Crónica Gijón 2019: “Les Perseides” este país de todos los demonios
Destacamos este sensible trabajo que desactiva los cánones del “coming of age” clásico en aras de comprender el pasado realizado por los debutantes Albert Dexeus y Ànnia Gabarro. Ya ha cautivado en BAFICI y fue un triunfo absoluto en su paso por L’Alternativa, por supuesto, donde logro colgar el "sold out". Repasamos desde Gijón esta pequeña gran obra presentada por todo lo alto en el histórico festival asturiano.
¿De qué va?
En un pueblo semiabandonado, Mar pasa las vacaciones junto a su padre, recién separado. Cuando la tranquilidad esperable ceda su lugar a sucesos extraños y misteriosos, surgidos a partir de las leyendas de posguerra del lugar, la niña deberá lidiar con los fantasmas de la historia y de su propia familia.
¿Quién está detrás?
Los debutantes Ànnia Gabarra y Albert Dexeus dirigen esta producción de Boogaloo Films (autores de la espléndida “Un Lloc on Caure Mort” o la vibrante “Quiero lo Eterno”, ambas firmadas por Miguel Ángel Blanca).
¿Quién Sale?
La joven promesa Nora Sala-Patau se estrena ante las cámaras junto al veterano del mundo del cortometraje catalán, Eduard Buch.
¿Qué es?
Una mirada sensata y desprejuiciada hacia los rincones más oscuros de la memoria histórica de nuestra madre patria.

¿Qué ofrece?
Cuesta detectar recientemente, voces jóvenes y contestatarias que, de entre sus inquietudes artísticas se encuentre la de reescribir la historia. O al menos, no de reescribirla, sino de cuestionarla y priorizar el interés de acceder a ella. En “Les Perseides”, los talentosos Ànnia Gabarro y Albert Dexeus toman como punto de partida un conflicto universal (el enfriamiento emocional de una relación padre-hija a raíz de un divorcio) para proponer un revisionismo urgente de la memoria histórica de nuestro país.
Gabarro y Dexeus escenifican como nadie el asfixiante sosiego de las tardes veraniegas de una espectral localidad propia de la “España vaciada”, que reverbera muerte en cada uno de sus rincones. Los fantasmas del pasado deambulan impertérritos acechando jadeantes y ansiosos por reclamar justicia. Es de un coraje pasmoso la licencia que se toman los cineastas al invocar las voces de entidades pretéritas que claman y se proyectan hacia el futuro. Las nuevas generaciones (encarnadas por la resplandeciente estasis de la deslumbrante interpretación de Nora Sala-Patau) desprejuician su mirada al señalar sin complejos la barbarie franquista, ya que la película no vacila en ningún momento al afirmar que ha coexistido un “mutis” conciliador plagado de desinformación en nuestra sociedad, responsable del descuidado estudio de los eventos acontecidos hace ya más de 8 décadas (la cifra quita el hipo). Un tiempo añejo que yace inconfortable en las cunetas, cuyo componente físico y corpóreo no ha emergido hasta nuestro presente, en forma de espectros que inundan de penumbra el delicado dispositivo cinematográfico que compone el film.
En “Les Perseides”, los debutantes pueblan de efigies resonantes de una etapa que tan solo nos ha legado huellas (o manotazos, más bien) manchadas de sangre. Huellas imborrables como, por ejemplo, los esqueletos que reposan para toda la eternidad entre las cuatro paredes de las desamparadas aulas de una antigua escuela.

Por otro lado, fatigaba ya la formularia receta de los relatos “coming of age” juvenil y adolescentes, que cada vez abundaban más en el panorama independiente (en particular el catalán, que pareció ingeniar el manoseado subgénero). Retratos de cuerpos estáticos en crecimiento cuya narración versaba sobre la idiosincrasia prosaica del crecer. Dicho abarrotamiento culminaba, en el peor de los casos, en la carencia de una naturalidad de las que este tipo de films parecen hacer gala, a la par que el vertiginoso salto sin red al terreno de lo tediosamente simplista. E ahí otro de los hallazgos de “Les Perseides”, la sobrecogedora hazaña de desmarcarse de esta cadena asociando la praxis intelectual de la cinta a planteamientos originales que le aportan frescor. No se limita a dirimir el desarrollo de su objeto de estudio -esto es, su personaje-, sino de ponerlo en diálogo directo con otros elementos.
En el aparato emocional, la película no pierde facultades, emancipándose de un ejercicio desganado en lo formal perteneciente a la copiosidad del cine que citábamos. La suspicaz configuración formal que posee al encerrar en las composiciones a la protagonista, magullada por el abrupto divorcio de sus padres, fortifica esta idea de aislamiento en los rincones del cuadro. Deducimos también otro referente en el que se apoyan Gabarra y Dexeus. En como el maestro Yasujiro Ozu pintaba esos artefactos de espacio-tiempo de transición. En el ecléctico trabajo de los pasillos (numerosas son las tomas de las niñas pasando por ellos) y el uso de pillow shots como nexo entre secuencias para capturar el poso plácido que prevalece.
En última instancia, Les Perseides supone una flamante y necesaria reversión del paradigma teórico y narrativo dentro del cine independiente catalán. Una resurrección en clave “coming of age” del cine de Víctor Erice que a su vez ejecuta un perentorio exorcismo de “este país de todos los demonios”, que diría Gil de Biedma.
