Ocaña retrato intermitente
Ocaña retrato intermitente
Ocaña retrato intermitente

Ocaña retrato intermitente

Ocaña retrat intermitent

Audio y subtítulos

Versión en Español

dirección

Ventura Pons

País

España

Año de producción

1978

Géneros

Clásicos, Drama

Estreno en cines

01/06/78

Recaudación

80.877,92 €

Espectadores

97 453

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IMDB

Sobre la película

Visión intimista del pintor andaluz José Pérez Ocaña, un personaje que marcó la vida de la Rambla y la plaza Real en la Barcelona de finales de los setenta. Ocaña es un retrato intermitente roto por la "provocación del recuerdo". Ocaña en su casa nos habla de su vida y al mismo tiempo, en intermitencias, vemos el mundo que emana de su subconsciente. Así, mediante la utilización del travestismo, se nos muestra el juego dramático, que parte del esperpento ibérico, cercano también a las modernas teorías del teatro de calle. Reconstruimos sus visiones sobre el culto de la muerte, el fetichismo de las imágenes religiosas... Y a estas intermitencias se añade su "descarga vital", su universo creador.

Dirección y reparto

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Después de leer el libro de Nazario "La vida cotidiana del dibujante underground" me quedé con las ganas de ver esta película. Me ha gustado ver con mis propios ojos como se veían las cosas de parte de este gran artista. No me ha defraudado en absoluto, he disfrutado muchísimo

06 octubre 2018 (Editado)

Asombroso, emocionante, enternecedor.Da que pensar y nos introduce en la cultura andaluza y lorquiana, sin ninguna pretensión erudita, sino absoluta e inocentemente popular. A tener en cuenta trágica y terrible muerte del personaje , en plena juventud, y a tener también en cuenta su fuerza artístíca como pintor actor y poeta.



13 octubre 2015 (Editado)

Un documental muy fresco, que sorprende al espectador actual y sirve como testimonio sociológico de una época muy interesante en la historia de España. Ocaña, en primera persona y con un estilo tan directo que resulta provocador, nos cuenta sus historias. La anécdota es el travestismo, pero encierra mucho más: el contraste del pueblo y la ciudad, la búsqueda de la libertad, la imaginería andaluza, la lucha política... Interesante y recomendable en estos tiempos tan 'light'.

23 julio 2015 (Editado)

Sorprendente documental de una época dificil narrado por el mismo protagonista de esta película, igual de sorprendente la forma de morir a los pocos años de rodar la misma, trágicamente, a la semana de haberse quemado accidentalmente con un peculiar traje en unos carnavales en el año 1983.

23 julio 2015 (Editado)
9.0

" En cuanto han existido unas condiciones mínimas para ello, el cine español nos ha sorprendido con una serie de insólitos documentales sobre personajes también más o menos insólitos. Las obras más sobresalientes de este género hasta hace muy poco vetado, forzosamente virgen, han sido El desencanto, de Jaime Chávarri, y Queridísimos verdugos, de Basilio Martín Patino. A ellas hay que añadir ahora este Ocaña, retrato intermitente, de Ventura Pons, que ha sido proyectado con gran éxito en la sección Un certain regard -dedicada al cine documental- del reciente Festival de Cannes. Ventura Pons pone su realización -directa, nítida, sin pretensiones- al servicio del personaje, este es su mayor acierto, permitirnos adentrarnos en la persona, los recuerdos y las palabras de José Pérez Ocaña, andaluz afincado en Barcelona, pintor de cuadros -por vocación- y de paredes -por obligación- y una de las más pintorescas figuras que se pasean a diario por las Ramblas. Ocaña se pasea travestido, pero no se considera un travestí; es homosexual, pero dice no haber oído esta palabra hasta hace poco; rehúye con justificada violencia etiquetas, definiciones, palabras en las que pueda -sin querer- verse encerrado, es un visionario, pero tiene los pies bien puestos en tierra; es un personaje chocante, incómodo, asimilable sólo porque todos lo somos, un ser abrumadoramente triste como todos los grandes cachondos, un artista intuitivo, un amateur del desmadre que no duda en autocalificarse como un numerero puro. Definición que no puede ser más acertada. En la pureza de Ocaña radica su carácter profundamente subversivo. Ocaña es un personaje difícilmente manipulable por unos y por otros. Ni es el cordero indefenso que algunos desearían ni su contestación es lo mínimamente ortodoxa que otros quisieran. Ocaña es un personaje rico, complejo, contradictorio. Que tan pronto critica a la CNT como hace una apología de la familia. Ocaña ama el ruido, el color, el rito, el folklore, la fiesta, las flores, los fetiches, Goya, Lorca, las vírgenes, los aquelarres, los cohetes... Ocaña ama Andalucía, que es para él "como un cuadro surrealista" y las bombas que hacen correr aterrorizadas a las burguesas gordas... Sus cuadros frecuentemente son de temática religiosa; sin embargo, no hay en ellos el menor asomo de intención sacrílega, son ingenuos como una estampa y alegres como un Chagall. Sus vírgenes, sus ángeles están pintados con piedad, con devoción. Ocaña es un fan enfebrecido de los hermanos Quintero, del flamenco, de las procesiones, para quien la provocación es uno de los mayores placeres; en resumen, lo que cierta nefasta ley calificaría como un perfecto peligroso social. Hay algo radicalmente sano en Ocaña: es un marginado vital y festivo que muestra, sin necesidad de recurrir a rollos doctrinales, cosas tan elementales -y tan fundamentales- como que un homosexual es un señor tan sano como cualquier otro. Ventura Pons lo ha entendido y ha hecho un filme nada llorón, tan arrogante como el personaje que retrata, un personaje que no es un bicho raro, ni una curiosidad expuesta en un escaparate, sino un ser absolutamente normal -con perdón- y decididamente entrañable. "

Fernando Trueba de El País

8.0

" Ocaña fue popular como figura de esta Rambla en fiesta permanente y como representación máxima de lo más imaginativo de la contracultura. Insisto en la significación liberalizadora del personaje, que, por otro lado, no fue exclusiva suya. Ni tampoco creo que fuese a beneficiarse de la moda del travestismo, a no ser que tomemos el término en su justa acepción italiana y barroca de disfraz. La diferencia me parece importante: el travestí fue revulsivo antes de convertirse en moda. Una vez incorporada su figura al comercio habitual de las revistas más o menos eróticas que nos invaden, se convirtió en un fenómeno todo lo más divertido. Cuando en cierta revista conté el número diez de transexual desnudo, que exhibía ostentosas tetas y rubicundo pene, para sorpresa de timoratos, entoné un justo réquiem por los antiguos mitos. Decididamente, la nostalgia del andrógino ideal pierde puntos cuando se la encuentra colgada semanalmente en un quiosco. "

Terenci Moix de Web oficial