10 razones par ver…"Whitechapel"

Fuente: Joan Ramis Boscana

No faltamos a nuestra cita semanal con BBC. Como cada martes, estrenamos una nueva serie de la prestigiosa cadena británica, o en este caso, la cuarta y última temporada de uno de sus dramas criminales más aclamados, "Whitechapel". Las lúgubres calles que vieron los crímenes de Jack el destripador o de los Gemelos Kray se preparan para una nueva ola de copycat killers que recuperarán crímenes del pasado para sembrar el horror en el presente. Brujas, canibales y despellejadores vuelven a agolparse en las puertas del infierno y Joan Ramis Boscana nos cuenta 10 razones por las cuales no debemos perdérnosla. 

Merodea por un distrito de Londres la presencia del mal. Acechando en cada esquina, agazapada para asaltar a cualquier alma cándida para realizar el más macabro de los actos: llevarse por delante una vida inocente por el simple placer de asesinar. Apenas una silueta difuminada entre callejones sombríos, camuflada entre la neblina que amortaja la capital británica y que actúa como cómplice de los dementes, de aquellos que buscan venganza o notoriedad. Uno no puede pasear tranquilo por los barrios londinenses. Ya no. Cuando la noche es cerrada y los habitantes sellan sus puertas y ventanas para que no se cuele por sus resquicios el más mínimo atisbo de miedo, las calles permanecen desiertas.

Pobre de aquel que haga caso omiso a este improvisado toque de queda, pues el sonido de sus propios pasos sobre los adoquines producirá un eco sospechoso. Sudor frío. Escalofríos que erizan la piel y cortan la respiración. Nunca se está seguro en "Whitechapel".

Pero la policía siempre está ahí para esclarecer misterios. Los sabuesos olfatean los hilillos de sangre para acabar observando, con estupor, cómo se forman los charcos bajo los cadáveres. El mal ha regresado. Esta producción de Carnival Films y emitida por ITV provocó todo un éxito inusitado de telespectadores en el Reino Unido. filmin pone a disposición de su público las tres primeras temporadas de la serie, para hacer las delicias de los seguidores del género policiaco. ¿Existen diez razones para ver "Whitechapel"? Pasen y vean.

1. Asesinatos perpetrados por copycats: Parecerá plato de mal gusto remarcar como punto a favor de la serie que, durante las dos primeras temporadas, la policía siga el rastro de una serie de asesinos que se dedican a imitar a sus famosos predecesores, pero para los freaks más enfermizos del género, tal vez este elemento podría generar cierta atracción hacia la ficción que nos ocupa. Nos sumergimos de esta manera en las mentes enajenadas de algunos criminales que se dedican a propagar el terror por el barrio de Whitechapel, tal y como ya hicieron en tiempos pretéritos aquellos que ahora inspiran sus barbaries. Los homicidas que traen de cabeza a los agentes de la ley no hacen sino reproducir las mismas tácticas de populares asesinos que, en otra época, diezmaron la moral de la ciudadanía británica. Emulan sus modus operandi, corrigen posibles errores que se pudieron cometer en el pasado, mejoran sus procedimientos y causan crímenes atroces entre la población. Deciden desempolvar oscuras noticias de tiempos infaustos para resucitar a los serial killers reales más temidos de la historia. Los vecinos de Whitechapel quisieron olvidar tamaña calamidad, pero esa tarea habrá resultado en vano; han vuelto y parece que están decididos a quedarse.

2. Jack el Destripador ha regresado: Cinco prostitutas fueron asesinadas en 1888 y el autor de los crímenes se marchó de rositas. Así empezó a gestarse uno de los mitos más siniestros de la época Victoriana del Reino Unido, el de Jack el Destripador. Whitechapel fue el escenario donde las víctimas canónicas del desconocido asesino perdieron la vida de la forma más despiadada. ¿Pero qué ocurriría si la historia resultase reincidente? ¿Qué sucedería si, en la actualidad, un desalmado cuya aspiración en la vida es la de embutirse en la piel de Jack el Destripador diera muerte a más mujeres inocentes? Como una pesadilla reiterativa se presenta la primera temporada de Whitechapel. Como un mal sueño del que uno despierta agitado y sudoroso, donde un desagradable recuerdo del pasado hace acto de presencia. Pero la confirmación de que los hechos acaban repitiéndose convierte la pesadilla en una realidad demasiado demencial. El cuerpo de policía puede aprovechar la oportunidad para redimirse, pues si no se pudo capturar al Jack original, tal vez podrán atrapar a su imitador.

3. Los gemelos Kray vuelven a las andadas: Cuando los habitantes de la City escucharon la sentencia del juez en 1969, por fin pudieron respirar tranquilos. Casi pudo escucharse una bocanada de alivio generalizada por toda la metrópoli cuando la expresión “cadena perpetua” salió de los labios del togado, garantizando la conclusión de una década de horror en la que los despóticos gemelos Kray gobernaron en el este de Londres, con mano de hierro. La extorsión y el asesinato fueron su lema, y así fueron escalando posiciones en el mundo del hampa. Pero como casi todo gánster que se precie, acabaron siendo detenidos y puestos entre rejas. Típica culminación de una carrera fulgurante, construida a base de altas dosis de violencia y contrabando. Pero en Whitechapel, el reinado de los gemelos Kray tiene a dos legítimos herederos, y en su trono sentarán sus posaderas para volver a sembrar el pánico en la ciudad. Las calles volverán a teñirse de rojo, aunque la policía tratará de impedir otro ascenso al poder que sometería a la ciudad bajo el yugo tiránico de dos descendientes de tal dinastía. Si la estirpe de los Kray se creía extinguida, la segunda temporada de la serie nos demuestra que estábamos todos equivocados.

4. La leyenda del hombre del saco cobra vida: Si hasta ahora nos habíamos referido a algunos criminales de enorme resonancia mediática, cuyo salvajismo podemos hallar entre las páginas amarillentas de viejos periódicos y hurgando en la sabiduría popular, aparece en la tercera temporada un personaje impropio del género policiaco. Estamos hablando del hombre del saco, y seguramente alguien no habrá podido contener una risilla al leer semejante disparate. Pero no subestimemos a esta figura surgida del folclore infantil –creada para que los niños no se demoren al regresar a sus hogares- ya que también es capaz de tener cabida en el enloquecido universo de Whitechapel. Aunque las diferencias entre aquel hombre del saco destinado a asustar a los chiquillos y el que vaga por los lúgubres suburbios del distrito británico se antojan abismales. La imagen que se le confiere en esta ficción es la de un personaje escalofriante, el cual oculta su rostro detrás de una máscara oscura de rasgos imprecisos, enfundado en un disfraz que no solamente amedrentaría a los más pequeños, sino también a los más escépticos. Una nueva versión de la leyenda que pone otra nota espeluznante a una serie que no se cansa de echar mano de los mitos más célebres para inundar sus relatos.

5. El inspector jefe Joseph Chandler dirige la operación: Manejar el timón de una investigación tan escabrosa como la de los asesinatos de Whitechapel requiere de una mano firme, una mente clara y años de experiencia sobre las espaldas. Pues bien, el inspector jefe encargado de sujetar la antorcha en un mundo tan atestado de tinieblas carece de todos esos atributos. Joseph Chandler es un hombre con un pasado atormentado, repleto de trastornos obsesivos compulsivos que ponen de manifiesto una conducta que, en ocasiones, roza la locura. Su juventud y su ambición lo señalan como alguien que ha sabido ganarse los favores de las altas esferas. Un joven policía que ha sabido escoger los mejores asideros para trepar en el cuerpo hasta que le han plantado ante sus narices su primer caso importante, momento en el que deberá demostrar su valía y su clarividencia. Pero sus manías lo delatan como alguien que parece más preocupado por el aspecto impoluto de sus camisas que por la resolución de los casos que dirige. El orden en su despacho es vital para que pueda concentrarse en sus averiguaciones; todo debe de estar en su sitio. Como si la más mínima alteración de la disposición de su mobiliario propiciase un auténtico caos en su propio ordenamiento psicológico. Para más inri, vislumbrar una sonrisa en su rostro acaba siendo tan complicado como hallar a Jack el Destripador. Falto de rasgos humanos que le permitan empatizar con el público, el inspector jefe Chandler –encarnado por Rupert Penry-Jones- se enfrentará al reto más importante de su carrera, que no es el de dar caza a los malos; se trata de caer bien a los suyos.

6. El veterano sargento Miles: El actor Philip Davis – ganador de un BAFTA en el año 2004 por Vera Drake – se presenta ante el público como la mano derecha del inspector jefe Chandler. Todo capitán necesita de un segundo de a bordo en quien poder confiar y delegar, pero cuando los caracteres chocan, cuando las maneras de proceder son contrapuestas, la embarcación empieza a zozobrar nada más salir del puerto. Y eso es lo que ocurre con el sargento Miles. De maneras rudas y directas, este curtido policía se deja guiar por sus propia experiencia para dilucidar los casos que se le ponen delante. Atesora una intuición que utiliza como su herramienta de trabajo más preciada. Su instinto le permite ir siempre un paso más allá, y a pesar de que se muestre reacio a la hora de emplear métodos novedosos – pues se encuentra anclado en tácticas un tanto anticuadas – se erige como una figura indispensable dentro de su equipo. Un líder en la sombra, alguien a quien sus subordinados seguirán sin pestañear.

7. Un erudito sobre crímenes de Whitechapel: La policía, desesperada, juega a una contrarreloj constante con un desenlace que se dibuja como trágico si no consigue salvar a las víctimas de su fatal destino. Desgraciadamente, en numerosas ocasiones los pasos que siguen los agentes los conducen hasta un callejón sin salida, adornado con algún cadáver desangrado que lleva la firma del asesino. Es entonces cuando el hallazgo de una persona instruida en la historia de tales casos como Edward Bunchan – una verdadera autoridad en materia de conocimientos sobre los crímenes de Whitechapel- se convierte en una tabla de salvación de precio incalculable. Bunchan actúa como el resorte necesario para desatascar a la policía cuando ésta se encuentra atrapada en los embrollos que crean las retorcidas mentes de los criminales. Este guía turístico se gana la vida de una manera un tanto extraña, pues invita a los más curiosos a un recorrido por los puntos donde Jack el Destripador dejó los cuerpos de sus víctimas. Pero cuando entra en contacto con la policía, se transforma en un punto de apoyo privilegiado para el equipo de Joseph Chandler. Con una erudición enciclopédica sobre los hechos más funestos de Whitechapel, Bunchan vive por y para su trabajo. Un tipo por el que policías y detectives matarían por tener a su lado para despejar los juicios más nublados.

8. Trío pintoresco de detectives: Lo hemos dicho en anteriores artículos y lo repetiremos en este: los tríos funcionan. Disponer de tres personalidades totalmente dispares en una misma historia y que sean ellas las que orientan el relato acaba siendo un motor de arranque ideal. Encaja a la perfección. Por una especie de magnetismo inexplicable, la función que desempeña el triángulo en toda ficción constituye un atractivo narrativo de éxito asegurado. Y en Whitechapel, toda la narración se vertebra a partir de ese trío detectivesco que conforman los personajes Chandler-Miles-Bunchan. Chandler irrumpe en su nueva oficina como el jefe recién llegado ante el que el resto del equipo debe inclinarse, pero las escasas reverencias que le dedican son forzadas. El nuevo inspector jefe se topa con un grupo de policías a la vieja usanza. Mal hablados, de aspecto desgarbado y con aire holgazán. Son aquellos que no disimulan sus eructos tras un largo trago de cerveza; los que se esmeran en patear las calles de Whitechapel en busca de criminales para después forzarlos a confesar a las malas. Un equipo díscolo que solamente obedecerá a su sargento: Miles. Policía enjuto y de mirada severa. Intransigente y gruñón, pero líder al fin y al cabo. La batalla entre Chandler y Miles por hacerse con el control de sus subordinados se adivina desde su primer encontronazo. El nuevo jefe desea un equipo disciplinado, pero sobre todo aseado. Una brigada de policías de corbata ceñida al cuello y pelo engominado. Miles no soporta tanta imposición de acicalamiento entre los suyos, y su cólera va en aumento cuando alguien que no forma parte del gremio de la policía – Edward Bunchan – empieza a colaborar con el cuerpo por orden de Chandler. Considera al guía turístico como un bicho raro, alguien que no debería estar vinculado con los quehaceres policiales, los cuales no son de su competencia. Pero cuando los tres reman en una misma dirección, por razones de la química que no alcanzamos entender, acaban siendo imparables.

9. Ritmo y duración: Capítulos de 50 minutos. Con un ritmo ligero, dinámico, de esos que hacen que el visionado de la serie pueda disfrutarse en un abrir y cerrar de ojos. El contenido de los episodios se distribuye con el compás que requiere el género policiaco: trepidante y exento de tramas densas. Se busca el entretenimiento, para que el gozo del público no sea vea mermado por culpa de temáticas que podrían anular el interés del telespectador. Durante la primera temporada, compuesta por tres partes, nos hallamos ante el descubrimiento de un nuevo caso que concluirá con una resolución – o fracaso – del mismo. La segunda entrega utiliza ese mismo esqueleto, por lo tanto, nos encontramos ante temporadas autoconclusivas, a pesar de que algunos casos puedan finalizar sin los grilletes ajustados en las muñecas del criminal. La tercera temporada es de duración más larga, ya que son seis los episodios que estructuran su desarrollo, con tres casos policiales que nos harán perder la cabeza. Los ingleses, siempre fieles a ese modelo de series más bien breves, tampoco traicionan su estilo con Whitechapel. Y es de agradecer.

10. Récord de audiencia en Reino Unido: No hay público más exigente que el británico, el cual demanda de sus ficciones autóctonas altas cuotas de calidad, en todos los aspectos que cubren una producción. Whitechapel cumple con todas esas expectativas con creces. Por eso mismo, la respuesta de la audiencia hacia el producto que elaboró Carnival Films fue el de un éxito absolutamente arrollador. Más de ocho millones de espectadores permanecieron clavados delante de su aparato de televisión embelesados por la factura de la serie durante su primera emisión. Y a lo largo de su primer año, acabó por proclamarse como una de las ficciones más vistas del panorama televisivo nacional. Cifras tan escandalosas deberían guiar a consumidores potenciales de la serie directamente a su mullido sofá. Acomódense, porque ocho millones de británicos lo probaron y después quisieron repetir.

Publica un comentario

unnamed

Sin comentarios