Crónica Donosti 2013: "For those who can tell no tales" la Coixet de los Balcanes vuelve a la carga
Allá por el 2006, una desconocida Jasmila Žbanić causaba sensación en el Festival de Berlín. No era para menos, suyo fue el premio gordo en forma de Oso de Oro. La película en cuestión, "Grabvica, el secreto de Esma", un film impreganado de denuncia social, profunadamente humanista, en el que mostraba una gran capacidad para conjugar una estimulante ternura y una sutil compasión con un discurso desgarrador, punzante, que destapaba con gran atino las miserias, las consecuencias, de la matanza perpetrada por los serbios sobre el pueblo bosnio-herzegovino.
Pues bien, tras optar a la Espiga de Oro con su segundo film, "En el Camino", y nuevamente con la Guerra de los Blacanes de trasfondo, la ya consolidada directora balcánica vuelve a la carga con "For those who can tell no tales". Ya se sabe, como quien dice, no hay dos sin tres.
¿De qué va?
Kym, una turista australiana, decide viajar a Bosnia. Su guía de viajes la lleva hasta Visegrado, una pequeña ciudad llena de historia en la frontera entre Bosnia y Serbia. Tras una noche de insomnio en el "romántico" hotel Vilina Vlas, Kym descubre lo que sucedió durante la guerra. Ella ya no podrá ser una turista ordinaria y su vida nunca volverá a ser la misma.
¿Quién está detrás?
La Isabel Coixet de los Balcanes.
¿Quién sale?
Como si de Sarah Polley en "Mi vida sin mí" se tratara, la australiana Kym Vercoe acapara tanto la historia como la cámara. Y eso que estamos ante su debut en la gran pantalla. Lo suyo es la escena teatral.
¿Qué es?
Un spin off de "La vida secreta de las palabras".
¿Qué ofrece?
La Guerra de Bosnia resucitaba el fantasma del genocidio étnico 20 años atrás, provocando una masacre de horror cuyas atroces consecuencias no solo han arrasado con miles de vidas humanas, también con todo posible rastro del sufrimiento, la tortura, la violencia, o definitivamente la muerte, que tanto ha golpeado el pueblo herzegovino a lo largo de tan extenuante y demoledora batalla. Es lo que nos muestra la nueva película de Jasmila Zbanic, una ficción que se articula con clara vocación documental, que trata de golpearnos con el terror partiendo desde la paz y la tranquilidad. Un sugestiva intención que lamentablemente no acaba por culminar, revelándose en un drama mucho más insípido y predecible que turbador y penetrante. Una mirada loable y concienciada, que atenta contra el olvido de la guerra, que tiene como principal virtud la sutilidad y su capacidad de sugerencia, pero no lo suficiente como para ser conmovedoramente recordada.
Nota: 6.0 / 10