Crónica Berlinale 2014: "Beloved Sisters" menage a trois fuera de época

Fuente: Joan Sala (filmin)

Principal referente del cine negro alemán contemporáneo, el experimentado Dominik Graf es el nombre más ilustre y estimulante nombre de cuantos alemanes se presentan en esta Berlinale. Lamentablemente, no ha sido el caso de Beloved Sisters", un monótono menage a trois que se siente tan fuera de época, que no tarda en acabar por sucumbir ante ella.

¿De qué va?

1788 en Rudolstadt, una pequeña ciudad rural de Alemania. La guapa Caroline von Beulwitz está infelizmente casada, anhelando amar y vivir. Charlotte von Lengefeld, su tímida hermana, sueña con encontrar un marido. Las dos son un solo corazón y una sola alma, hasta que él entra en sus vidas: Friedrich Schiller, el hombre que escribió "The Robbers", que se convirtió en una sensación de la noche a la mañana, y adalid de los ideales republicanos protorrevolucionarios. Durante el cálido verano, las dos mujeres compiten por él.

¿Quién está detrás?

Principalmente aclamado por su aportación al noir alemán, Dominik Graf ha dirigido más de cincuenta trabajos para cine y televisión, entre ellos The Year of the Cat (1988), The Invincibles (1994) o The Red Cockatoo (2006).

¿Quién sale?

Los tres vértices del triángulo amoroso son la protagonista de "Cuatro minutos", Hannah Herzsprung, a quien también vimos en "RAF" y "The Reader"), Henriette Confurius y Florian Stetter ("sophie Scholl", "Los últimos días").

¿Qué es?

Un menage a trois fuera de época

¿Qué ofrece?

"Beloved Sisters" abre fuego con un comienzo tan insólito para el tipo de cine (el de época) en el que se enmarca, que hasta promete. El embriagador amor que se profesan dos hermanas, y que asimismo, ambas profesan por un mismo hombre, conforma el triángulo amoroso que vivimos a lo largo y ancho de sus tres exhaustivas horas de metraje. Lo que apunta a un risueño libertinaje, a una estimulante combinación de onirismo y poesía, de drama y romance, que sugiere ser propulsado por embriagadoras fugas existenciales, acaba por resultar excesivamente solemne, tediosamente comedido y anquilosadamente rígido. Y por si fuera poco, exasperadamente largo. Dominik Graf juega con fuego y se acaba quemando con una obra a la que le sobran aires de grandeza, en la que la empatía que en un principio transmiten sus personajes, acaba por sacudirnos con la más gris y monumental apatía. Y precisamente no es que llegue a ella a través de la sobrecogedora conmoción, más bien por la falta de vértigo y emoción.

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