El otro Tercer Hombre: de Kim Philby a Cedric Belfrage

Autor: Filmin Fuente: Indiewire

En "Kim Philby: un espía entre amigos", el director de "The Visitor" Tom McCarthy, entremezcla ficción y materiales de archivo para exponer al verdadero Tercer Hombre de la historia, Kim Philby, un oficial de alto rango dentro del MI6 que, en realidad, era una agente doble del KGB. A través de conversaciones recreadas a partir de grabaciones originales, el equipo de BBC nos ofrece el documental definitivo sobre una de las figuras más oscuras de su historia moderna. Una figura que hoy, gracias a nuestros compañeros de Indiewire, da con la horma de su zapato. Esta es la increíble historia de Kim Philby, pero también de Cedric Belfrage, un crítico de cine británico que además de trabajar para Samuel Godlwyn, se ha descubierto que fue un espía al servicio de la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial.

Británico ejemplar, hijo de buena familia, estudiante de Cambridge y miembro de respetables clubs de la alta sociedad inglesa, nadie podía sospechar del pasado comunista de Kim Philby, que gracias a su buen nombre fue escalando posiciones hasta convertirse en uno de los hombres más influyentes y poderosos de la Inteligencia Británica, a la vez que informaba a sus buenos amigos de Moscú. Tan férreo como el telón de acero en sus convicciones comunistas, Philby no dudó en traicionar a sus amigos más íntimos, como Nicholas Elliot y a toda su nación. Un escándalo que conmocionó al mundo en plena Guerra Fría, tal y como lo acaba de hacer a día de hoy el resonante caso de Cedric Belfrage.

Cedric Belfrage, un crítico de cine británico que también trabajó como publicista de Samuel Goldwyn, fue un espía al servicio de la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial, según lo confirmado por documentos recién liberados de Archivos Nacionales del Reino Unido. Mientras trabajaba para el Servicio Secreto de Inteligencia (MI6) en Nueva York entre 1942 y 1944, Belfrage pasó documentos a la URSS y fue, durante un tiempo, una fuente más valiosa de información que incluso el tristemente célebre agente doble Kim Philby.

A día de hoy, no está claro cuan dañinos pueden haber resultado los documentos que Belfrage facilitó a la inteligencia soviética en su momento. Uno de ellos fue "una guía para el allanamiento de morada en Scotland Yard, con contribuciones de ladrones prominentes de Inglaterra". Sus acciones fueron suficientes para que fuera interrogado por el FBI en 1947, momento en el que Belfrage les aseguró que pasaba a los soviético "información irrelevante" con la esperanza de poder sonsacarles información verdaderamente útil. Cuando el FBI pidió al MI6 que confirmara el acuerdo, los británicos respondieron con evasivas. "Podría ser embarazoso incluso dar una respuesta", dijo un telegrama oficial, "ya que eso significaría que tendríamos que admitir que el MI6 ha empleado un hombre con un interés comunista conocido en su organización en los EE.UU".

La carrera de Belfrage en la industria cinematográfica tomó muchas formas. Comenzó a escribir crítcas para el Kinematograph semanal en 1924. Luego viajó a Nueva York en 1926, "donde la crítica de cine era una ocupación más rentable", y a Los Angeles el año siguiente. Después de escribir para medios como Bioscope, New York Herald Tribune o The New York Sun, regresó a Londres en 1930 para trabajar al servicio de nada más, ynada menos, que Samuel Goldwyn. Dos años más tarde, el Sunday Express lo envió de vuelta a Hollywood, y en 1934, llevó a cabo un viaje alrededor del mundo que le confrontó, cara a cara, con los albores del fascismo europeo. Después de regresar a Los Ángeles allá por 1936, se unió a la Liga de Hollywood anti-nazi y, en 1937, al Partido Comunista. Finalmente, en 1953 fue acusado por el Comité de la Cámara de Joseph McCarthy sobre Actividades Antiamericanas, y deportado en 1955.

Destacar que el trabajo crítico de Belfrage no ha sido archivado. Sin embargo, es citado en la biografía de Jack C. Ellis a cargo de John Grierson como "fundamental en el apoyo al Man of Aran de Robert Flaherty", así como por Deborah Cartmell en "Adaptaciones en la Era de sonido", donde lamenta la la muerte del cine mudo:

"La lengua global e internacional se esfumó de un plumazo. Esto es algo que realmente nadie pareció notar mucho, pero después de todo, la especie humana ha vivido en la faz de la tierra por un número de años y nunca había tenido un idioma en el que todos pudieran comunicarse entre si y fuera comprensible pro el mundo entero. Simple y llanamente lo reventamos. Un suceso realmente triste".

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