"Nathalie X", notas de la directora Anne Fontaine
Había leído un guión de Philippe Blasband en el que exploraba la relación entre una mujer casada y una prostituta. Era una historia de venganza en la que tendían una trampa al marido de una de ellas, que tan solo aparecía al final. Lo que verdaderamente me fascinó fue que una mujer casada que contrata a una prostituta, sin intención alguna, se vea envuelta en una situación en la que tiene una relación sexual por poderes. Jacques Fieschi y yo partimos de esta idea para crear el personaje de Catherine, una mujer con éxito en la vida que descubre que su marido la está engañando. Este hecho la lleva a alquilar el cuerpo de otra mujer para así poder controlar la vida sexual de su marido. Lo que al principio nos motiva a menudo nos adentra en otras aventuras mucho más oscuras. Teníamos mucho material para poder crear y desarrollar una historia de crisis, deseo y suspense erótico.
- La crisis de la pareja al principio parece algo casi banal. Para el marido es una aventura sin consecuencias. Para la mujer es una iluminación que rompe su mundo en dos.
Quería empezar con una situación familiar cuyo impacto variara dependiendo de la etapa en la que cada uno se encuentre en la vida. Todo depende, y esa es la clave, de cómo descubre cada uno un acontecimiento como este. ¿Qué revela de nosotros mismos? Para esta pareja, aparentemente para el marido, como para la mayoría de los hombres, una aventura estando casado es algo completamente normal. Para su mujer, con una vida sexual prácticamente inactiva, esto despierta su deseo.
- “Pero quizás es inevitable – todo acaba con el tiempo, “ dice su marido Bernard.
No utiliza un tono agresivo ni rebelde. Es una observación objetiva que puede tener diferentes percepciones. Cuando se topan con esta realidad muchas mujeres se ponen histéricas, piden el divorcio o se encierran en si mismas negándolo. Catherine escoge otro camino e intenta redescubrir su sexualidad. Se adapta a este acontecimiento para así abrirse de nuevo al amor. Me intrigaba ver lo rápido que las complicaciones pueden surgir de las situaciones difíciles. Cuando los pensamientos íntimos están muy escondidos a menudo pueden provocar serias consecuencias.
- ¿Cómo querías presentar a cada uno de los personajes?
Quería que Catherine y Bernard tuvieran todavía un magnetismo especial. Algunas parejas con el paso de los años pueden caer en el aburrimiento pero estos dos estaban aún locamente enamorados. Era un problema, y puede resultar incluso cruel que aún estando enamorados Marlene se inmiscuya en su propia intimidad. Cuando se contrata a Marlene para interpretar su papel como chica de compañía de un bar ella se presenta como una mercenaria sin ningún tipo de escrúpulos. En su primera cita con Catherine solo la ve como una cliente, una mujer de otro mundo que la está utilizando para su propio juego. Sin prisa pero sin pausa, vamos descubriendo su complejidad y su debilidad. Cada personaje parece pertenecer a un prototipo – el marido, la mujer y la prostituta – pero cada uno de ellos sorprendentemente tiene varias caras.
- La manipulación es el tema de la película.
Es más una película fantástica. Cada persona vive en una mentira. Bernard tiene secretos, Catherine no dice la verdad a su marido, y Marlene se presenta como un personaje misterioso. No es solo un juego de manipulación – eso sería muy mecánico. Es más un viaje emocional que utiliza las palabras y la intimidad a través de esta mujer que trabaja con su cuerpo y por tanto es capaz, como la mayor parte de las prostitutas, de separar su sexualidad de sus emociones. Catherine está completamente cautivada con Marlene. Las prostitutas fascinan mucho más a las mujeres que a los hombres. Los hombres tan solo acuden a las prostitutas para satisfacer sus deseos más básicos.
- Hay una especie de atracción entre estas dos mujeres.
Es pura química, no una conexión psicológica. Es un encuentro hipnótico que ninguna de las dos puede controlar. Para Marlene es totalmente inimaginable acercarse a una mujer “normal” que le abre un mundo de sensaciones cada vez más fuertes. Es una especie de psiquiatría inversa – la persona que habla hace que el que está escuchando se sienta mejor. Al principio hay un acuerdo simple: una paga y la otra hace su trabajo, pero poco a poco ellas mismas rompen sus propias reglas. Hay un punto de crueldad en la forma en que cada una utiliza a la otra. Las dos están profundamente afectadas por este contacto humano único, y su relación se va enredando de manera esperanzadora.
- El esquema de Catherine se le escapa de las manos.
Cuando Catherine entra por primera vez al bar no está segura de lo que va a hacer así que improvisa. Ella no va allí buscando un encuentro sexual o una venganza. Está en un estado semi-consciente cuando contrata a Marlene y es después cuando la transforma en el personaje de Nathalie. Sin intención alguna hay una pizca de perversidad en las acciones de Catherine. Tenemos la sensación de que está inmersa en una gran pena.
- El publico también está manipulado. Tan pronto como se desecha todo lo engañoso de la historia, sutilmente otros van apareciendo.
Quería que los espectadores estuvieran continuamente cuestionándose o dudando o molestándose por las cosas que no podían comprender. Deberían estar andando por la cuerda floja, ansiosos por que todo se desmorone. Animamos al público para que saque sus propias hipótesis – quizás algunas aparezcan al final pero no creo que el suspense desaparezca.
- ¿Catherine vive su experiencia por poderes o por identificación?
Un poco de cada una. Sus sentimientos hacia Nathalie no son ni amor ni compasión. Quizá haya un elemento de homosexualidad pero ése no era el tema – quería que compartieran un erotismo mental indefinible. Sienten una atracción curiosa, casi una fusión. Se alimentan la una a la otra. Cada una de ellas tiene lo que la otra no tiene, por tanto es algo recíproco. Durante toda la película van entrando poco a poco en un estado tan intimo que las va haciendo iguales. El límite entre la puta y la señora casi desaparece.
- La relación con Nathalie es también una prueba de amor. Catherine le entrega a Bernard a Nathalie.
Esto es ambivalente. Podrías pensar de esta manera dependiendo de tu proyección dentro de la historia. Los hombres podrían encontrar estupendo que sus mujeres les hicieran este tipo de regalo. Pero por otro lado podrían ponerse furiosos porque esto muestra las cosas tan horribles que las mujeres pueden pensar de los hombres. Creo que inconscientemente el regalo de Catherine es también para ella misma. Según va progresando la situación, Catherine se planta para reclamar su propia pasión.
- Mientras Marlene cuenta sus encuentros eróticos, paradójicamente se convierten en una especie de iniciación para ella.
Es una chica de acción, no de palabras. Este cliente le hace traducir sus actos en palabras y a través de estas palabras va construyendo su identidad. Trabaja tanto como una verdadera actriz y eso la lleva a descubrir sentimientos que ella no sabía que existían.
- ¿Como cuando recuerda placeres que tuvo con Bernard?
Es como una ruptura con el protocolo de su profesión. Cuando estaba buscando información para hacer la película, conocí a muchas chicas que trabajaban en bares y que nos hablaron de la libertad que existe en las relaciones que las mujeres tienen entre ellas. Una mujer tiene una afinidad por otra que nunca podrá tener con un hombre. Marlene, encuentra una validación de si misma muy verdadera en su relación con Catherine.
- Hay otras interpretaciones, pero ¿no hay una especie de sacrificio que roza el masoquismo en las acciones de Catherine?
Sus palabras y sus acciones sugieren que sí, pero Catherine quiere saber la verdad. Siempre hay algo misterioso y desconocido con respecto a la persona con la que vives, incluso llegando a lo más íntimo nunca se cuenta todo. Hay algo casi monstruoso en la entidad que una pareja crea – no tiene nada que ver con el amor y mucho que ver con la idea de sofocar esa intimidad. Cada persona está siempre pendiente de defenderse y del espionaje recíproco. Para Catherine, esta es una manera de saber la verdad. Marlene le da la espalda a su gusto por la vida. El espíritu de Catherine está encendiéndose de nuevo y ve a su marido de manera diferente. Sin darse cuenta, su matrimonio se hace menos importante que su relación con Marlene.
- En la película es importante hablar del deseo sin que en realidad se vean los encuentros eróticos entre Bernard y Nathalie.
No me veo nunca haciendo una película con escenas de sexo. Eso es demasiado sencillo. Es mucho más emocionante, incluso un poco perverso, dejarlo para la imaginación. Ver la cara de Fanny, mientras las palabras muestran sus encuentros sexuales, es muy sugestivo. Tanto el lenguaje como la voz aportan un gran erotismo, de hecho, elegí a las dos actrices por sus voces. No utilizar el sexo de manera explicita era una de las grandes reglas de la película.
- La fantasía es una de las leyes fundamentales del cine.
Sí, porque la fantasía, al igual que el cine, puede ser cualquier cosa que quieras. El sexo en esta película es verbal y Catherine usa las palabras para construir sus propias fantasías. También quería hablar del sexo como algo mísero. Se espera que las mujeres de hoy en día se muestren liberadas y que los hombres les proporcionen todo lo que desean. Pero yo quería acabar con esta idea, con esta actitud políticamente correcta sobre el sexo. Es sobrecogedor ver como una mujer guapa como Catherine, que tiene todo lo que quiere, sufre porque ha perdido el contacto que tenía con su sexualidad. Y siempre aparece la tensión que surge de la soledad de los tres personajes principales.
- Nathalie no tiene buenas cartas pero se sale con la suya.
Hay un punto de crueldad en el hecho de que ella se convierta en un pelele tanto para Catherine como para la pareja, pero eso también es su oportunidad para hacer el papel con el que nunca hubiera soñado. Ellos le muestran un mundo diferente y por tanto ella surge como una persona totalmente diferente. Incluso al final, no puedes pensar en Marlene si no es con tristeza.
- Los tres personajes principales están buscando realizarse como personas.
Si. Con un hombre que busca mujeres libres de ataduras, con Marlene como una mujer carente de emociones amorosas y Catherine cuya sexualidad está dormida, me siento muy fuerte tratando este tema. También sentí que tenía que hablar de la complejidad de la sexualidad femenina de una forma oblicua de tal manera que pudiéramos ver todas sus permutaciones. La sexualidad está cambiando continuamente – la pasión desaparece pero el amor puede permanecer. No me puedo implicar en un tema si uno de los personajes no va a adentrarse en lo desconocido. Tanto desde el punto de vista humano como del existencialista, es muy molesto rodar cuando hay situaciones que uno no puede experimentar personalmente.
- ¿Qué elementos, con respecto a la dirección, introdujiste en la película?
Opté por la gran pantalla porque sentía que las caras y la belleza intrínseca de las dos mujeres la llenarían con una gran sensualidad. Sus caras reflejan más de lo que las palabras jamás conseguirían. Intenté evitar los movimientos de cámara. Al mantener una misma posición, las palabras pueden penetrar durante los monólogos sexuales y producir un efecto hipnótico. También quería que la luz potenciara la imagen de las dos actrices para así crear visualmente un deseo entre las dos mujeres.
- El color rojo impregna la película desde el escenario hasta la ropa – incluso aparece en el encendedor de Nathalie.
Para compensar la frigidez de sus vidas sexuales y personales, quise crear una atmósfera voluptuosa utilizando colores cálidos en los trajes y los decorados. El bar que creamos para la película era una síntesis de diferentes establecimientos que visitamos antes de empezar el rodaje. La ironía es que desde que se rodó la película muchos de estos establecimientos se han cerrado definitivamente.
- La música complementa la acción perfectamente.
En los clubes como en el que Nathalie trabaja, la música es un factor importante para inducir a los clientes eróticamente. La banda sonora por tanto debía añadir esto. Quería a Leonard Cohen, Natacha Atlas y otros músicos para mezclarlos con la música original de Michael Nyman para representar el interior del personaje de Fanny Ardant. Con respecto a Marlene, quería combinar algo ligero con trazos de melancolía.
Con cada actor utilicé una técnica diferente. Con Fanny Ardant trabajamos muchos los movimientos corporales incluso mucho antes de definir al personaje. Nos reuníamos antes del rodaje. Me encantaba su imaginación, su belleza, su melancolía. Pensaba que sería estupendo poder aportar esas mismas cualidades a la pantalla. Cuando empezamos a rodar se involucró tanto en la historia que se convirtió rápidamente en Catherine. Se había hecho con el personaje totalmente. Para el personaje de Nathalie me puse en la piel de mi heroína y busqué una mujer que le gustara a todo el mundo, incluso a mi marido, y que tuviera un cuerpo que irradiara sensualidad. Emmanuelle Béart era una elección puramente natural. Su voz ronca contrastaba con la belleza angelical de su cara y con su pureza innata. Cuando la conocí, descubrí que tenía la madurez que estaba buscando para Nathalie. Quería que su fuerte coraza escondiera un corazón frágil. Tenía que seducir sin ningún tipo de esfuerzo. Una chica como Nathalie no necesita las mismas armas con una mujer que las que necesita con un hombre. Siempre me sorprendía cuando veíamos las tomas por la presencia que adquiere en la pantalla.
- Gérard Depardieu pone los pelos de punta.
Depardieu es un actor existencial; tiene algo que otros actores no tienen. Aparece, nos ofrece la mirada adecuada y eso es suficiente. Como aparece menos, tiene que darle a su personaje poder suficiente para que esté siempre en la mente del espectador. Depardieu es el actor francés que nadie puede olvidar, con su presencia es más que suficiente. En esta película quería que mostrara su lado más frágil. Quería que fuera encantador, guapo y deseable. Cuando le conocí, me habló de manera muy inteligente del guión. Ha mantenido su juventud de manera increíble. Su presencia tiene mucha fuerza pero también tiene el aspecto de estar perdido de alguna manera.