Crónica Venecia 2014: "Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)"
Muchos son los paralelismos que podemos extraer entre las dos responsables de inaugurar las dos últimas ediciones de la Mostra. Si el pasado año era Alfonso Cuarón quién presentaba indiscutibles credenciales para triunfar en los Oscar, este curso es su paisano, Alejandro González Iñárritu, quien empuña misma arma para abrir fuego en el Lido con las miras puestas en el Kodak Theatre Center. Y esa arma no es otra que un sublime y portentoso ejercicio de cámara. De la estelar galaxia de "Gravity", al superhéroe estrellado de "Birdman". Otro triunfo asegurado.
¿De qué va?
Un actor en decadencia con aspiraciones de volver a ser estrella, trata de vencer su ego y problemas familiares, mientras se prepara para montar una obra de Broadway en un intento desesperado de recuperar la gloria pasada. Y lo hace con la dificultad añadida de verse perseguido por el personaje más famoso que ha interpretado en su carrera, precisamente el superhéroe Birdman.
¿Quién está detrás?
Alejandro González Iñárritu deja de lado el kleenex y esboza la sonrisa, para brindarnos un portentoso ejercicio de cámara en su película más arriesgada y virtuosa.
¿Quién sale?
Michael Keaton resurge de entre las cenizas riéndose de si mismo, acaparando de principio a fin un prodigioso ejercicio de cámara que podría llevarle directo al Oscar. Y lo hace glamurosamente custodiado por nombres que hoy día, SI permanecen en primera plana. Es el caso de Emma Stone, Zach Galifianakis, Amy Ryan, Edward Norton, Andrea Riseborough y Naomi Watts. En "Birdman" también estrelllas, pero en este caso, secundarias. No hay duda, un crepuscular hombre-pájaro (que no murciélago) es el amo y señor de la función. Keaton vuelve a tener alas.
¿Qué es?
Un elogio del steadycam que bien nos puede llevar a "El Último Show" de Robert Altman.
¿Qué ofrece?
Una satírica y desbocada comedia negra, que es también un punzante y genuino ejemplo de metacine, pero que es ante todo un prodigioso y espectacular ejercicio de cámara. Una obra valiente, gamberra y virtuosamente surreal, que no solo supone el merecido resurgir de un, hasta hoy, defenestrado Michael Keaton, también un necesitado giro en la lacrimógena filmografía del director de "Babel" y "Biutiful". Y ojo, que la sorpresa es notablemente grata, aunque también ciertamente comedida. En "Birdman" se atisban signos de la subrayada autocomplacencia y registro caricaturesco que estigman la obra de Iñárritu. Amenazas que en este caso, no acaban de erosionar esta suerte de sit-com que se distingue por su arrojo en la realización, por la potente y visceral interpretación de su protagonista, por su ritmo frenético y voraz, y por la neurosis que abarca un discurso en el que tienen cabida incluso, una inspirada mención hacia la cirujano estético de Meg Ryan. Sugerentes detalles, hilarantes anécdotas que no hacen más que confirmar la ironía, el bilis y la mala leche que dan alas a "Bridman". Si a ello le sumamos el amor incondicional por el plano secuencia con el que se vuelca el realizador mexicano, ya tenemos el pastel completo. La celebración posiblemente llegue en los Oscar. Soplaremos velas...y a volar.