Crónica Sevilla 2014: "Hungry Hearts" siniestro total
Tras fracasar en el reto que supuso la difícil misión de adaptar un best-seller mundial como lo es "La soledad de los números primos", Saverio Costanzo despega y vuela alto haciendo suya otra novela, en este caso no tan universal. "Hungry Hearts" es una demoledora love story destinada a llevárselo todo por delante allá por donde pase. De Venecia a Sevilla pasando por Toronto, y tiro porque me toca. Siniestro total, y en el mejor de los sentidos. Nos explicamos.
¿De qué va?
Nueva York hoy. Tras un encuentro fortuito, Mina y Jude se conocen y comienzan un historia de amor que desemboca en boda y embarazo. Tras el nacimiento del bebé, Mina quiere preservar la pureza de su niño y protegerlo de la contaminación del mundo externo. Por amor, Jude la apoya hasta que, un día, descubre que su hijo no crece y que su vida corre peligro.
¿Quién está detrás?
Tras su prometedor debut con la excelente "Domicilio Privado" y el fiasco crítico y comericial que su puso la ambiciosa adaptación de "La soledad de los números primos", Saverio Costanzo endereza el rumbo, encumbrando a cotas mucho más altas si cabe, todas las alentadoras virtudes a las que su prometedora ópera prima apuntaba.
¿Quién sale?
Es otro de los grandes regalos que atesora "Hungry Hearts". Tanto Alba Rorhwacher como Adam Driver nos brindan un visceral y sobrecogedor tour de force con sus apabullantes interpretaciones. Pura y abrumadora química, tanto es así que ambos se llevaron el Premio a la Mejor Actriz y Mejor Actor en el pasado Festival de Venecia.
¿Qué es?
Una enfermiza love story de aura polanskiana y cuerpo hanekiano, en cuyo demoledor horizonte resuenan los ecos de "Anticristo" o incluso "Stockholm".
¿Qué ofrece?
Una firme candidata a brillar con luz propia en el palmarés final. "Hungry Hearts" despega y vuela alto desde su primera secuencia, el encontronazo. Un aseo de restaurante chino en el que la futura pareja se queda encerrada, acompañada por el insoportable olor provocado por la descomposición que él padece. Tratada con mucho humor pero también envueltos en un profundo hedor. Avisados estamos.
Lo que viene a continuación es el devenir de un romance que se siente volcado, ciego y profundo, pero que sin embargo, emana un aura de incisiva congoja y trágica amenaza desde las antípodas de lo maniqueo, cuyo devenir de acontecimientos no hacen más que aumentar la sensación de vulnerabilidad y desnudez en el espectador. Su atmósfera, hermética, opresiva y de una turbia opacidad, sugiere lo siniestro, aterrador y perverso, alejándola de sobremanera de manidas referencias como a las que en primera insatancia podría apuntar (es el caso de "Alabama Monroe" o "Declaración de Guerra") para adentrarse en el terreno peligroso y verdaderamente oscuro, aquel en el que reinan los jeques del mal rollo con nombre propio (en efecto, hablamos de los Roman Polanski, Lars von Trier o Michael Haneke). Y todo ello sin alardes innecesarios ni apenas golpes de efecto, aunque eso sí, propulsado por una compleja y perfecta modulación en su brillante y detallado trabajo de dirección. Saverio Costanzo vuelve demostrar su pulso tras la cámara, cuidando al detalle todos y cada uno de sus cuadros, evocando incluso a John Cassavetes en su forma de rodar, moviéndose con soltura y pasmosa agilidad por los múltiples espacios cerrados que transita (algo que ya se palpara en "Domicilio Privado") y dotando a este asolador retrato íntimo de un gran poderío visual a través de su textura granulada o su poderosa economía de recursos, atreviéndose incluso, con el reiterado (y definitivamente virtuoso) uso del ojo de pez. Un películón de esos que te deja sin respiro, de esos que de por si solos justifican nuestra asistencia a un festival (y eso que es, recuerden, de siniestro total).