Crónica Donosti 2014: "Love is Strange" amor devoto

Fuente: Joan Sala (filmin)

Sin artificios, sin subrayados melódicos, sin grandes momentos de esplendor, "Keep the Lights On" es un ejercicio naturalista, doloroso y magistral del tercer acto de dos treintañeros que bien podría ser vista como el reverso natural de "Weekend". Una hablaba de la fugacidad, otra de la resistencia. Dos crónicas del naufragio de nuestro tiempo, dos películas necesarias que devuelven al cine su condición de guía y que hoy encuentran continuidad en su edad madura con "Love is Strange"

¿De qué va?

Dos neyorkinos gays, uno entrado en los 70 y otro avanzando a los 60, deciden contraer matrimonio tras 38 años de relación. Una alegría inmensa a la que aguarda el drama que conlleva perder el trabajo y verse obligado a vender la casa en la que has compartido vivienda en los últimos 20 años. 

¿Quién está detrás?

El director de "Keep the Lights on". 

¿Quién sale?

Una pareja persuasivamente estimable. Ellos son Alfred Molina y atención, nuestro venerado y añorado John Lithgow. De ellos afirma su propio director que "he dado con dos actores cuyos mejores trabajos nos los han brindado interpretando personajes gays". De ella, que "es una película verdaderamente dulce". Tanto lo uno, como lo otro, confirmado queda. Y ponemos a Marisa Tomei por testigo. Por si alguien lo dudaba.

¿Qué es?

El mejor follow-up posible que podría tener "Keep the Lights on"

¿Qué ofrece?

Los pétalos brotan, desaparecen las espinas. De la emotiva fugacidad de Andrew Haigh, a la estoica resitencia de Ira Sachs. Ambos unidos por la abrumadora naturalidad de sus protagonistas, por la incontestable capacidad de trasladarnos una relación rebosante de espontaneidad y trasladable a cualquiera de las historias amorosas que todos nosotros hayamos podido tener, cualquiera que sea nuestra condición sexual. En este caso es turno de John Lithgow y Alfred Molina. No había mejor elección posible para robarnos el corazón con una hermosa observación del amor que respira veracidad por todos y cada uno de sus poros. "Love is strange" vuelve a hablarnos de la resistencia del amor devoto, pero a diferencia de "Keep the lights on", es una mirada que coquetea con la comedia romántica sientiéndose divertida, sensible, entrañable y ante todo, extremadamente exquisita. Y que nadie se equivoque, aquí también hay mucha carga dramática que sin embargo, se articula con afectuosa gracia. La que viven nuestro lord Alfred, y nuestro dear John, es una love story que se siente tan sofisticada y delicada, como fresca, profunda y definitivamente íntima. Menudo colocón de verdadero amor. Estamos tan poco habituados a verlo retratado con semejante honestidad en la gran pantalla, que hasta se nos hace raro, o mejor dicho, conmovedoramente extraño. Es lo que sinceramente nos revela Ira Sachs: "Love is Strange".

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