Embrujados por el Rob Zombie más siniestro y personal

Fuente: Joan Sala (filmin)

Cierto es que con la franquicia "Halloween" Rob Zombie no ha engrandecido precisamente, su leyenda. Pero cierto es también, que gracias a la irreverencia y mala leche de "La casa de los 1000 cadáveres" y sobre todo, a la visceralidad, pulcritud y carisma de su secuela, "Los Renegados del Diablo", por más que pueda tener su detractores, Rob Zombie, además de un transgresor rocker y un supuesto colgao, es también un auteur del género cuyo inconfundible e incomparable sello cinematográfico le otorga con todo merecimiento su presencia en la pole del terror contemporáneo. "The Lords of Salem", su película más siniestra y definitivamente personal hasta la fecha, es la mejor prueba de ello. Embrujados, así quedamos tras su estreno, hoy en filmin.

¿De qué va?

Estamos en Salem, el Salem de hoy día, un lugar en el que el caos se avecina cuando Heidi, locutora un exitoso programa de radio centrado en el rock duro, recibe un vinilo promocional de una banda llamada The Lords cuya reproducción despierta un demoníaco aquelarre de brujas de 300 años que comienza azotar sumergiéndole en un mundo de extrema psicodelia.

¿Quién está detrás?

"The Lords of Salem" llega escrita y dirigida por el propio Zombie y presentado bajo la tutela de Haunted Films y Alliance Films. Lo que significa que, para nuestra alegría, vuela libre y desatada, ya que el director ha tenido control total sobre el guión, reparto y final cut. En las brujas de Zombie los Weinstein son historia.

¿Quién sale?

No podía ser de otra forma. Rob Zombie embruja a su mujer, Sheri Moon Zombie, junto a Bruce Davison, Jeffrey Daniel Philips, Ken Foree y las 'tres brujas de oro'.

¿Qué es?

La película más siniestra de la filmografía de Rob Zombie.

¿Qué ofrece?

Así es, "The Lords of Salem" se traduce en la versión más siniestra y personal de Rob Zombie, pero también en la menos sangrienta y la menos complaciente con todo aquel que espere darse un festín de violencia explícita. Una trama de cocción muy lenta acaba por bullir en una transgresora psicodelia de tintes eminentementes satánicos destinados a mancillar la iglesia pero también a perturbar y estimular, por partes iguales, a todo aquel que sea emburjado por su personalísima ouija, aquella que vuelve a desplegar su insobornable carisma como nunca lo había hecho antes, a través de un epatante mosaico de turbadoras imágenes que destilan ese sello metalero, único e inconfundible, que transgrede el género rey en el celuloide.

Una obra de culto instáneo cuyo épico final, digno de enmarcar, merece su debido protagonismo en la historia del cine de terror, en aquel que recorre la obra completa de un director de género por su condición de autor, pero sobre todo incide en su obra cumbre, en esa cima a la que Rob Zombie ha llegado con "The Lords of Salem". 

 

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