Crónica Berlinale 2015: "Under the electric clouds" a bailar
A lo largo de siete espisodios, el ruso Alexey German Jr. condensa el devastador estado espiritual de su Rusia natal en una obra monumental rodada a través de largos planos secuencia y una danza fluídamente coreografiada entre personas y cámara. "Under the electric clouds" presenta su candidatura al Oso de Oro. A bailar.
¿De qué va?
Rusia, 2017. El mundo podría estar al borde de una gran guerra. Vagando por los alrededores de una tierra de nadie que luce un edificio inacabado o incluso la gigantesca figura de un caballo de metal, un grupo de marginados lucha por hacerse un hueco en una sociedad cambiante.
¿Quién está detrás?
Aleksey German Jr., hijo del emblématico director de culto ruso, Aleksey German, quien nos dijo adiós, no sin dejar como legado su gran obra maestra: "Hard to be a God" (2013)
¿Quién sale?
Un reparto excelso y coral que da forma a una maravillosa coreografía interpretativa liderada por los hijos de un arquitecto difunto que les toca lidiar con su legado, un trabajador de Kirguistán que extraña a su tierra pero sobre todo a sus colegas, o un guía turístico que en su día estuvo junto Yeltsin en las barricadas en Moscú. Todos ellos tienen hemorragias nasales inexplicables. Por algo será.
¿Qué es?
Algo así como un cruce distópico entre Theo Angelopulos y Roy Andersson que funciona como el complemento perfecto para "Leviatan".
¿Qué ofrece?
De tal padre, tal hijo. Alexey German Jr. demuestra tener la lección bien aprendida, y con "Under the electric clouds", roza cima a través una distopía futurista de gran poderío simbólico y metafórico. Un monumental destilado del cine postapocaliptico que se suspende y levita en el tiempo y el espacio, rompiendo toda lógica de las mismas, condensando ambas en una desolada Rusia, mostrándonos, más bien imaginado y ensoñando, que es lo que viene después de la destrucción, cuando ya ni tan siquiera queden ruinas, tampoco rastro alguna de la emblemática arquitectura de un pais que representa tanto el pasado, como su presente y en este caso, no futuro. Es decir, va un paso más allá de la ciencia ficción apocalíptica para articular una reflexión tan arrebatadora como devastadora, sobre el rumbo autodestructivo al que parece estar avocada la sociedad y política rusa.
Fondo tan estimulante como desolador, al que "Under the electric clouds" da forma valiéndose de una narrativa circular que se sustenta sobre contenidos planos secuencia que estructuran una danza fluídamente coreografiada entre el retrato caleidoscópico de sus múltiples personajes y robusta cámara. Y lo hace introduciendo arriesgados elementos de ruptura narrativa como los son sus sugerentes retazos de humor absurdo, estimulantes anacronías (estamos en el 2017 y habla Gorbachov), desconcertantes referencias pop (como mismamente el videojuego "Fallout" o "Juego de Tronos") o alusiones musicales que van desde Mozart a Metallica. Gran variedad de recursos de los que además, de forma valiente y radical, se sirve para no caer en la tentación del efectismo. Porque como verdadera meta solo tiene una, y la cruza evitando el empleo de la banda sonora, valiéndose de espacios abiertos en los que apenas introduce elementos que roben el protagonismo en el cuadro a todo aquello que verdaderamente le importa: su poética, más bien filosófica visión, de un futuro extremadamente desesperanzador.
Un concepto ambicioso, genial y maravilloso que, sin embargo, no es capaz de culminarlo en esa obra maestra que sin tapujo alguno anhela. Referentes obvios como su propio padre o los maestros Roy Andersson y Theo Angelopoulos, dan buena fe de ello. "Under the electric clouds" es un film grandioso, muy valorable como ejercicio de riesgo, que sin embargo, peca de regodearse en su propio concepto. Defecto que no por ello evita que, junto a "El Club", "Knight of Cups" y "45 years", estemos ante otra de nuestras principales favoritas para llevarse el premio gordo, el ansiado Oso de Oro. Y eso que todavía queda.