"El jugador de ajedrez" peones en el tablero

Autor: Javier Acevedo Fuente: Filmin

Una nueva partida se disputa en las salas de cine a partir de este fin de semana, todas las piezas están dispuestas para que "El jugador de ajedrez" ejecute el jaque mate en la gran pantalla y se consolide como un entretenimiento digno y de excelsa factura en el que su protagonista, Diego Padilla, dará a todos una lección al ser la única pieza que aguante firme en un tablero asolado por el fascismo, el nazismo y la ética laxa. El nuevo largometraje de Luis Oliveros dejó buenas sensaciones en la pasada edición del Festival de Málaga con un drama sólido que tiene muy clara su jugada y estrategia, en la que el personaje y la trama están al servicio de una narrativa clásica y sin estridencias

¿De qué va?

La convulsa España de los años 30 asiste a la coronación del joven Diego Padilla como campeón nacional de ajedrez. Diego es un joven enfrascado en su pasión y ajeno a la problemática social y política que desgarra a un país moribundo. Su amigo Javier es su principal apoyo hasta que conoce a Marianne, una reportera francesa de la que queda prendado, y con la que contrae matrimonio. A partir de ese momento la situación se vuelve insostenible y ambos deciden marchar a una Francia ocupada por los nazis. En ese ambiente hostil , Diego acabará jugando una partida por su vida contra Maier, un implacable oficial nazi. La pasión y el amor no son movimientos válidos dentro de un tablero con demasiados intereses de por medio. 

¿Quién está detrás?

Luis Oliveros, una figura consolidada detrás de la cámara que encontró en la producción de ficción para televisión un buen reducto para dar muestras de su clasicismo narrativo y pulso firme. Su anterior film, "El ángel de Budapest" ya exploraba las consecuencias del horror nazi y sus efectos en el hombre ordinario, en ese caso con el diplomático español que salvó la vida a miles de judíos. Aquel trabajo le valió el Ondas a Mejor Miniserie y el reconocimiento en el Festival de Cine y Televisión de Nueva York. En "El jugador de ajedrez" retoma la senda de la narración de historias extraordinarias a través de personajes comunes con la barbarie nazi de fondo y apostando nuevamente por una historia de época con una gran labor de producción detrás.

¿Quién sale?

Marc Clotet da vida a Diego Padilla, en un personaje con un satisfactorio arco que oscila entre el hieratismo apolítico y acrítico con su situación y su pasión por  el ajedrez y el amor, su mayor fortaleza frente al miedo y el horror. Le acompaña Melina Matthews como su esposa, una mujer pragmática que hará lo mejor por su hija y en pleno conflicto entre su rechazo del fascismo y la realidad útil con la que debe gobernar su vida y su amor hacia Diego. Alejo Sauras interpreta a Javier, el inseparable amigo de Diego, demostrando que hay vida más allá de la ficción televisiva. 

¿Qué es?

Una versión patria de los dramas intensos de Douglas Sirk y la pasión exacerbada de "El tiempo entre costuras"

¿Qué ofrece?

En su obra "Novela de ajedrez" Stefan Zweig desvela a un misterio hombre cuyas habilidades de ajedrez rivalizan con las del excéntrico campeón mundial. Dicho hombre alberga un secreto oculto por el horror del nazismo en el que el ajedrez fue quizá su única vía de escape. Julio Castedo, autor del libreto del film y escritor de la novela en la que se basa, retoma el espíritu de Zweig al mostrar a través de Padilla un factor fundamental del alma humana: la pasión. El amor de Diego por su familia y el ajedrez será el punto de apoyo de un hombre que ve cómo su mundo colapsa. Padilla parece seguir la máxima de que un gesto de resistencia sin riesgo es mero protagonismo, y opta por enfrascarse en su pasión, y es ella la que le ayuda a sobrellevar la partida de su vida.

Así, "El jugador de ajedrez" conjuga sabiamente una narrativa clasicista , a través de un melodrama donde los personajes son meros peones guiados por la pasión y eliminados por el yugo del fascismo. El logro de Luis Oliveros estriba en firmar un trabajo apto para cualquier clase de audiencia sin perder de fondo la crudeza del relato pero dejando un resquicio al optimismo por medio de la historia de un hombre ordinario devoto de la vida y el ajedrez. Un film agradable, riguroso y de bella factura que deja un poso de satisfacción difícil de disimular.

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