Crónica SBIFF 2015: "Wet Bum" un coming of age NO al uso
Mucho cine reciente ha demostrado la gran variedad de posibilidades de presentar algo tan aparentemente manido como las inquietudes, dudas y dificultades de la adolescencia de una manera única y distinguible (véase un abanico que va de El árbol de la vida a Spring Breakers). "Wet Bum" es una nueva prueba de ello.
¿De qué va?
Sam es una chica de 14 años que está asumiendo su adolescencia con inseguridad y sin amistades. Su vida transcurre entre su cursillo de socorrismo y el hogar para jubilados regentado por su madre. El contacto con los ancianos y la ambigua relación que mantiene con su instructor determinan el ambiente en el que se verá obligada a crecer y aprender a llevar las riendas de su vida.
¿Quién está detrás?
Lindsey MacKay, ex alumna de la AFI, nos brinda su primer largometraje tras el éxito de su corto Clear Blue.
¿Quién sale?
Por encima de todo, una joya de actriz a la que no hay que perder la pista. Julia Sarah Stone ha recibido un buen número de premios y menciones (incluido el Rising Star Award en el último TIFF) con sólo 16 años. Ya llamó la atención en The year Dolly Parton was my mom y el remake americano de la serie The Killing y, para nuestro deleite, estará en Everything will be fine, la próxima película de Wim Wenders. La acompañan Craig Arnold, Kenneth Welsh y Diana Leblanc.

¿Qué es?
Un coming of age muy poco convencional.
¿Qué ofrece?
Tras una sinopsis que no se presenta especialmente seductora se esconde una perla de remarcable lucidez. Esta particular historia de crecimiento se apoya en una fotografía excepcionalmente cuidada (con tonalidades de la frialdad de Shame y un detallismo a veces propio de Malick) y una interpretación memorable para trasladar al espectador las inquietudes de la joven protagonista con una sutilidad digna de admirar (pese a algún que otro simbolismo obvio pero perdonable). MacKay juega una gran variedad de cartas: un arranque a lo Birdman, silencios y miradas dignas de un drama sueco, toques de incomodidad difíciles de tragar y mini-momentos de videoclipeo a cámara lenta con música ambient que bien firmaría Xavier Dolan hasta arriba de tranquilizantes buceando en la piscina, en medio de un arranque de soledad. La identificación de la autora con la historia resulta palpable en todo momento, lo cual despierta la empatía del público con una facilidad pasmosa. Sin lugar a dudas, altamente recomendable.