Crónica Sevilla 2014: "Mercuriales" distopía cool
Imaginénse un cruce entre "Ghost World" y "Nunca me abandones" dirigido por un menage a trois entre Jean-Luc Godard, Chris Marker y Claire Denis. Es la sugestiva carta de presentación de la seductora e igualmente desoladora "Mercuriales", la extraordinaria segunda película del prometedor realizador galo, Virgil Vernier, que asimismo se revela como una genuina mirada a camino entre Sofia Coppola y Celine Sciamma. ¿Más?
¿De qué va?
Mercurio es el país más caliente, más rápido y más frío. De un lado siempre es de noche, del otro de día. Uno se siente ligero, pues la gravedad es débil. Las mercuriales son dos torres gemelas que bien podrían estar ubicadas en cualquier parte del sistema solar, pero que están en un inusual París. Y donde se conocen dos jóvenes, que parecen gemelas separadas al nacer, que en su compleja amistad replican la atmósfera del planeta más cercano al sol.
¿Quién está detrás?
Supone la segunda película del prometedor realizador francés Virgil Vernier. "Mercuriales" da continuidad al apocalíptico discurso iniciado con su aclamada ópera prima, "Orleans", debut con el que ya nos sacudia a través de un despiadado retrato que ocurrentemente ponía en evidencia ese confort y bienestar que supuestamente caracteriza(ba) la vida en Europa. En resumidas cuentas, una promesa hecha realidad.
¿Quién sale?
Las hermosas y seductoras Ana Neborac y Philippine Stindel nos brindan una interpretación sutil y sensual, rebosante de estimulantes matices. La relación que ambas construyen a ratos nos llevan a "La vida de Adele", a otros a "Ghost World", o incluso a "Yuki y Nina". La guinda la pone Jad Solesme, para que nos entendamos, la Quvenzhané Wallis francesa.
¿Qué es?
Un cruce entre "Ghost World" y "Nunca me abandones" dirigido por un menage a trois entre Jean-Luc Godard, Chris Marker y Claire Denis.
¿Qué ofrece?
"Mercuriales" es embriagadora ciencia ficción, también una volatil distopía cool. Es una entrañable y delicada buddy movie femenina, también un sobrecogedor y emocionante drama íntimo, así como una inquietante y desoladora parábola político-social. Dispares y estimulantes registros que son ligados por un abrumador poderío atmosférico cargado de abruptos contrastes que, de forma estilosa y delicada, envuelve secuencias tiernas y afectuosas en un aura tan amenazante como asoladora y penetrante. Y es que, lo que acojona y agrede en lo nuevo de Virgil Vernier es aquello que no se ve pero se siente, aquello que sus personajes nos relatan, escenifican o recuerdan, llevándonos de la cautivadora ensoñación a la más dura y desconcertante realidad, de lo peculiarmente fabulesco a lo sugerentemente pesadillesco, de lo hermosamente poético a lo visceralmente violento, del espectro espiritual y personal a la fría y alienada sociedad. Todo ello concentrado en un monumental empleo del fuera de campo, que tiene como principal y gran objetivo hacer saltar la alarma (por si aún alguien no se ha enterado), aquella que nos advierte de la decadencia social y humana que atenaza nuestra moribunda Europa. El apocalipsis está por venir, o mejor dicho, ya está en el aire y nos envuelve. Es de lo que nos advierte la melancólica y seductora "Mercuriales", una visionaria mirada de subversivo carácter filósofico (es ahí donde entran Marker y Godard), de abrumadora capacidad sensorial (suena Claire Denis), como de maravilloso valor artístico (propulsado por su exquisito trabajo de fotografía y la imponente banda sonora de James Ferraro y Can). Para dejarse seducir, soñar y encima reflexionar.