Crónica DocumentaMadrid 2015: Toma Dos
Se acabaron las dosis de realidad. Se agotaron las historias que ponen el vello de punta. Ya no podremos permanecer con los ojos como platos ante narraciones sobrecogedoras. Se acabó aquello de oprimir el reposabrazos por culpa de la tensión de un DocumentaMadrid que finalizó el pasado domingo. filmin ha sido testigo privilegiado de lo más destacado que se ha proyectado en el festival, por eso queremos continuar con aquella crónica que empezamos días atrás. Aquella que os dejó con la miel en los labios y con ganas de saber más.
THE SEVENTH FIRE
A Rob le queda una semana de permiso antes de que sea puesto entre rejas. Saborea los últimos soplos de libertad como muchos lo haríamos: en compañía de familia y amigos. Pasar 57 meses privado del calor de los tuyos, apretujado entre las paredes de una celda que se achica, se antoja como algo inhumano. Pero nada de eso le resulta nuevo al jefe de una banda de indios nativos americanos residentes en White Heart, una reserva de Minnesota ubicada en Pine Point. Sin embargo, Rob conoce demasiado bien los grilletes y los barrotes, los lechos duros y las noches frías abrazado a sus remordimientos.
Kevin está en el umbral de la vida adulta. Sus aspiraciones se encuentran a años luz de las universidades y los trabajos honrados. La máxima ambición de este joven delincuente es la de erigirse como el sucesor de Rob, mentor y amigo. Jugar a ser gánster hasta que el tiro sale por la culata para correr la misma fortuna que su maestro.
"The seventh fire" lleva al espectador hasta el seno de una comunidad india americana, donde el tráfico de drogas y el crimen están a la orden del día. Incluso al alcance de los más pequeños, de aquellos que todavía no tienen la capacidad de discernir entre el bien y el mal. La conciencia de Rob se retuerce entre la culpa de los delitos que ha perpetrado, sabedor de las faltas cometidas. Más allá de los muros de la cárcel dejará a una mujer embarazada. Abandonará a una banda huérfana, sin líder. Por otro lado, Kevin tiene el futuro entre sus manos. Se le ofrece la posibilidad de cambiar, de que su vida adopte un giro copernicano en busca de metas más honestas. Jack Pettibone Riccobono, director de la cinta, se parapeta detrás de un objetivo que se cuela entre la intimidad de una familia desestructurada. Los protagonistas se desnudan ante la cámara para que descubramos confidencias y miedos sin disfraz ni embozo. El realizador incluso presta su cámara a Rob y su familia para que el público presencie los instantes de mayor fragilidad. Cuando la tragedia roza lo inverosímil por culpa de una cultura desconocida. Es la historia de dos personas que caminan por la cuerda floja, donde jugarse el pellejo equivale a una forma de vida desprovista de cualquier costumbre atávica. Hasta que llegue el tiempo del séptimo fuego y se cumpla la profecía, aquella que dice que con el ardor de la llama un nuevo pueblo emergerá para retomar la sabiduría que fue dejada atrás.
TELL SPRING NOT TO COME THIS YEAR
Se alzó con el primer premio del jurado de DocumentaMadrid y lo hizo por méritos propios. Nada se le puede reprochar a una cinta que traslada al público hasta la primera línea de combate, donde el instinto de supervivencia depende de empuñar un fusil y de camuflarse entre ciudades ruinosas. Una historia de tintes bélicos que rezuma humanismo a raudales. Saeed Taji Farouky y Michael McEvoy dedicaron un año de sus vidas en acompañar a una de las brigadas del Ejército Nacional Afgano a luchar contra el terrorismo, un acercamiento arriesgado hacia las motivaciones de dos soldados empujados hasta el frente por convicciones inquebrantables. Un documental que tiene forma de reportaje de guerra, que no escatima en la dureza de sus imágenes y que desprende adrenalina a lo largo de todos sus pasajes.
"Tell spring not to come this year" cuenta una historia sobre la soledad, la de aquellos que duermen en la intemperie con un ojo entornado. La de aquellos que se han acostumbrado al sonido atronador de las bombas y a arrastrarse sobre la arena con el aliento entrecortado. Aunque su título pueda albergar algún rastro poético entre sus sílabas, este documental sobre la abnegación del soldado no está interesado en captar lo hermoso de la guerra, pues ningún conflicto es bonito. Es una película que pretende retratar cómo el compañerismo entre semejantes es indispensable cuando las balas rozan uniformes deshilachados. El valle del río de Gereshk es considerada una de las regiones más peligrosas de Afganistán, donde la aridez del desierto se funde con la escasa vegetación de la zona, así como también entran en colisión las esperanzas de un joven cabo con la testarudez de un capitán excesivamente riguroso.
La cámara al hombro durante todo el metraje del film para seguir a unos hombres que tal vez nunca vuelvan al hogar tras cada refriega. El objetivo de Farouky y McEvoy no es cobarde, antes todo lo contrario. No se esconde entre la maleza mientras los militares pugnan por su vida para poder contárselo a los suyos, para permanecer vivos durante una enésima escaramuza. La cámara es más que atrevida. Es osada. Su temeridad hace que el aparato se pierda entre balazos y nubes de polvo, guiado por la respiración agitada de quienes saben que el país está infestado de talibanes que tratan de destruir lo que ya son escombros. Las vivencias de unos soldados que habitan en un territorio sombrío a pesar de la luz cegadora del desierto. Aislados, desamparados. Sus vivencias se paladean como un plato amargo, pero de obligada degustación.
DESDE QUE EL MUNDO ES MUNDO
El retorno a los orígenes. Una fe ciega en las tradiciones hereditarias. El redescubrimiento del mundo rural como única salvación posible ante una crisis que causa estragos en las grandes urbes. Gonzalo lleva una vida exenta de lujos, apenas conoce la opulencia. Es un hombre sencillo que sigue costumbres sencillas, alguien que intenta prosperar en un entorno que exige un tremendo sacrificio. La profesión de agricultor no puede tomarse a la ligera, resulta casi insultante frivolizar sobre un oficio que requiere una entrega absoluta. Desde que el mundo es mundo nos descubre los entresijos de una vida dedicada al campo. Vamos de la mano de Gonzalo para saber lo que significa levantarse antes de que despunte el alba para recorrer tierras fértiles, para encaramarnos a un tractor o para saber cómo se aprovechan todas las partes del cerdo.
Valdocondes es un pueblo minúsculo ubicado en la Ribera del Duero, en el norte de Castilla. Una aldea carente de población juvenil, la cual se ha visto obligada a abandonar su tierra natal por culpa de una depresión económica que se ceba con los más desvalidos. Un pueblecito donde no se crea empleo. Un sitio desprotegido ante los guantazos que propina la crisis. Y en medio de un panorama devastado, Gonzalo prosigue con la rutina que siempre ha marcado sus días. Un hombre humilde, pero de enorme sabiduría popular. Alguien que vive de lo que siembra, que disfruta lo que hace aunque tenga que permanecer largas horas encorvado, con la frente perlada de sudor a merced del sol. Cuando los puntos neurálgicos de la sociedad parecen concentrarse en las ciudades, Gonzalo nos recuerda que la vida empieza a partir de los que nos regala la tierra. De ella dependemos aunque se nos olvide. Porque si escarbamos en nuestras vidas y nos liberamos de la capa material que nos envuelve, hallaremos las raíces que nos atan a la naturaleza. Günter Schwaiger nos regala una historia reflexiva, atestada de silencios y de atmósferas limpias. Un retrato entrañable sobre lo que significa llevar una vida austera. Una realidad demasiado próxima, aunque se antoje de otro mundo.