15 claves que quizás no conozcas sobre "La noche de los muertos vivientes"

Fuente: Manel Carrasco

15 claves que quizás no conozcas sobre "La noche de los muertos vivientes"

¡Ah, el campo! Los prados… las flores… los abejorros… tu vecino el zombi y sus andares de pato mareado…En el campo se respira bien, se come bien y se vive bien. Nada parece perturbar su bucólico estatismo, su aroma de tiempo suspendido, su trigal dorado a la hora del Ángelus, ni tan siquiera un ejército de no muertos acercándose por el sendero a toda velocidad (es un decir) con aviesas intenciones. “Seguro que vienen a tomar el té” –diremos. “Míralos qué majos, qué sanotes, cómo se nota que el aire libre les sienta de maravilla”.

Y algo de razón tendremos, porque si hay algo que George A. Romero (padre del zombi moderno y mejor persona) sabe perfectamente es que para clavar un peliculón sólo necesitamos modificar el más famoso mandamiento de Charles Chaplin: una buena historia se basta y se sobra con unos protagonistas asustados, una niñita adorable, una casa en el campo y una legión de cadáveres andantes. Y a rodar.



Romero se lía la manta a la cabeza y compone uno de los relatos de terror más contundentes que ha pergeñado el séptimo arte. Desde los márgenes del sistema de estudios, este novato de la dirección se arma de una perfecta combinación de talento y entusiasmo y libra su guerra particular para hacerse un sitio en la profesión. Y lo hace sin claudicar ni ceder casi un ápice al moralismo imperante. Romero supera las trabas de un presupuesto paupérrimo a base de imaginación y arrestos y, ya de paso, redefine el concepto del zombi hasta convertirlo en el último y más popular terror contemporáneo.Y todo ello en 96 minutos de infarto ambientados en un escenario atípico, el campo, al margen de “el mundanal ruido” del que hablaba Fray Luís de León. Claro que probablemente Fray Luis tendría otra opinión del tema si se hubiera o hubiese visto acechado por hordas de aborregados y muy pelmazos zombis desviviéndose por devorar su particularmente preclaro cerebro. Que las cosas, al final, son del cristal con que se miran y ya se sabe que el campo es bonito, pero está lleno de bichos.

1-¿Y si hacemos una película?:

George A. Romero (padre cubano, madre lituana) se aburre. Tras graduarse en la Universidad, este joven inquieto ha montado una productora con sus amigos John Russo y Russell Streiner, con la que mata las horas (y el hambre) rodando publicidad. Pero el caso es que está harto. Mucho. Salta a la vista que tiene que buscarse objetivos más estimulantes: alicatar el baño, hacer el Partenón con palillos, o rodar una película de terror con cuatro duros. En un inesperado giro de los acontecimientos, Romero escoge la tercera opción y,acompañado de sus socios, contacta con Karl Hardman, propietario de una pequeña empresa. Juntos fundan la compañía Image Ten y empiezan a trabajar en el guion de una película de terror inspirada en la novela "Soy leyenda" de Richard Matheson, solo que en su versión los vampiros que acechan al protagonista han sido sustituidos por muertos vivientes. Sin el respaldo de una major hollywoodiense la naciente productora apenas logra reunir 114.000 dólares, una cantidad insuficiente que, sin embargo, no desanima a Romero. Por delante quedan nueve meses de rodaje con un equipo reducido en la que todo el mundo arrima el hombro. Los participantes en "La noche de los muertos vivientes" (1968) siempre recordarán el buen ambiente que se formó durante la realización de la película.

2-El zombi de toda la vida:

Ni cadáveres al dente de descomposición, ni infectados que corren que se las pelan y gruñen mucho, ni alienados por esporas extraterrestres que te quieren convencer de que si te unes a ellos te lo pasarás en grande. Antes de Romero y de su película los zombis eran criaturas del vudú haitiano, muertos que volvían a la vida mediante un ritual para servir de marionetas a un hounganbokor, un hechicero con malas intenciones. Los primeros documentos que hablan de ellos se remontan a finales del siglo XVII, y en su origen podemos encontrar la influencia del fenómeno de la esclavitud en aquellas tierras y una mezcla de tradiciones del África central. Normalmente se distinguían entre los que eran una “alma sin cuerpo” (incorpóreos) y los que era un “cuerpo sin alma” (corpóreos) pero en cualquier caso su voluntad estaba sometida a la de sus amos. Curiosamente, un zombi podía volver a la vida si tragaba un poco de sal. Y no comían carne humana. El canibalismo que les conocemos hoy en día es una licencia de la película de Romero.

3-Nuestros amigos los no muertos:

Aquí arrima el hombro hasta el canario. Russell Streiner, en el papel del hermano de Barbara, tiene el honor de ser el primer escabechado por los zombis. Karl Hardman empieza invirtiendo 300 dólares en el proyecto y acaba interpretando a Harry Cooper. Hardman es un todoterreno que tan pronto te vale para un roto como para un descosido. A lo largo del rodaje sus funciones se extienden a las de maquillador, foto fija e ingeniero de efectos de sonido. De hecho su hija en la película, la pequeña Kyra Schon, lo es también en la vida real. John A. Russo, el guionista, es el único valiente que se presenta voluntario para que le prendan fuego (el sueño de muchos productores). También interpreta al zombi al que Ben aplasta la cabeza con una llanta. S. William Hinzman, otro de los que aportan 300 dólares, también aparece como un no muerto. Marilyn Eastman, que interpreta a la señora Cooper, es la coproductora de la película. Otro inversor resulta ser un carnicero, ¿adivináis de dónde sale toda la casquería que se usa para los efectos especiales?



4-La noche de...:

Romero baraja diferentes títulos para su Opera prima: “Night of the Flesh Eaters” es una de las primeras opciones, porque en la idea original la infección procedía de unas bacterias alienígenas. Al ser éstas sustituidas por muertos vivientes cobra fuerza “Night of Anubis”, en referencia al dios de la Necrópolis egipcia y de la momificación, encargado de guiar a los difuntos a su morada. Pero el director teme que el público norteamericano no entienda la referencia y desecha la opción. Al final, antes de decidirse por "La noche de los muertos vivientes", la película se conoce simplemente como “Monster Flick”.

5-La casa:

Al equipo de Romero se le aparece la virgen: en su búsqueda de una localización adecuada dan con una casita en el campo, perfecta para lo que necesitan. Pese a que se encuentra en buen estado el propietario está a punto de derruirla y le trae sin cuidado lo que se haga con ella. Así que adelante, el equipo tiene carta blanca para ocasionar todos los desperfectos que requiera. El único “pero” que se podría poner es que la casa no tiene sótano, pero nada que no pueda solucionarse: el sótano del estudio de edición dará el pego perfectamente.

6-Duane Jones

A menudo se considera que la elección de un actor negro para un papel protagónico (el primero en una película de terror) delata el mensaje antirracista de la película de Romero. Pues no. En palabras del propio director, Duane Jones se hace con el personaje de Ben simplemente porque es el mejor candidato posible. De hecho, en el guion original Ben es un camionero malhablado del que no se especifica el color de la piel, pero tras completar el cásting el papel se reescribe para adecuarlo al carácter culto y sobrio de Jones. Lo que el actor no logra es que Romero matice el tono áspero e incluso cruel que Ben exhibe bajo presión.



En una época de tensiones raciales, entre los asesinatos de Malcolm X y de Martin Luther King, Jones teme que su personaje dé una mala imagen a su comunidad, pero el director se muestra inflexible y Ben se queda como lo conocemos. Con el paso de los años, Romero lamentará no haber hecho más caso a su protagonista. Jones trabaja en un par de películas de terror más, totalmente olvidadas, y regresa a su puesto como profesor de inglés y teatro en la Universidad Estatal de Nueva York. La segregación racial, que él conoce mejor de lo que querría, y el racismo que la nutre, lo convierten en un ser atormentado que nunca se recuperará del todo de los conflictos que presencia en los 60. Un día, tras conseguir el cargo de jefe del departamento de teatro de la Universidad, se encuentra tomando un café con sus alumnos en Long Island. De repente, en la televisión del bar empiezan a sonar voces familiares de su pasado. Sus estudiantes fijan la mirada en la pantalla, pasmados al descubrir a su profesor 15 años más joven, protagonizando "La noche de los muertos vivientes". Jones nunca habla de la película, ni de su carrera cinematográfica en general. De hecho, no llega a ver ninguna otra entrega de la saga de zombis de Romero. Duane Jones muere de un ataque al corazón a los 52 años.



7-Barbara

Romero y John A. Russo, el guionista, trabajan con la idea de hacer de Barbara el personaje fuerte que lleve las riendas del grupo. Pero en los ensayos la posibilidad de convertir a Judith O’Dea en una asustada joven en shock convence al equipo. Su papel se reescribe y algunas de sus características pasan al personaje de Ben. En el remake de "La noche de los muertos vivientes" (1990) el protagonismo regresa a Barbara.

8-Esa palabra que empieza con “Z”

Todos sabemos de lo que estamos hablando, pero nadie en la película usa la palabra “zombi”. Jamás. Los sufridos protagonistas buscan un nombre para la amenaza que los tiene sitiados, pero lo cierto es que ni tan siquiera Romero los concibe pensando en zombis por la relación del término con la religión vudú. 35 años más tarde Edgar Wright y Simon Pegg se marcan un homenaje en "Zombies party" (2004) cuando el personaje de Shaun, ante el apocalipsis en ciernes, recrimina a su mejor amigo que utilice como si nada “the Z word”.



9-Al paso de Karloff

Para dar más salsa a su caracterización de zombi, S. William Hinzman toma como referente la manera de moverse de Boris Karloff en una película de terror de la que, años más tarde, no recordará el título. Lo más probable es que se trate de "Los muertos andan" (1936), pero vayan ustedes a saber. En cualquier caso, Hinzman no puede imaginarse ni por un instante la que va a armar: el andar lento, vacilante y algo torpe de su personaje se convertirá durante muchos años en una de las señas de identidad de todo no muerto que presuma de pedigrí.

10-Sangre, chocolate y jamón asado

A ver, que si hay que masticar carne humana y pringarse de sangre, pues se hace. Pero un plan B también sería de agradecer, digo yo. La carne que arrancan a nuestros sufridos protagonistas es en realidad jamón asado. La sangre, por otra parte, se consigue con sirope de chocolate. Así pues, jamón bañado en chocolate, una curiosa mezcla que provoca náuseas entre los figurantes zombis. Quizá el plan A no era tan mala idea.

11-Placaje zombi

Gary Streiner, el hermano de Russell (la familia, una vez más), se encarga de supervisar la escena en la que Duane Jones prende fuego a la silla. El problema es que las llamas rozan accidentalmente la manga de Streiner y la encienden. El fuego se extiende por la ropa del asustado joven, que echa a correr presa del pánico. En un giro delirante, S. William Hinzman, maquillado como un no muerto, intercepta a Streiner, lo tira al suelo y apaga el incendio. Todo queda en un susto.

12-George el “mariposicida”

Romero no se anda con mandangas. Aunque en el rodaje es un pedazo de pan, si hay que ponerse duro, se pone. En un momento dado sus actores deben enfrentarse a una escena particularmente perturbadora que les supone un sobreesfuerzo. Para ponerlos en situación, el bueno de George coge una mariposa, la muestra a su reparto, y la destroza con saña. Consternados, cariacontecidos, un poco incómodos, es exactamente el estado en el que los quiere Romero. Objetivo cumplido. Motor, cámara, acción.

13-¿Qué demonios ha sido eso?

Los distribuidores de "La noche de los muertos vivientes" no destacan por ser el colmo de las buenas maneras. La película que tienen entre manos no deja de ser un oscuro producto de bajo coste que un atajo de pipiolos ha llevado a cabo con lo que tenían a mano. Con esta mentalidad, los muy animales no tienen miramientos a la hora de acortar una escena de los Cooper en el sótano que les parece demasiado larga. Por eso sobre el minuto 52 de metraje podemos ver al padre con el rostro vuelto hacia la cámara y, justo después, sin cambiar de plano, aparece mirando en otra dirección. Simplemente cortaron seis minutos por donde les dio la gana. Hay que ser brutos.

14-Dichoso copyright

Hasta 1989 las películas norteamericanas que no solicitan una declaración de derechos de autor no logran el copyright y pasan a ser de dominio público. Romero se encarga de hacer los trámites cuando la película aún se llama “Night of the Flesh Eaters”, pero al cambiar el título hay que repetir la gestión. Y es entonces cuando se masca la tragedia: la distribuidora Walter Reade Organization, haciendo gala de una incompetencia de manual, no emite la segunda declaracióny la película pierde el copyright. Nadie del equipo percibe ni un miserable royalty por su trabajo. Una desagradable novatada, pero no la única…



15-Terror en el drive-in

Nadie en el equipo de Romero tiene mucha idea de cómo funciona el mundo del cine. Los distribuidores, en cambio, se las saben todas. Solo así se explica que se lleven al bolsillo la práctica totalidad de las ganancias de la distribución de la película. Al final, el equipo de rodaje no verá casi ni un céntimo de todo lo que les hubiera pertocado. El dato es especialmente sangrante si tenemos en cuenta que "La noche de los muertos vivientes" fue uno de los últimos exitazos de los drive-in, aquellas salas al aire libre en las que veáis las películas dentro del coche. El estreno fue un bombazo también entre los medios de comunicación, al amasar una gran cantidad de críticas por los altos niveles de violencia gráfica con la que un Romero sin complejos deleita a los espectadores. Eso sí, incluso los críticos más reticentes tuvieron que reconocer que la película era un auténtico descubrimiento. No tenían ni idea del auténtico fenómeno de masas que vendría a continuación. Y lo que nos queda.

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