Crónicas San Sebastián 2025: “Historias del buen valle”, las que se esconden entre autopistas y vías de tren
En la Barcelona del presente no es fácil encontrar resquicios de la ruralidad de la que gozó antaño, pero si algo es claro es que de la poca que queda, surge “Historias del buen valle”.
Y es que más de 20 años después de “En construcción” José Luis Guerín vuelve a regalarnos el retrato de un barrio de su Barcelona natal, y en esta ocasión el turno es para el periférico barrio de Vallbona, un pequeño enclave rodeado por el rumor de autopistas, el fluir del agua en acequias viejas y el murmullo multilingüe de sus habitantes.
El barrio, aislado por ríos, vías férreas, autopistas, se ofrece como un territorio liminal, a caballo entre lo rural y lo urbano, filmado por Guerín durante más de dos años de convivencia con sus personajes con afecto y con paciencia.
Lejos de ser un álbum de instantáneas (aunque está llena de imágenes que podrías querer detener), está regido por historias que se cruzan desde la más humana y bondadosa cotidianidad: conversaciones, huertos, canciones, bailes, etc. que desde la cercanía y el afecto iluminan lo que muchas veces queda al margen del cine convencional.
Y es que “Historias del buen valle” es la certificación de que Guerín lo ha vuelto a hacer, pues no sólo documenta un barrio: es una reflexión profunda sobre lo que significa pertenecer, pertenecer a un lugar que ha sido moldeado por las historias de hombres y mujeres migrantes, por la ruralidad que no se fue del todo y sobre cómo lo urbano empuja día a día.