Crónica Berlinale 2015: "A Minor Leap Down" el cine iraní que vería Larrain, incluso Haneke

Fuente: Joan Sala (filmin)

El cine iraní ya no es lo que era, y que nadie se equivoque, lo afirmamos en el mejor de los sentidos posible. Siguiendo la estela de Ashgar Farhadi y su "Nader y Simin", este año disfrutamos en Venecia la excelente "Melbourne", sin olvidar la incursión en el género vampírico a cargo de la genuina "A girl walks home alone tonight" en Sitges. 

Señales de cambio que no podemos pasar por alto, de que algo está pasando. Y eso no es precisamente que el cine iraní se despoja de la denuncia social y política que históricamente tanto lo ha caracterizado, sino que al fin profundiza en su complejidad narrativa, artística y definitivamente creativa. Pues bien, la excelente y brutal "A minor leap down", probablemente el mejor título visto en Panorama, sigue esa misma senda. Toca celebrarlo.

¿De qué va?

Nahal tiene treinta años y se encuentra en su cuarto mes de embarazo. Durante un chequeo médico rutinario se entera de que su bebé ha muerto en el útero y de que tiene que abortar en dos días. Cuando se trata de abordar el tema, ni su madre ni su esposo le da la oportunidad de hablarlo y contarlo. Ella sabe que su familia va a obligarla a volver a tomar el medicamento antidepresivo que empezó antes de su embarazo. De buenas a primeras la joven parece retomar su vida diaria como antes, pero su silencio pronto se convierte en rebelión.

¿Quién está detrás?

Hamid Rajabi se postula como un imprescindible referente del nuevo cine iraní.

¿Quién sale?

Negar Javaherian, protagonista de "Melbourne" y "Tales", embarcada en un demoledor tour de force. Estrella.

¿Qué es?

El cine iraní más universal, el que vería Larrain, incluso Haneke.

¿Qué ofrece?

Un estudio complejo y hermético de la represión a la que se ve condenada la clase media iraní, a partir de una crisis personal, una mirada agresivamente introspectiva y formalmente austera, que no da pie a la posible condescendencia. "A minor leap down" nos presenta una mujer que de forma abruptamente anárquica decide tomarse la justicia por su mano ante la crisis existencial que le provoca someterse a un aborto inesperado, conflicto que le lleva a soltar lastre, a protestar a su particular y visceral manera, con todo aquel entorno que le fustiga y le condiciona, que el encorseta y le vapulea. Y lo hace de la forma más sinuosa y temeraria posible, partiendo desde la afilada sugerencia, proyectando con aguda rebeldía una sensación de amenaza permanente, un estado ansioso y febril que traspasa la pantalla para erosionar y abofetear al espectador. Es el cine iraní que vería Larrain, incluso Haneke, nuestra gran favorita para llevarse el premio gordo en Panorama. Ojalá así sea.

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