"La mujer de la montaña" de armas tomar

Autor: Filmin

"La mujer de la montaña" de armas tomar

Su paso por el Festival de Sevilla la avaló con todo un Premio del Público que no hace más que confirmar que nos encontramos ante una de las grandes comedias europeas del año. Desde Islandia y con mucho amor, el director de "De caballos y hombres" nos trae con su segundo largometraje una comedia vitalista y ecologista cuya principal baza para enamorarnos es contar con uno de los personajes femeninos más maravillosamente escritos que veremos este año. Y nuestros compañeros de Avalon no podrían haberla estrenado en un día más señalado. La auténtica mujer maravilla no viste mallas de colores ni lanza rayos por los ojos, es una profesora de canto que se ha decidido a declararle la guerra la industria más contaminante. "La mujer de la montaña" ha llegado.

¿De qué va? 

A sus cincuenta años, Halla, profesora de canto, declara la guerra a la industria local del aluminio, que está contaminando su país. Para ello, toma todo tipo de riesgos con el fin de proteger el medio ambiente en Islandia. Pero su situación podría cambiar con la llegada inesperada una carta que da luz verde por fin a sus trámites de adopción de una niña.

¿Quién está detrás?
Viejo conocido en Filmin, Benedikt Erlingsson debutó en la dirección tras una breve carrera como actor con "De caballos y hombres" una inspirada e irreverente ópera prima, suerte de western que rodaría Roy Andersson que, además, fue una de las grandes protagonistas de la ya lejana cuarta edición de nuestro Atlàntida Film Fest. Una comedia delirantemente coral y de carácter marcadamente autóctono que nos hablaba de nada más y nada menos que de la relación del caballo con el hombre, haciendo gala de un finísimo humor que navegaba con acierto y clase entre el deadpan y lo escatológico. En "La Mujer de la Montaña" el islandés regresa al género de una forma mucho más amable y vitalista, pero sin renunciar a su personalísima imprompta islandesa más folklorica.

¿Quién sale?

Halldóra Geirharðsdóttir, protagonista por partida doble, es nuestra mujer de la montaña, toda una señora de armas tomar que, ante la pasividad e indulgencia de la sociedad con una industria destructiva que está aniquilando el medioambiente decide pasar a la acción activa. Con un trabajo físico impecable, que embarca a nuestra ecológica heroína en una particular cruzada donde atravesará mares y montañas, Geirharðsdóttir construye un personaje cargado de matices donde hay espacio para la dulzura, el temple y también el humor. Una interpretación poliédrica si tenemos en cuenta que también es la encargada de dar vida a la hermana gemela de la protagonista, su total contrapunto cómico.

¿Qué es? 

La comedia europea del año.

¿Qué ofrece? 

Algo pasa en el lejano norte. Desde países como Suecia o Islandia no paran de advertirnos desde su cine del apocalipsis que se nos viene encima como no empecemos a tomarnos un poquito más en serio todo aquello del cambio climático. Que esto no es un cuento chino ni un invento de la comunidad científica, si no una dolencia muy real que está afectando a nuestro planeta de formas que aún no podemos ni sospechar. Desde series como "Jordskott" a "Valkyrien", nuestros amigos nórdicos están pasando a la acción a través del cine, algo que también permea en el segundo largometraje de Benedikt Erlingsson, "La mujer de la montaña". Armándose del humor y de la sátira, y de un personaje profundamente entrañable al que seguirías hasta el fin del mundo, el cineasta islandés ha ensamblado una comedia de profunda denuncia social y ecologista que no por ello renuncia a su particularísimo sello autoral que mezcla folklore islandés y lo absurdo de la más delirante de las maneras. Con un argumento tan particular como el de una profesora de canto que se enfrenta a una industria implacable e intocable que está destrozando los bellos paisajes de la remota isla, Erlingsson recorre los caminos de la feel good movie, aquellas historias que nos hacen sentir mejor con nosotros mismos al comprobar que aún existe espíritu de rebeldía y de solidaridad en el mundo, pero solo para después destrozar esta pequeña ilusión y refugio y recordarnos que esta no puede ser una lucha individual, si no colectiva. Y es que al final, "La mujer de la montaña" también es una película sobre superheroínas, sin capa, ni mallas, pero con una voluntad irreductible de hacer el bien desde una posición muy humana, apoyándose en la ayuda de sus vecinos, reformulando los roles de la maternidad y dejándose ayudar por una curiosa banda de música folk que, curiosamente, solo ella puede ver. Una comedia vitalista, ecológica, también feminista, pero no por el evidente hecho de que esté protagonizada por un personaje femenino fuerte, si no porque apela a nuestro colectivismo más social en tiempos de exacerbado individualismo. Y eso, hay que celebrarlo. 




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