"El Nacimiento de una Nación" vs. "Selma"
El pasado mes de febrero se cumplieron 100 años del estreno en USA de "El Nacimiento de una Nación", histórico e igualmente polémico film dirigido por D.W Griffith, entre cuyos múltiples hitos cuenta con haber sido la primera peli proyectada en la Casa Blanca. Casualidad o no, precisamente ha sido su particular 'antagonista', "Selma", la última en haber gozado de tan ilustre privilegio. Tan lejos, tan cerca.
Es uno de los títulos más claves (e igualmente infames) de la historia del cine, uno de sus principales cimientos, así como una de las películas más famosas de la época del cine mudo debido a su técnica, pero también una de las más polémicas por promover la supremacía de la raza blanca y describir el supuesto heroísmo de los miembros del Ku Klux Klan. Este 2015 es el centenario del estreno de "El nacimiento de una nación", un aniversario cuya celebración va mucho más allá de lo que supone sobreponernos a unos tiempos en los que el Ku Klux Klan podía representarse en los principales medios de comunicación como una alternativa para sanar las heridas nacionales de un país con pasado traumático. Hecho que aunque sea desde sus antípodas ideológicas, nos recuerda hoy "Selma", película que 100 años después, sigue conmemorando la eterna obsesión nacional que Estados Unidos tiene por experimentar y vivir su historia escenificada y encarnada en la gran pantalla. Una curiosa paradoja de la que nuestros compañeros de The American Prospect se hacen eco en un revelador texto.
Desde su mítico estreno, "El nacimiento de una nación" ha sido concebida como un hito en el cine. Durante décadas, los críticos e historiadores esquivaron su contenido racista centrándose en sus técnicas pioneras de edición y trabajo de cámara, especialmente transversal, así como sus insólitos travellings y primeros planos. A pesar de ello, la película levantó ampollas desde el comienzo. La NAACP fue incondicionalmente activa en una protesta que, sobre todo en Nueva York, tuvo lugar durante prácticamente un año. Muchos se opusieron a la representación de los blancos sureños como dobles víctimas (de sus agresores del Norte primero, y de los supuestamente rapaces sobrevivientes afroamericanos de la esclavitud, luego). Sin embargo, la película también tuvo sus defensores.
El entonces presidente Woodrow Wilson llegó a comentar: "Es como escribir una historia con luz y lo único que lamento es que todo es terriblemente cierto". Un resultado inmediato de la ardiente justificación de la película respecto a la supremacía blanca fue el resurgimiento del Ku Klux Klan, que se encontraba prácticamente inactivo desde finales del siglo XIX. Griffith era un habitante del sur, al igual que lo fue Thomas Dixon Jr., autor de la novela de 1905 y responsable de la obra teatral The Clansman, de las cuales Griffith adaptó "El nacimiento de una nación". Ambos anhelaban con explicar y defender la supremacía blanca y creían que la versión del Norte de lo que aconteció en la Guerra de Secesiñi no reflejaba lo que los blancos del Sur tuvieron que soportar.
Dicho y hecho, Griffith utilizó su talento como cineasta y el virtuosismo de sus actores para manipular las simpatías del público hacia los protagonistas blancos ficticios. Para usar el poder interpretativo al servicio de engañosos fines históricos, la habilidad de Griffith destacó por la capacidad que demostró para que sus mentiras parecieran afirmaciones razonables. La película integra la épica, incluyendo escenas de batalla de la Guerra de Secesión, con lo íntimo, representado en la angustia y el horror expresado por Elsie, interpretada por Lillian Gish, cuando prácticamente se ve obligada a casarse con un político afroamericano.
Pues bien, 100 años después, "Selma" ofrece a su audiencia una argumentación bien diferente. Los eventos que la película dramatiza se sustenta y documenta en sucesos tangentes y reales (no en ficciones históricas inventadas para imponer conclusiones evidentes que parecen inevitables).Y es que, si algo queda claro, es que Ava DuVernay quería retratar el movimiento de los derechos civiles no como el logro de un solo héroe (Martin Luther King, Jr.) o un líder blanco (el presidente Lyndon B. Johnson), sino como el resultado de la acción colectiva por parte de muchos. Su enfoque permite que el público se ponga en la piel de los manifestantes, la mayoría de los cuales eran personas comunes, para encontrar conexiones respecto a un momento histórico, por mucho que no lo asuman como propio.
De hecho, es la propia DuVernay quien afirma que "lo que estábamos tratando de hacer con Selma es simplemente elevar su historia de la página de un libro al que se ve abocada, para estamparla en el cuerpo e imprimirla en el ADN de los espectadores". Misión cumplida, "Selma" triunfa donde "El nacimiento de una nación" fracasa, y no solo porque el racismo virulento de la película más antigua abogó por la violencia del terrorismo doméstico y lo justificó como una acción nacional necesaria. "Selma" triunfa porque representa a personas que trabajan a través de líneas raciales en pos de la justicia. Pese a las quejas de que el presidente Johnson es representado de manera injusta, la película nos retrata la gente que está detrás de esta historia: sus defectos, fortalezas y triunfos. Vemos el presidente reafirmar su compromiso con la igualdad de derechos en un elocuente discurso en el Congreso, concluyendo con un "venceremos", sabiendo que iba a tener éxito en conseguir que el proyecto de ley fuera finalmente aprobado.
Tal y como el historiador Peniel Joseph observó, "Selma" ofrece a sus audiencias “la mayor verdad posible que el heróico periodo de la lucha por los derechos civiles arrojó sobre la fortaleza y debilidad colectiva de una nación, algo que los americanos son reacios a reconocer, y mucho menos en dar a conocer".
"El nacimiento de una nación" fue la primera película proyectada en la Casa Blanca, "Selma" la última. Y si alguna conclusión podemos extraer, es que 100 años después, seguimos utilizando la escenificación como una forma de debatir y comprender el conflicto racial. Al ver la historia plasmada ante nuestros ojos a cargo de las personas que actualmente viven, nos afecta de forma inmediata y vivaz. En conjunto, las dos películas demuestran cómo reclamamos a la historia por lo que representa, contándonos unos a otros historias derivadas de ella.
En definitiva, "Selma" es la conmemoración no deseada, la corrección de "El Nacimiento de una Nación". Si allá por 1915 Griffith justificaba el terrorismo interno y el vigilantismo para defender el status quo racial, 100 años después, concretamente en 2015, DuVernay y sus colegas han brindado a su público una escenificación que hace justicia al pueblo norteamericano, sintiéndose aún fuera de su alcance, pero lo suficientemente cerca como para verse influido por ella.