Crónica Berlinale 2014: "The Grand Budapest Hotel"

Fuente: Joan Sala (filmin)

Son muchas, inagotables, prácticamente inabarcables, las inconfundibles señas de identidad que encontramos en la última y recién estrenada película del director de "Los Tenembaums". Quizá sea ésta su gran virtud, pero también su principal problema. la Berlinale 2014 abre sus puertas, Wes Anderson nos las abre de su "Grand Budapest Hotel".

¿De qué va?

"The Grand Budapest Hotel" nos contará la historia de un legendario conserje y su peculiar relación con uno de sus empleados (y entrañable protegido) en el famoso European Hotel durante el periodo de entre guerras. La historia traerá consigo la recuperación de una valuosa pintura del renacimiento, la lucha por una grandiosa herencia familiar y los principales cambios sociales que transofrmaron Europa durante la primera mitad del siglo XX.

¿Quién está detrás?

Tras inaugurar hace un par de años Cannes con su anterior film ("Moonrise Kingdom"), Wes Anderson vuelve a ejercer de maestro de ceremonias, aunque esta vez para la Berlinale, y a competición oficial. Valor seguro.

¿Quién sale?

Con Ralph Fiennes como amo de llaves, el Hotel Grand Budapest cuenta con ilustres huéspedes como Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Willem Dafoe, Adrien Brody, Edward Norton, Harvey Keitel, Jason Schwartzman, Owen Wilson, Bill Murray, Mathieu Amalric, F. Murray Abraham y Jude Law. Todos ellos lucen sus mejores galas (aunque en muchos casos sea de forma breve) en lo nuevo del director de "Los Tenembaums". Nadie desentona, o mejor dicho, todos dan la nota. Sobre todo Willem Dafoe. Él es, con el permiso de Harvey Keitel, la verdadera estrella de la función. Y por cierto, no hay nadie que habitualmente no hable mirando a cámara. Es otro de los distintivos (en este caso llevado al extremo) de Wes Anderson.

¿Qué es?

Wes Anderson sobrado de estilo pero falto de magia

¿Qué ofrece?

"The Grand Budapest Hotel" presenta su particular árbol genealógico en tres diferentes generaciones (cada una individualizada variando diferentes aspect ratios), y nuevamente lo hace desde esa preciosista y modernista mirada pop (en este caso, la de un lobby boy) que vuelve a encandilar por el legitimado y seductor manierismo de su director. El problema, y más grande de lo esperado, es que también desilusiona por volverse plana e insípida en su profundidad de trama. Tanto visual como estéticamente, "The Grand Budapest Hotel" resulta atolondradamente maravillosa, el problema es que ese formalismo extremo de tan genuino estilo, se impone en exceso a esa épica peculiarmente destilada que articula. Wes Anderson vuelve a ensamblar un irresistible tableux vivant que sonríe a ritmo de humor deadpan, que funciona en forma de viñetas, pero no liga a nivel de historia. Pese a sus muchos puntos en común con "Moonrise Kingdom", la melancolía adulta que lo empapa, no logra absorber ese halo de irresistible magia y fantasía en la que basculaba la romántica infancia que mitificaba a su antecesora. Pese a revelarse (y superar por momentos) ese embriagador troquelado artesanal que hizo de "Fantástico Sr. Fox" una obra maestra, narrativamente no resulta tan ágil, sólida e irresistible, como resultó ser su cautivadora incursión en la animación.

Aquí no hay empleo del stop motion, pero como si lo hubiera, y es que al reservar habitación, el enganchón se torna en trompicón. Tanto para bien como para mal, el libérrimo elogio de lo naif que tanto distingue su obra, encumbra cima en "The Grand Budapest Hotel". Su sofisticada, jocosa y socarrona puesta en escena epata, divierte y sorprende, aunque en este caso, no tiene un cimiento sólido que lo sustente. Casualidad o no, el teleférico es el único medio posible para llegar a tan suspendido y remoto hotel. Por ubicación y servicio, sin embargo, visitarlo sigue siendo una estimulante obligación para todo fan de Wes Anderson. Es un divertimento más insustancial de lo esperado, pero que al fin y al cabo cumple 'divirtiendo'.

 

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