Crónica Sitges 2011: Hazme reír samurái

Fuente: Joan Sala (filmin)

Crónica Sitges 2011: Hazme reír samurái

Vista su cara no podíamos fallar a la cita. Hitoshi Matsumoto vuelve al festival tras las inclasificables "DaiNiponjin" y "Symbol" con una historía de samuráis. Como nos esperábamos, en "Scabbard Samurái" nos encontramos con su inconfundible humor, con su habitual extravagancia, con su vigorosa puesta en escena, pero, sorpresa, de repente nos vemos envueltos en una entrañable historia llena de ternura y sentimiento. Hazme reír samurái.

¿De qué va?

Kanjuro Nomi es un samurai sin espada, solo conserva su funda. Tras abandonar por completo la violencia y embarcarse en un viaje con su hija Tae, ahora está en busca y captura como desertor. Su única opción de salvar la vida es hacerle recuperar la sonrisa al principe, triste desde la muerte de su madre. Para ello dispondrá de 30 días: si no lo logra, deberá cometer el hara kiri.

¿Quién está detrás?

Debutó como actor en 1982 como mitad del duo cómico Downtown, primera piedra de una trayectoria cuyo estrambótico humor lo ha consagrado como uno de los renovadores de la comedia en Japón. En 2007 realizó su primera película, "DaiNiponjin," a la que siguió "Symbol" (2009), ambas también proyectadas en Sitges.

¿Quién sale?

Se llaman Takaaki Nomi y Sea Kumada. Él, lo borda sin soltar una sola palabra a lo largo de toda la película, y ella, aunque hable un poco más, también está fantástica.

¿Qué es?

Zatoichi + El verano de Kikujiro + el inconfundible humor de Hitoshi Matsumoto.

¿Qué ofrece?

Un samurái con un jeto digno de enmarcar que huye de sus enemigos, que no responde como padre y que, encima, no media palabra en toda la película. Con estos ingredientes, todo apunta a una excentricidad más de Hitoshi Matsumoto pero para nuestra sorpresa, lo que nos encontramos es una tierna historia de amor entre padre e hija salpicada, eso sí, con sus estrambóticos toques de humor. Ya su núcleo narrativo nace de algo tan entrañable como lo es arrancar la sonrisa a un niño. Para ello, nuestro decrépito samurái dispondrá de 30 días, es decir, 30 intentos, de los que seremos testigos directos de todos y cada uno de ellos. Desde (intentar) lanzarse en un cañón a snifar un noodle o bailar la danza del vientre. El niño no ríe ni de asomo, nosotros sin embargo, nos tronchamos de la risa para acabar hechos una magdalena con un relato lleno de sentimiento en el que parece que la esencia de Takeshi Kitano ha dado con el humor de Hitoshi Matsumoto. Una agradable sorpresa.

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