"Corazón gigante" juntos en la soledad
¿De qué va?
La historia de Fusi, un introvertido cuarentón, aun vive con su sobreprotectora madre. Pasa sus días entre el trabajo en un aeropuerto, y sus juegos con maquetas recreando famosas batallas. El día de su cumpleaños su madre le regala un cupón para acudir a una escuela de baile. Allí conoce a Sjöfn, otra alma solitaria como él. El encuentro con esta mujer vitalista y con una niña de ocho años le obligan a dar el gran salto.
¿Quién está detrás?
Tras una pausa de seis años desde su última película, "Un buen corazón", una producción internacional que contaba con un emergente Paul Dano y el veterano Brian Cox, Dagur Kári regresa a la fría Islandia, a sus tonos grises y azulados, y a sus personajes de pocas pero contundentes palabras. Un trabajo de cirujano que no deja marca visible pero arrebata el corazón.
¿Quién sale?
Ganador a Mejor Actor en Tribeca y Valladolid, el desconocido Gunnar Jónsson le ha dado a Dabur Kári la interpretación de su vida. Con su enorme presencia y una cara de niño grande permanente, el actor islandés nos fulmina con su mirada en cada escena que pasa. La vacuidad de sus ojos, esa soledad que carga en la espalda desde hace tanto, una sonrisa escondida cuando descubre lo que es ser querido. Caeremos en el tópico y en el chiste malo, pero Gunnar Jónsson está inmenso, y no en el sentido físico de la palabra. Un verdadero gigante por descubrir.
¿Qué es?
"Teddy Bear" sin esteroides.
¿Qué ofrece?
El ser humano contra la soledad. La soledad en pareja, en familia, en amigos. La mayoría de nosotros detestamos estar solos, o decimos que nos gusta de boquilla, de cara a la galería, pero en realidad, como dijo el claim de Lost In Translation: Everybody wants to be found. La historia que Dagur Kári nos cuenta es dura, muy dura, y más doloroso, real. Fúsi es un islandés cuarentón, con claros problemas de adaptación social, que vive con su madre, se evade recreando batallas con figuras de la Segunda Guerra Mundial y no sabe lo que es la vida en pareja o compartir un momento físico con nadie. Fúsi ve pasar la vida delante de su tazón de cereales, con rutinas tan establecidas como ir a un chino a pedir tallarines los viernes o ser la mofa de sus compañeros de trabajo por encajar en ese ente tan despiadado que llamamos sociedad. Y es que Fúsi, a pesar de su tamaño, es invisible para todos, excepto para su amigo de toda la vida y una inocente niña a la cual el mundo aún no ha corrompido, aunque lo acabe consiguiendo para cuando finaliza el metraje. A pesar de todos los golpes, los insultos y los desprecios, Fúsi sigue ayudando a aquel quién se lo pide, sin juzgar jamás a nadie, como sí hacen con él. Un verdadero altruista, de los que ya no quedan, de los realmente no piden nada a cambio porque no lo necesitan. Pero el bueno de Fúsi no está exento de los asuntos del corazón, y cuando conoce a Sjöfn también descubre ese sentimiento llamado amor, tan raro y tan confuso para este niño grande, que desconocedor de cómo funcionan estos asuntos se enfrenta a ellos con el mayor de los corazones, no siempre atinando en el resultado. Dagur Kári se deja de sentimentalismos y juicios para sacudirnos con un drama que nos atraviesa el alma y hace que miremos en nuestro interior, que haya un pequeño rayo de luz en la humanidad, porque podemos ser felices aunque no encajemos en aquello que se espera de nosotros, y que nadie debe encontrarte si no te has encontrado antes a ti mismo.
