Adjective", de nuevo irónica comedia que desmitifica el trabajo diario de un policía como cualquier otro. Favorito irredento de los festivales de cine de autor más prestigiosos del mundo, en este caso aparca la ficción para hilar un atípico documental, que mantiene en todo caso sus señas de identidad: el humor, la ironía, la cadencia lenta y la reflexión histórica.

¿Quién sale?

En imagen, once contra once, más ajenos a la cámara de lo que nunca haya estado nadie en un filme documental. En la banda de audio, que es donde reside aquí lo interesante, Porumboiu y su padre intercambian diversas impresiones que viajan de lo absolutamente cotidiano (la familia, los cambios de costumbres) pasando por lo laboral (la evolución del papel del árbitro, la explicación de sus diversas técnicas) hasta llegar a lo político, siguiendo una estructura aparentemente desordenada que sólo se interesa por el libre fluir del pensamiento de sus dos protagonista absolutos. Como ver un antiguo partido en compañía de dos amigos especialmente avispados.

 

¿Qué es?

Una nueva forma de entender el documental familiar e histórico que seguro sentará cátedra; un acercamiento a la historia de un país a través de las aparentemente inconexas reflexiones de un testigo secundario, todo en un tono irónico que entremezcla anécdotas personales con observaciones generales. En definitiva, el partido de fútbol más atípico que uno se pueda imaginar.

¿Qué ofrece?

Se ha hecho común la estrategia documental consistente en la recuperación de vídeos o fotografías encontradas de otra época, con las cuales el cineasta puede hilar un nuevo discurso desmitificador que le de un nuevo sentido a un material familiar, institucional o publicitario que en un principio era de todo menos artístico. En este sentido, aunque Porumboiu sigue esta tendencia y por lo tanto no podemos decir que se trate de un absoluto pionero, en este caso la yuxtaposición se produce de una manera tan original y sorprendente que no podemos menos que felicitarle y abrazar este extraño experimento con los ojos (y las orejas) bien abiertos.

Político sin ser panfletario, cotidiano sin llegar a aburrir, técnico sin resultar demasiado complejo, el diálogo entre el cineasta y su padre revela tantas cosas distintas, y sugiere tantos nuevos significados al prosaico partido que vamos viendo en pantalla, que lo que en un principio se recibe como algo freak acaba subyugando al espectador en su particular mundo. La realidad rumana del momento vista como un juego entre dos potencias afines al régimen, en el cual la población de a pie acaba siendo un mero espectador colectivo al cual es mejor ocultarle las cosas oscuras (impagables los momentos en los que la cámara se aleja del terreno de juego para no capturar "actitudes antideportivas"), es un hallazgo documental y estético que posee una poesía que sólo hace que presagiar la siguiente gran obra de Porumboiu. Mientras tanto, disfrutemos del partido.

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