Crónica Cannes 2014: "Lost River" Ryan Gosling experimenta, transgrede y fabula
Wim Wenders, Nicolas Winding-Refn, Willem Dafoe o incluso el presidente de Fox, son algunos de los ilustres nombres que se encontraban entre el público de la sala. No es para menos, Ryan Gosling debuta tras la cámara compitiendo en Un Certain Regard. Desde la más absoluta fascinación a una implacable aversión, este delirante mash up de referencias que van desde Harmony Korine a David Lynch, pasando por Benh Zeitlin, el propio Winding Refn o incluso Lee Daniels, provoca de todo, menos la indiferencia. Para bien o para mal, "Lost River" dará que hablar.
¿De qué va?
En una remota e imaginaria ciudad abandonada, rodeada de un entorno surrealista, la vida se desvanece. Billy, madre soltera con dos hijos, cae poco a poco en las redes de un mundo macabro y sombrío. Mientras su hijo descubre un camino secreto hacia una ciudad subacuática, la familia entera se ve arrastrada a un macabro submundo de fantasía.
¿Quién está detrás?
Ryan Gosling presenta credenciales para llevarse la Cámara de Oro. No por perfección ni aplomo, más bien por valentía y arrojo. En una ópera prima hay que experimentar creyendo de lleno en lo que uno idea y plantea. E Independientemente de que su resultado apasione o aborrezca, es lo que el actor, y ahora director, ha hecho. Y de cabeza.
¿Quién sale?
La siempre despanpanante Christina Hendricks, o nombres de primera plana como Saoirse Ronan, Ben Mendelsohn, Eva Mendes, Matt Smith o el francés Iain De Caestecker forman su atractivo elenco.
¿Qué es?
Un mash up de referencias que van desde Harmony Korine a David Lynch pasando por Benh Zeitlin, Nicolas Winding Refn o incluso Lee Daniels.
¿Qué ofrece?
Bordeando el despróposito, lo esperpéntico o incluso el ridículo, Ryan Gosling logra sin embargo, una ópera prima digna de elogiar como tal. Si por algo podemos valorar un debut directorial, independientemente del aplomo de su resultado final, es la valentía, el riesgo, o la seguridad en uno mismo que su propuesta pueda emanar. Valores que precisamente, bien podemos atribuir a la imaginativa y descarada ópera prima del protagonista de "Drive". Si algo queda claro, es su firme apuesta por lo estético para incurrir en lo fabulesco. Apoyándose en el fascinante y arrebatador objetivo del director de fotografía de "Spring Breakers" y "Enter the Void", Benoît Debie, Gosling plasma en apabullantes imágenes un cuento narrado a través de texturas, sonidos, luces, sombras o una omnipresente banda sonora que transita composiciones fotográficas que se revelan tan hermosas como dementes, tan fascinantes como definitivamente rebeldes.
Como en todo simple cuento de cama que se tercie, partiendo del más absoluto surrealismo, "Lost River" presenta a su héroe y princesa, al villano de turno, o en este caso, ya no tan mítico, un maléfico templo en el que lo sangriento y sádico forma parte del espectáculo. Estamos en un (no)lugar en ruinas, allá donde solo nacen malas hierbas y no hay posibilidad de regeneración alguna. Es decir, U-S-A, o lo que es lo mismo, la onírica excusa para que Ryan Gosling despliege con todo tipo de estimulantes concesiones, un pomposo y arrebatador dispositivo formal que bien puede epatar, pero también envolver y empapar. Y es que, al igual que ya hicera Benh Zeitlin con sus "Bestias del Sur Salvaje", su debutante director parte de un cautivador y feroz imaginario para destapar esplendor, poderío y belleza, allá donde solo encontramos mugre, miseria y mierda. El suyo no es un film de escuadra y cartabón, tampoco un debut cualquiera. De lo errático y descerebrado puede acabar surgiendo el genio. "Lost River" nos da atisbos de ello, partiendo del más irreverente riesgo. Bienvenido sea, la Cámara de Oro podría tener dueño. Bien podríamos estar ante una obra de futuro culto.