Festival Niemeyer LGTBI: "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" el largo adiós

Autor: Gerard Cassadó

Festival Niemeyer LGTBI: "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" el largo adiós

El director chileno José Luís Torres Leiva ("El viento sabe que vuelvo a casa") se alzó con una Mención Especial en el Festival Mar de Plata gracias a esta película pausada que contempla a la muerte y cómo esta hace su trabajo a través del vía crucis silencioso de una pareja que se enfrenta a una enfermedad terminal.

¿De qué va? 

María sufre un cáncer terminal y ha decidido no someterse a ningún otro tratamiento. Su pareja, Ana, no va a tratar de convencerla de lo contrario y respeta su decisión con tanto pesar como entereza. Ambas van a hacer frente a la muerte sin tratar de derrotarla. 

¿Quién está detrás? 

El director chileno José Luís Torres Leiva acude por tercera vez al Festival de San Sebastián y debuta en Sección Oficial después de presentar sus anteriores trabajos, "El viento sabe que vuelvo a casa" (2016) y el corto "El sueño de Ana" (2017), en la sección Zabaltegi. Ganó el premio FIPRESCI del Festival de Rotterdam con su debut, "El cielo, la tierra y la lluvia" (2008), y concursó en Orizzonti, en el Festival de Venecia, con "Verano" (2011).

¿Quién sale? 

Amparo Noguera,  que interpreta a Ana, es una actriz muy conocida en Chile. Rostro habitual de la televisión, participó en las primeras películas de Pablo Larraín y ya había trabajado a las órdenes de Torres Leiva en "Verano" y "El sueño de Ana", el corto que sirve de preludio de "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" y en el que tanto ella como Julieta Figueroa interpretaron a la misma pareja que protagoniza la película.

¿Qué es?

"Morir", de Fernando Franco, acariciada por la cámara de Naomi Kawase. 

¿Qué ofrece? 

"Qué la muerte te encuentre amando". Parafraseando aquel popular refrán sobre la suerte y el empeño podríamos resumir las intenciones de este drama contemplativo, de ritmo casi sedante, que aborda un tema profundamente doloroso buscando belleza en cada gesto, y, sobre todo, en el rostro y la piel de sus protagonistas. ¿Es posible hacer una película luminosa sobre la muerte sin dulcificarla? Es el reto que afronta Torres Leiva exprimiendo el primer plano de sus dos actrices, contemplando sus arrugas y su mirada triste, y observando como el proceso inevitable sigue su curso. 

Llaman la atención las dos fugas narrativas con las que la película busca algo de aire, abandonando la angustiosa realidad de María y Ana para presentarnos dos relatos independientes: el encuentro entre una anciana y una niña salvaje, y el affaire fugaz entre dos hombres. Las dos historias refuerzan el gusto de Torres Leiva por filmar, casi con ánimo dermatológico, cuerpos y rostros en armonía con la naturaleza que les rodea. 

La muerte, parece decirnos la película, es sólo una etapa más de la vida. Huyendo de la desolación, Raffaella Carrà hace acto de presencia en un jovial epílogo que asume esa gran verdad y nos invita a gozar del tiempo en que podamos seguir bailando en la playa. 


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