Crónica Berlinale 2015: “Big father, small fathers and other stories” Apichatpong family

Fuente: Joan Sala (filmin)

Siguiendo la estela del cine sensible, elíptico y atmosférico de Apichatpong, Tsai ming-liang, o Tran Ang Hung, la película vietnamita “Big father, small fathers and other stories” logra todo aquello que sus paisanas orientales (es el caso de la china “Gone with the Bullets” o la japonesa “Chesuke's Journey”, ambas programadas en Sección Oficial) no han conseguido. Empezando por presentar las mínimas credenciales necesarias para competir por el Oso de Oro en toda una Berlinale.

¿De qué va?

A mediados de los 90 en Vietnam el joven Vu, un estudiante fotógrafo, decide emigrar del campo a la ciudad de Saigón. Allí conoce a Thang y a sus dos hermanos, un joven que vive de forma intensa la noche vietnamita, y del que se enamora perdidamente. Todos ellos se verán obligados a escapar al Delta del río Mekong, donde vive el padre de Vu, tras ser perseguidos por una banda de mafiososo a quienes deben dinero por tema de drogas.

¿Quién está detrás?

Phan Dang Di, viejo conocido de L'Alternativa, cuya "¡No te preocupes, Bi!" pudimos disfrutarla en filmin el pasado año.

¿Quién sale?

Nombres difícilmente pronunciables en boca aunque muy disfrutables en pantalla como los de Do Thi Hai Yen, Nguyen Ha Phong, Le Cong Hoang o Truong The Vinh. Tal y como su título bien sugiere, todo queda en familia.

¿Qué es?

Sigue la singular estela del cine atmosférico de Apichatpong, Tran Ang Hung o Tsai Ming-liang

¿Qué ofrece?

A camino entre el drama existencial y la denuncia social, entre el despertar sexual, las relaciones de amistad, la droga, la noche y el conflicto familiar, bien podríamos señalar “Big father, small fathers and other stories” como una entrañable, hermosa e igualmente transgresora love story que es digna heredera del cine de los maestros paisanos (orientales) que conscientemente evoca, como es el caso de Apichatpong, Tran Ang Hung o Tsai Ming Liang. Y lo es por su descaro y necesaria mano para bordear el agerrido drama del que se envuelve de forma sutil, sensible y definitivamente elíptica, incluso metafórica, sin incidir ni penetrar directamente en él, como puede ser a la hora de romper con lirismo y fuerza hipnótica los tabús que en Vietnam lamentablemente siguen atentando contra la homosexualidad. También a nivel formal, por su capacidad para aunar de forma mágica y arrebatadora la vida urbana con la naturaleza en la que se suspende, o a nivel de trama, gracias a un maravilloso empleo de la elipsis, que deja en manos del espectador completar, o no, los múltiples recovecos que deja sin descifrar. Un mirada de mucha personalidad, pero ante todo articulada con tacto, sensibilidad y estimable inteligencia emocional, estamos ante una digna responsable de clausurar la lucha por el Oso de Oro. Una reivindicable obra gracias a la que despedimos Berlín con buen sabor de boca, pese a la ramplona sección oficial en la que se enmarca.

Publica un comentario

unnamed

Sin comentarios