Crónicas AMFF 2022: "Bruno Reidal, confesión de un asesino", ¿de dónde viene el mal?

Autor: Pablo Gómez Fuente: Filmin

Crónicas AMFF 2022: "Bruno Reidal, confesión de un asesino", ¿de dónde viene el mal?

Premio de la crítica en Atlàntida Mallorca Film Fest  2022 "Bruno Reidal, confesión de un asesino" emerge como la ópera prima de su director Vincent Le Port. Un true crime de época sobre el caso real de Bruno Reidal, un joven de diecisiete años que asesinó sin motivo aparente a un niño en la zona campesina del Cantal, Francia.

¿De qué va?

Cantal, Francia, 1905. En el bosque que rodea su pueblo natal, el joven seminarista Bruno Reidal asesina a un chico antes de entregarse inmediatamente a las autoridades. En prisión, le someten a un duro interrogatorio que dura semanas, donde se enfrenta a tres médicos que intentan comprender su impulso letal. Le ordenan que rememore su pasado escribiendo la historia de su vida, mientras intentan identificar los eventos o la anomalía que podría haber llevado a tal atrocidad.

¿Quién está detrás?

Vincent Le Port, cineasta francés de 34 años, cuenta con una larga carrera realizando cortometrajes y mediometrajes de ficción, compaginada con su papel como productor en múltiples documentales. Debuta en la dirección de largometraje con "Bruno Reidal, confesión de un asesino" que le permitió entrar dentro de la sección Camera D'Or de Cannes 2021 y recaudar buenas críticas por su paso por distintos festivales.

¿Qué es?

Un true crime de época con la sutileza de Bresson y la indagación psicológica de Haneke.

Dos o tres cosas que sabemos sobre ella

El rostro de Bruno inunda toda la pantalla durante los primeros minutos. Un plano fijo sobre su cara refleja un sinfín de emociones, desahogo, rabia, felicidad, frustración y finalmente, arrepentimiento. Acaba de cortarle la cabeza a un chico. Todavía manchado de sangre, llama a una puerta. Al abrirse, dice: "He matado a François Raulhac". El joven es trasladado a una cárcel. "No estoy loco. No quiero estarlo", dice Bruno, colocado en frente de tres médicos que lo interrogan para conocer más detalles sobre su caso. Su mirada es la de aquel que está en constante lucha consigo mismo. Los doctores le piden que pruebe a escribir toda su vida, todos los acontecimientos que le han llevado hasta allí. Y eso es lo que hace. Es en estos textos reales en los que se inspiró Vincent Le Port para dar forma a su película. A partir de aquí, el relato de su vida se reconstruye a través de flashbacks, la propia voz en off de Bruno y las entrevistas que mantiene con los médicos. Indagando de manera metódica en lo más profundo de su psicología, Reidal cuenta cómo fue su infancia, donde desde pequeño aprendió lo que era el trabajo y el sufrimiento. Convertido en un excelente alumno, las primeras tentaciones de matar van apareciendo en la mente de Bruno. Más adelante, es agredido sexualmente por un extraño, forzándolo a masturbarse y desarrollando así, una adicción que se mezclará con sus ensoñaciones sádicas. Sexo y muerte empiezan a carcomer la mente del niño, mientras intenta poner freno a estos impulsos que colisionan directamente con su conciencia católica. Esta fricción hace saltar a primera plana el debate sobre el origen de la maldad, si viene por naturaleza o se nos es impuesta por nuestro entorno,

El trazo de Vincent Le Port, su director, es el de alguien que tiene una idea clara de lo que quiere conseguir. Apoyándose en una puesta en escena austera, priorizando planos fijos y leves movimientos, la cámara se ancla a su protagonista y no lo deja escapar en todo su metraje. Le Port se mantiene fiel a su propuesta de examen psicológico y, en la mejor tradición de los antihéroes cinematográficos, no busca que crees vínculos emocionales con Bruno, pero sí que lo entiendas y lo comprendas. 

Dentro de toda esta conjetura, el elenco es el arma principal con la que juega Le Port. Los tres niños que interpretan a Bruno Reidal, con seis años (Alex Fanguin), con diez (Roman Villedieu) y con diecisiete (Dimitri Doré), hacen una labor formidable, cada uno de ellos añadiendo una capa más de sufrimiento y duelo interno. Destacando, sobre todo, el papel de Dimitri Doré en su narración de la vida de Reidal y en sus interrogatorios. Dejando entrever entre la dureza de su aspecto, una vulnerabilidad de alguien que se arrepiente de lo que piensa. El viaje se cierra de la misma manera que arranca, con el asesinato de François. Sin embargo, los ojos que lo miran, ya no son los mismos. 




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