Crónica DocumentaMadrid 2015: Primera Toma
DocumentaMadrid 2015 ha llegado a su ecuador, momento que aprovecha filmin para darse un respiro y ofreceros la primera parte de su crónica. El cine de lo real deja al espectador exhausto. Es duro. Te atiza en la cara con un ladrillo para que permanezcas aturdido, casi sin capacidad de analizar demasiadas historias demoledoras. Multitud de relatos chocantes. Un empacho de realidad que consumimos con enorme placer. Había rumores de que este año la selección iba a ser exquisita. Confirmamos las sospechas sin sombra de duda.
CHANTE TON BAC D'ABORD:
La crisis golpea a Europa con fuerza. Lo hace sin miramientos, minando multitud de caminos vírgenes que la juventud debería transitar sin temor a salir volando por los aires. Boulougne-sur-Mer es una pequeña ciudad anclada en el norte de Francia severamente castigada por la recesión económica. Un lugar como tantos otros, donde millares de jóvenes viven con el corazón encogido por miedo a que sus sueños acaben naufragando en las costas que bañan la región. David André, director del documental, también vive consternado por una situación que parece no atisbar esperanza entre tanta negrura. Por eso mismo decidió retratar las vicisitudes que atraviesa un grupo de compañeros de instituto antes de examinarse de la selectividad. El paso previo a un devenir repleto de complicaciones, de inseguridades respecto a un futuro que jamás habían previsto tan enrevesado. Y algo tiene este film que lo diferencia del resto de documentales que se presentan en la Sección Oficial, pues la obra se atreve con el género musical en una mezcla inusitada, algo casi nunca visto dentro del género. “Me pareció interesante utilizar las canciones como herramientas para representar las relaciones entre padres e hijos”, explica un André sorprendido por la buena acogida que ya tuvo el film en su país natal.
Resulta sencillo sentirse plenamente identificado con los chicos que protagonizan el documental. A todos nos han asaltado las dudas cuando hemos tenido que volar solos. Cuando el terreno que pisamos es hostil y las decisiones que tomamos pueden acabar sellando nuestro futuro. Ante las puertas de la vida adulta nos empequeñecemos, porque tal y como reza un verso de Rimbaud, rescatado al final de la obra que nos ocupa, Nadie es serio a los 17 años. El realizador pasó varias semanas en un instituto hasta que halló a un grupo de amigos dispuesto a participar en el proyecto, aunque el padre de la criatura cuenta que no les propuso cantar desde el principio. Se le ocurrió la idea cuando ya llevaba unos meses trabajando con los chavales. Las melodías, compuestas por el mismo director y los muchachos, contribuyen a que el documental adopte un tono jovial, alejándose de la corriente pesimista que fácilmente podría haber arrastrado a "Chante ton Bac d’abord" hacia rincones ya explorados, recurrentes, donde la tristeza parece ser la única nota constante en medio de un paisaje desolador. Contando con un equipo extremadamente reducido y representando una temática que, a primera instancia, podría parecer harto conocida,"Chante ton Bac d’abord" inauguró el DocumentaMadrid contagiando al público de un tremendo júbilo. Lo hizo con descaro, apostando por un estilo innovador, con una factura técnica encomiable y haciendo que la concurrencia estallara en carcajadas en un momento en el que todos lo necesitamos.
LA ONCE
Un grupo de ancianas se reúne una vez al mes para tomar el té, una costumbre casi ancestral que han conservado a pesar del transcurso del tiempo. Han protegido ese hábito de la misma manera con la que han preservado su amistad. Los lazos entre amigos no se aflojan: se fortalecen. Se estrechan mientras los años provocan las inevitables arrugas de la vejez. Nada se puede hacer cuando la vida nos empuja hasta el ocaso de nuestra existencia. O tal vez sí. Tal vez no faltar a los encuentros con aquellos que queremos puede atenuar la amargura del final. Maite Alberdi, nieta de una de las protagonistas y creadora de este documental, tuvo la ocurrencia de plantar dos cámaras durante varias de estas reuniones para que las mujeres pudieran dar rienda suelta a sus conversaciones. Se trata de una mirada cercana y amable la que ofrece la realizadora, que dejó que las charlas fluyeran con total libertad para que el público fuera testigo de las anécdotas que colman el relato, el de unas mujeres acomodadas en la burguesía chilena que, con toneladas de experiencia sobre sus espaldas, hablan sobre los senderos que han recorrido. Uno visualiza el documental y no puede reprimir una sonrisa nostálgica que se perpetua a lo largo del film. Una idea nacida desde la más absoluta humildad, impulsada con el único ánimo de presentarnos las decisiones que tomaron en su juventud, sus ideales sobre el matrimonio y los reproches amistosos que se prodigan desde la confianza. Rodaron lágrimas en la sala y se desataron estruendosas risotadas durante todo el metraje.
Estamos ante un documental que entiende la charla como el desencadenante de toda acción, que concibe el diálogo como único motor narrativo. No tiene un rumbo fijo la historia, que avanza gracias a la espontaneidad del intercambio de palabras. Los planos cerrados contribuyen a que el espectador se sienta partícipe de unas reuniones que se celebran casi como un ritual. “Desde que mi abuela no pudo venir a la presentación de mi primer cortometraje porque había quedado con sus amigas para tomar el té, siempre sentí curiosidad hacia lo que acontecía en esas reuniones”, asegura una risueña Maite Alberdi. Una obra que merece todos los elogios. Un ejercicio construido desde la sencillez y culminado en forma de homenaje.
OF MEN AND WAR
Jamás un documental había tratado las secuelas de un conflicto armado con tanta crudeza, ignorando los edulcorantes. No sirve de nada adornar el drama para llegar hasta el fondo de la verdad. Quedarse en la superficie temiendo sumergirse es como cerrar los ojos ante una realidad que sabemos que está ahí, alejada de nuestra confortable cotidianidad. Para eso existe el documental, para instalarnos en territorios incómodos, para obligarnos a ser conscientes de las atrocidades que padecen algunos. Para que no olvidemos. Laurent Bécue-Renard nos invita a pasar 140 minutos entre los muros de una residencia de veteranos, para que así podamos conocer de primera mano la tragedia psicológica de unos ex combatientes norteamericanos que participaron en la guerra de Iraq. Nos adentramos en las pesadillas de aquellos cuyos amigos murieron entre sus brazos. Nos zambullimos de lleno en los traumas de los pocos que pudieron regresar, aunque sus mentes sigan atrapadas en las arenas del desierto. Todavía siguen silbando las balas para los que tuvieron suerte. Han arrastrado la guerra consigo hasta que el mismo conflicto los ha abandonado a su suerte. Pensaban que volver a casa significaría reencontrarse con la vida que llevaban antes de apretar el gatillo, antes de que estuviera en su mano decidir quién muere y quién vive. La cámara de Bécue-Renard es testigo de las sesiones de terapia de unos soldados de ojos encharcados que no consiguen escapar del conflicto. Se le ponen a uno los pelos de punta al contemplar cómo el ser humano es víctima de sus propios crímenes.
"Of men and war" nos sitúa delante de unos hombres apartados de sus familias y amigos por culpa de su conducta agresiva. Descubrimos que detrás de su mirada perdida se esconde un espíritu quebradizo que sueña con despojarse de una ansiedad que los sacude hasta la demencia, que prácticamente no les da tregua a pesar de haber vuelto al anhelado hogar tras haber pasado noches enteras durmiendo al raso. Largos años estuvo Bécue-Renard conviviendo con unos hombres que desean reinsertarse en la sociedad por encima de cualquier cosa. Un documental preñado de confesiones sobrecogedoras. Un relato que adquiere un tono antibelicista desde sus inicios, que escudriña en la neurosis de los que, por momentos, parece que no pueden estar en otro sitio que no sea en el frente.