Crónica Donosti 2014: "La Tercera Orilla" muestra la grandeza que ya atisbó Scorsese

Fuente: Joan Sala (filmin)

Para hablar de "La tercera orilla" y su responsable, la argentina Celina Murga, es preciso empezar por Martin Scorsese. El director de "El lobo de Wall Street" quedó tan impresionado por su trabajo en "Una semana solos" (2007), que le invitó a pasar 7 siete semanas en el set de rodaje de "Shutter Island". Tras competir en Sección Oficial de la última Berlinale, hoy hemos podido comprobar de primera mano cuales son las virtudes que llevaron al ilustre realizador norteamericano a confiar en el gran talento de la directora argentina. Horizontes Latinos también nos ha dado buena cuenta de ello.

¿De qué va?

Es la historia de Nicolás, un adolescente de 17 años que vive en una pequeña ciudad en Argentina. Su situación familiar es muy particular. Jorge, un médico influyente de la zona, mantiene dos vidas paralelas. Una es la que comparte con su familia oficialmente reconocida. La otra es la que sostiene con una segunda mujer, la mdre de Nicolás, con quien ha tenido tres hijos, pero a quienes no reconoce socialmente. Nicolás es el mayor de ellos. Sin embargo, Jorge ha decidido que Nicolás sea su sucesor en los negocios y en su profesión. Día a día lo presiona sin darle lugar a una palabra.

¿Quién está detrás?

Un discípulo aventajado de Martin Scorsese

¿Quién sale?

El debut del joven Alain Devetac es otra de las grandes noticias que nos da "La tercera orilla". Él solo es capaz de llevar el peso de toda la película con una interpretación gestual, simple y llanamente descomunal.

¿Qué es?

Otra de nuestras grandes favoritas para destacar en el palmarés final.

¿Qué ofrece?

"La tercera orilla" es una de esas películas que se hace grande y asombrosamente compleja partiendo desde la aparente simplicidad, desde la más absoluta humildad y ante todo, desde un elocuente y deslumbrante talento. Su discurso yace en la constante sugerencia, en aquello que no se muestra pero si late de forma incisiva y penetrante, dejando en manos del espectador la construcción de su trama y la identificación del contexto en que se mueve cada uno de sus personajes. Valiéndose únicamente de unas portentosas interpretaciones (con el joven Alain Devetac a la cabeza, cuyo imponente gesto prevalece en todo momento sobre la palabra), obviando la música pero creando una atmósfera incómoda y absorbente, Celina Murga atenta contra el rol machista y patriarcal que aún se da, y lo que resulta más preocupantemente aún, se acepta y normaliza en nuestra supuesta sociedad de la tolerancia y la igualdad. El hombre como cabeza de familia y macho primitivo. Aquel cuya función y motor de vida es la de amamantar a la familia partiendo desde su impuesta e intimidante superioridad, desde su despreciable egoísmo y libre albredío. Y todo bajo la sometida aceptación de la mujer y el resto de la familia, que es lo que realmente perturba y sacude a nuestro joven protagonista.

Roles arcáicos y retrogrados de preponderancia viril y dependencia familiar que de una vez por todas se deberían erradicar. Algo que Celina Murga nos recuerda dirigiendo con sólido pulso narrativo, con reveladora inteligencia, loable conciencia social, y por descontado, con una sutilidad que en la sección oficial de esta Berlinale brilla por su ausencia. La suya es una estimulante mirada que cumple a todos los niveles. Volando bajo se puede llegar muy alto. Es algo que "La tercera orilla", aquella a que hace tiempo deberíamos haber alcanzado, pero a la que nunca llegamos, nos recuerda. Con mucho aplomo y sin caer nunca en el subrayado, demostrando la grandeza que ya atisbó en su día el maestro Scorsese, es una película tan contundente como delicada que bien merece su debido reconocimiento premio. Ojalá así sea.

 

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