"La candidata perfecta" en contra de la sociedad

Autor: Adrián Sánchez Fuente: Filmin

"La candidata perfecta" en contra de la sociedad

El gran retorno al cine saudí de su hija pródiga, Haifaa Al-Mansour. Así fue presentada “La candidata perfecta” en la Sección Oficial del pasado Festival de Venecia. Después de “La bicicleta verde”, film que marcó un hito en Arabia Saudí por ser el primero de su historia dirigido por una mujer, la cineasta vuelve a retratar a una sociedad profundamente conservadora en medio de algunos de los cambios importantes que el país ha realizado en la última década. Esta pequeña pero emocionante historia llega este viernes a nuestras salas de la mano de Golem.

¿De qué va?

Maryam es una joven y ambiciosa médica que trabaja en el Centro de Salud de una pequeña ciudad de Arabia Saudí. A pesar de su alta cualificación, debe ganarse a diario el respeto de sus compañeros hombres y la aceptación de los pacientes. Indignada por la dejadez del Ayuntamiento, que demora una y otra vez asfaltar el camino de acceso al hospital, decide presentar su candidatura a las elecciones municipales. Su padre es músico y está de gira tocando en los primeros conciertos públicos permitidos en el Reino de Arabia Saudí en décadas. Maryam recluta entonces a sus dos hermanas pequeñas para recaudar fondos y planificar la campaña. Su inesperada candidatura a la alcaldía sorprende a la familia y sacude a una comunidad nada acostumbrada a la idea de que una mujer dirija el Consistorio.

¿Quién está detrás?

Es conocida como la primera mujer directora de la historia de Arabia Saudí. Haifaa Al-Mansour marcó un hito en el año 2013 cuando estrenó su ópera prima, “La bicicleta verde”, un hermoso relato con tintes neorrealistas cuyo rodaje tuvo que producirse casi de manera clandestina. La película dio la vuelta al mundo, siendo nominada a una gran cantidad de premios, como los BAFTA o los Independent Spirit. Esto llevó a la cineasta a ganar notoriedad y así realizar una incursión el cine anglosajón, con “Mary Shelley” primero,  y la comedia romántica “Nappily Ever After” después. Ahora, tras siete años de ausencia, Al Mansour regresa a su país de origen para contar otra historia sobre opresión y feminismo en un régimen que, en ese hiato, ha presentado algunos cambios importantes. 

¿Quién sale?

Todos los actores y actrices que aparecen en el film realizan su debut en la gran pantalla, aunque algunas, como la protagonista Mila Al Zahrani, ya habían aparecido en algunas series de televisión. Este dato, sin embargo, no es de extrañar, dado que se trata de la primera película apoyada institucionalmente por el gobierno saudí, a través del recién creado Consejo Saudí del Audiovisual (Saudi Film Council).

¿Qué es?

La voluntad de retrato social de “La bicicleta verde”, pero más abiertamente feminista. 

¿Qué ofrece?

Es interesante concebir “La candidata perfecta” y “La bicicleta verde” como una suerte de díptico 'moonlight-iano' en el que ambas protagonistas son su propio reflejo con el paisaje cambiante de la sociedad saudí como contexto, siendo su carácter rebelde y la valentía con la que se desenvuelven sus principales nexos comunes. De hecho, resulta muy estimulante ver ambas películas seguidas - ejercicio que este mismo servidor he realizado antes de escribir estas palabras - porque se ponen de manifiesto los cambios que el país, a nivel institucional, ha experimentado en la última década. Una de las problemáticas que se muestran en la película anterior de Al Mansour, por ejemplo, es la dependencia constante de la madre de la protagonista de su chófer, un hombre al que paga para que la lleve al trabajo ya que por aquel entonces, que una mujer condujera en Arabia Saudí estaba directamente considerado delito. La cineasta, consciente de la eliminación del veto hace tan solo dos años, presenta a la protagonista de este nuevo film, Maryam, conduciendo su coche hacia la clínica donde trabaja como doctora, toda una declaración de intenciones por su parte. Y es que si, en su resonante ópera prima, Al Mansour exponía un drama cuya potencia residía en los pequeños gestos al modo de las películas de Abbas Kiarostami o Roberto Rossellini, la conclusión que uno extrae de “La candidata perfecta” es que la sociedad saudí está cambiando lo suficiente como para que la intensidad del conflicto suba de nivel. Ya no se trata de la inocencia de una niña rebelde que no entiende por qué no puede tener una bicicleta, sino de una mujer con estudios, ampliamente cualificada en su trabajo y segura de sí misma, que decide enfrentarse al establishment de su municipio. 

En este sentido, el arco del personaje principal es clave para que la fórmula tenga éxito, lo cual es fruto de un guión que, aunque en ocasiones resulta predecible, se muestra muy afianzado en sus objetivos. La decisión de Maryam de presentarse a las elecciones municipales para asfaltar la carretera que va del pueblo al hospital es tratada como una suerte de excusa para que su evolución tenga lugar, casi un acto de rebeldía contra una sociedad que dicta que, por ser mujer, jamás podrá vencer. Esta escalada hacia su combativa decisión es hábilmente construida a partir de diferentes situaciones en las que, por una cosa o por otra, se ve perjudicada a causa de su sexo, como bien lo ejemplifica la recurrente escena en la que un paciente anciano se niega a ser tocado por una mujer a pesar de ser la profesional más cualificada de toda la clínica. Por otra parte, el padre de Maryam también contribuye a generar la constante sensación de que los tiempos están cambiando. Justo después de que se levante el veto a la música en directo en el país, sale de gira con su banda por todo el territorio saudí. Se trata de otro gran ejemplo de construcción de personaje, dado que, debido a la opresión que él mismo ha vivido por su condición de músico, es la figura patriarcal más comprensiva de todas las que aparecen en el film. Es consciente de la compleja y opresora situación de la mujer en el Estado donde le ha tocado vivir, y es probablemente por ello que el entorno familiar es concebido aquí como un refugio para la protagonista, un lugar al que regresar cuando el resto de la sociedad arremete contra su ambición.

Todos estos apuntes dramatúrgicos sustentan sólidamente una obra que, si bien es obvio que busca la atención de la mirada occidental, no cae en frivolidades que podrían haberse dado si la cineasta no hubiera sido local.  El resultado es un drama efectivo y solvente que acaba por resultar profundamente poliédrico nutriéndose de los elementos mínimos que corresponden a un relato tan aparentemente sencillo. El empoderamiento femenino de una protagonista carismática y subversiva consigue afianzarse como la principal virtud de un film que no trata de victimizar a sus personajes, sino de relatar cómo se sobreponen en una sociedad cuyos habitantes, tristemente, no evolucionan a la misma velocidad que sus instituciones.


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