Crónicas San Sebastián 2025: “La torre de hielo” o si Frozen hubiera sido dirigida por Lucile Hadzihalilovic
Si por algo ha destacado Lucile Hadzihalilovic en su carrera es por la creación de atmósferas. En un panorama cinematográfico copado por las series de producción express y sin mucho riesgo estético, su virtuosismo a la hora de pensar y ejecutar la puesta en escena más indicada para cada una de sus películas nos recuerda la importancia de la misma, y es por eso que el sector suele agradecer su presencia en los principales certámenes del mundo.
Ese es el caso de su última propuesta, “La torre de hielo”, una fábula “meta” que se ha salido victoriosa tanto del Festival de Berlín, donde se llevó el Oso de Plata a la mejor contribución artística, como del Festival de San Sebastián, donde ha hecho lo propio coronándose como la mejor película de Zabaltegi-Tabakalera, una de las secciones más importantes del festival.
Inspirada libremente en “La Reina de las Nieves”, un cuento del legendario Hans Christian Andersen (tótem inevitable en lo que a fábulas se refiere), la película sigue a una joven huérfana que, después de huir de su hogar, se refugia en un estudio cinematográfico donde se está rodando una adaptación de dicho cuento. Allí se encuentra con la actriz que interpreta a la Reina de las Nieves y una fascinación mutua empieza a florecer entre ellas.
Y es que si algo es el cine de Hadzihalilovic es que es, ante todo, unidireccional: todas las posibilidades cinematográficas apuntan al mismo destino con tal de reflejar la psicología y el estado emocional de sus personajes. Y, en este caso, era el turno del hielo.
A partir de una deslumbrante y glacial fotografía, un sonido distinguido por un constante silencio ártico y unas interpretaciones (colosal y poderosa Marion Cotillard y muy correcta Clara Pacini, debutante) gélidas y punzantes, la película consigue borrar las líneas entre la fábula y la realidad con brillantez y singularidad.