Crónica Las Palmas 2017: "Cuatreros" pasados y presentes

Autor: Álvaro Augusto

Crónica Las Palmas 2017: "Cuatreros" pasados y presentes

Un documental inclasificable, un ensayo poético, una road movie sin viaje, una anomalía fílmica. De todas estas maneras podría definirse "Cuatreros", el último trabajo de la argentina Albertina Carri. Una obra que pudo verse en la pasada edición del Festival de Berlín y que esta mañana se ha proyectado dentro de la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. La idea es ir reconstruyendo el pasado de un país, y con él, el de la vida de la propia Carri para poder entender el presente. El del país y el de la cineasta, tan profundamente ligados, tan imbricados, tan unidos por la tragedia. Pero no esperen respuestas o certezas. Este documental no las ofrece. En cambio, se adentrarán ustedes en una experiencia tan lírica como insólita, tan fascinante como sorprendente.

¿De qué va?

La historia pone el foco en la vida de Isidro Velázquez, un ladrón y secuestrador que fue buscado por la policía durante la década de los sesenta, finalmente abatido. Tras su muerte, surgió el mito. Partiendo de las palabras de su padre, el sociólogo Roberto Carri, la cineasta emprende un imposible viaje a Chaco y a Cuba en busca de una película perdida sobre Isidro, pero también de su propio vida, de sus padres desaparecidos y de la justicia que nunca tuvieron, de la familia ausente (la de los vivos y la de los muertos), del significado de la revolución y de la comprensión sobre uno mismo y sobre su tiempo, pero también sobre la historia de un país herido de muerte llamado Argentina.

¿Quién está detrás?

Albertina Carri vivió toda su vida con la dolorosa ausencia de sus padres. Desaparecieron cuando ella tenía cuatro años y sólo recuerda a los duros policías deteniéndola a las puertas de su casa y diciéndole que la llevarían a casa de sus abuelos, y la alegría que experimentó al enterarse de que vería a los ancianos, sin saber que nunca más podría volver a ver a su padre o a su madre. Esto ocurrió a finales de los setenta, durante la dictadura militar, durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Un hecho que marcó indeleblemente la vida de Albertina, que dedicó uno de sus primeros largometrajes, "Los rubios", a investigar estos hechos. Pero no como lo haría un historiador, sino más bien como lo haría un poeta, buscando las razones del horror, la relación con el presente, la creación de su propia identidad tras lo acontecido. El trabajo fue aplaudido por la crítica y tuvo un interminable viaje por festival tan importantes como el de Toronto, Locarno o Rótterdam. Esa fascinación por la historia (la de su país y la de ella misma y su familia) se repite en "Cuatreros", donde vuelve a difuminar las barreras entre el documental y la ficción, entre el ensayo y el diario, entre el cine y la performance artística.

¿Quién sale?

La permanente voz de Albertina Carri, que no cesa en un poético monólogo, que, con una exquisita voz, nos va desgranando los hechos y aportando información sobre su vida, indagando, reflexionando, siempre corrigiendo y aumentando. Una propuesta discursiva que se apoya en el uso de viejos noticiarios, olvidados anuncios, vídeos caseros, entrevistas en blanco y negro y fragmentos de películas ajenas. Una combinación de elementos disímiles pero que encajan perfectamente con el discurso del film.

¿Qué es?

Documental, diario, road movie, ensayo, performance, videocreación, poema. Una anomalía deslumbrante. 

¿Qué ofrece?

Experiencia sensorial y reflexión política. Un estudio sobre la memoria colectiva, la familiar y la personal. El documental (aunque suene osado clasificar una propuesta tan extraña y mestiza) nos relata el pasado de Argentina, el de la última dictadura militar, con el pretexto de la búsqueda de un documento sobre Isidro Velázquez, pero, a la vez, y más importante que eso, nos desnuda la vida de Albertina Carri, sus miedos, anhelos, traumas y obsesiones. Ella misma pone voz al desfile de imágenes que nos proyecta, sin seguir una lógica cronológica o narrativa, guiándose por el impulso metafórico. Así, las manipulaciones de líquidos en un laboratorio bien pueden ser una metáfora del propio veneno que parece corroer a la cineasta, tan hastiada como desesperada por su pasado(un fantasma que le atormenta) y su presente (un cadáver sin demasiada posibilidad de revivir). Su desconcierto y confusión son el desconcierto y la confusión de todo un país. Y sus explicaciones sirven tanto para ella misma como para toda Argentina. Y es que la desaparición de sus padres es la herida que el país de Borges o Adolfo Bioy Casares parece no superar. Algo parecido nos pasa a nosotros con el franquismo. Cada pueblo tiene su lesión, su corte, su arañazo. Y a pesar del intento de curación, al final, como siempre, solo quedan el ruido y la furia. Y entre ambos, ella, Albertina Carri, en pie y aún buscando algo de justicia, de comprensión y entendimiento. Ojalá que los encuentre.



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