Tom Hanks, exigencias del guión con diabetes
Forrest Gump, Andrew Beckett, Walt Disney, el vaquero Woody… Todos ellos personajes reales y ficticios que han tenido el honor de ser llevados al cine por Tom Hanks (California, 1956), el oscarizado actor estadounidense que tantas veces nos ha emocionado frente a la gran pantalla. El protagonista de “La Terminal” y “Capitán Phillips” domina el drama y la comedia a partes iguales, por eso es uno de los actores más valorados y queridos de Hollywood.
A finales de 2013, Hanks sorprendió al público con la noticia de su diabetes tipo 2 –la más común–, enfermedad con la que ahora convive, aunque los primeros síntomas empezaron a manifestarse cuando el actor tenía tan solo 36 años.
La diabetes, a la que también se han enfrentado actores como Marcello Mastroianni o Halle Berry, no suele alcanzar una gran repercusión en los medios de comunicación, y no porque quienes viven con ella no lo hayan reconocido. Tom Hanks lo hizo público durante una entrevista, donde apuntó a la posibilidad de que su enfermedad se debiera al frecuente aumento y pérdida de peso al que ha estado expuesto a lo largo de su carrera por exigencias del guión.
El actor ha protagonizado películas como “Philadelphia” (1993) o “Naúfrago” (2000), en las que tuvo que ajustarse a cambios físicos muy drásticos para ajustarse al perfil de los personajes que interpretaba. En el primer caso, Hanks tuvo que perder doce kilos para dar vida a Andrew Beckett, un joven abogado enfermo de VIH que le valió su primer Óscar. Casi una década después, durante el rodaje de “Naúfrago”, el actor tuvo que doblar sus esfuerzos. Para adaptarse al perfil de Chuck Noland, un empleado de FedEx con cierto sobrepeso, Hanks dedicó todo un año a ganar algunos kilos para luego perder veintidós. Todo con el fin de parecer un verdadero náufrago.
A pesar de las satisfacciones que ambas películas le brindaron –le convirtieron en uno de los actores más valorados de Hollywood–, Hanks ha asegurado que no volverá a aceptar un guión que implique riesgos para su salud. Una recomendación que también ha trasladado a sus compañeros de profesión.
Ganador de varios Globos de Oro, es uno de los actores –junto a Luise Rainer, Spencer Tracy y Katharine Hepburn– que han ganado dos premios Óscar consecutivos a la mejor actuación principal, y el único intérprete masculino que lo ha conseguido en la segunda mitad del siglo XX. Debutó en la película de terror “Sabe que estás sola”, en 1981. Pocos años después, participó en “Despedida de soltero”, una película de poco éxito que le sirvió para que Ron Howard le fichara para “1, 2, 3... Splash”. Posteriormente protagonizó varias comedias, como “Esta casa es una ruina” (1986) o “Big” (1988), entre otras.
No obstante, el éxito le llegó en 1993, cuando estrenó “Philadelphia” junto a Denzel Washington y ganó su primer Óscar. Un año más tarde interpretó a "Forrest Gump" y consiguió su segunda estatuilla al Mejor actor. A partir de entonces, llegaron “Apolo XIII” (1995) y “Salvar al soldado Ryan”, película por la que de nuevo fue nominado al Óscar y desafortunadamente no consiguió.
El nuevo milenio también le trajo grandes alegrías: “Náufrago” y “Atrápame si puedes” encantaron al público. Pero el paso más significativo del actor se produjo en 2011, cuando dirigió y protagonizó “Larry Crowne”, junto a Julia Roberts. Ese mismo año rodó “Tan fuerte, tan cerca”, la película que recomendamos para este mes. El film, conducido por Stephen Daldry, está basado en la novela homónima de Jonathan Safran Foer, y tiene como trasfondo los atentados terroristas del 11 de septiembre. Thomas Schell (Tom Hanks) fallece en el ataque a las Torres Gemelas. Tras su muerte, su hijo Oskar encuentra una llave que le pertenecía e intenta averiguar qué esconde detrás. Toda una aventura infantil nominada al Óscar a mejor película.
