6,9

La felicidad de los perros

· 79min.

Seleccionada en Márgenes y en el Festival de Gijón, una poderosa oda a los personajes anónimos que luchan contra la inmensa incertidumbre de la falta de oportunidades
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Sobre la película

Solo las grandes películas terminan en el vacío. "La felicidad de los perros" comienza anclada en lo cotidiano, en la vida de un padre de familia que pasa el día buscando trabajo tras el cierre de los astilleros a los que dedicó su vida, para terminar partiendo hacia una búsqueda sin retorno. César no es más que otro de esos personajes anónimos que luchan contra la inmensa incertidumbre de la falta de oportunidades. Contagiada de esa austeridad, rodada en un amargo blanco y negro lleno de sentido, el filme de David Hernández encuentra, desde su lúcida sencillez, hablar de la España del presente sin renunciar a la travesía épica: el viaje de su protagonista en busca de una identidad propia. (Festival de Gijón).

César es un hombre en paro de 40 años. Está casado con Sara y tienen una hija de dos años. Ya hace tiempo que Sara es quien mantiene económicamente la familia con su sueldo de peluquera y trata de apoyar a César para sacarlo de su rutinaria vida. Pero algo sucede en el interior de César que hace cambiar el rumbo de vida.

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Audio: Español

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Género:
Drama
País:
España

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Guion de esquema clásico: el "héroe" afronta un viaje de dolor y búsqueda movido por la desesperanza y el estatismo de su vida presente. Las etapas del viaje no están bien guionizadas, sintiéndose más un colage de escenas que una evolución interior del protagonista. Los secundarios se quedan más en comparsas accidentales que en oportunidades de desarrollo.

Por otro lado, el drama de su motor narrativo, y lo áspero de su tono (con un protagonista permanentemente enfadado consigo mismo y con el mundo), hacen que la fotografía en blanco y negro resulte redundante, en cuanto elemento de contenido, e inncesaria, en cuanto elemento de estilo.

Una película de contundente mensaje moral que, al convertirse casi en su único argumento, no se permite a sí misma una oportunidad de madurar. Con todo, sí es clara y directa, efectiva y contundente, en sus intenciones.

Retrato de un tiempo y una realidad molesta que camina en silencio. Sin azúcar. Me ha gustado, aunque es terrible su dureza. Un viaje lleno de poesía triste. Emana emociones en un blanco y negro bien trabajado. Las interpretaciones destacan por su sobriedad y credibilidad. Recomiendo probar su cortante sabor amargo lleno de humanidad.

(Editado)

Una pelicula sin artificios que, como los buenos poemas, encierra sensaciones escondidas entre los versos. La fotografia y el acompañamiento musical son una delicia. He investigado un poco al director y parece ser que esa es la marca personal del mismo. A diferencia de muchas peliculas contemporaneas, en las que la sobriedad se convierte en vacio, aqui, cada plano rezuma una belleza a veces serena, a veces sombria. Cada uno de los encuentros del protagonista merecerian un spin-off. El paisaje deberia constar como un personaje mas de la pelicula. Emociona de la forma que lo hace la musica de Philip Glass.

(Editado)
8

"Una película sombría, como lo es el ánimo de su orgulloso y lacónico protagonista [...] Soledades que se multiplican entre casas abandonadas, gasolineras de carretera, vagabundos borrachos, baños y cocinas sucias y unos fundidos en negro que filetean este viaje a un abismo otra vez demasiado cercano."

Elsa Fernández-Santos de El País

7

"David Hernández mira a Patino porque sus imágenes no necesitan adjetivos: son precariedad, hastío, cansancio. Una road movie en la que el regreso duele."

Javier Acevedo de Qué Veo En