Bertrand Bonello y su "Saint Laurent", en la pasarela
Despertando aún de ese embriagador letargo opiáceo provocado por su anterior y descomunal "L'Apollonide", era imaginar el "Saint Laurent" de Bertrand Bonello y atisbar un biopic de esencia voraz, iconoclasta y transgresora. Pues bien, muy a pesar de encontrarnos ante la versión más comedida del fenomenal realizador francés, ante una mirada que se antoja menos radical y más sofisticada, lo que su nueva película nos ofrece es un biopic rebosante de clase y elegancia. Vista en el pasado Festival de Cannes, hoy llega a nuestros ojos su primer tráiler bailando al ritmo del I put a spell on you de Screamin' Jay Hawkins. A la moda, y de los 70.
¿De qué va?
La irrupción de uno de los modistos más grandes y famosos de la historia durante una década libre y delirante.
¿Quién está detrás?
"Le Pornographer" le valió el Premio FIPRESCI en el Festival de Cannes 2001 y "Tiresia" fue candidata a la Palma de Oro en el 2003. Su trabajo se asocia a menudo al New French Extremity, es decir, cine extremo no recomendable para todos los públicos. En el caso de "L'Apollonide", su última y magnífica película (y también su última incursión en Cannes), es cine extremo recomendado para todos los cinéfilos. En este sentido, "Saint Laurent" es quizás uno de los films más accesibles y menos radicales de Bertrand Bonello, pero no por ello menos interesantes. Quien escribe, por cierto, es Thomas Bidegain, guionista habitual de Jacques Audiard, como ha sido en el caso de "Un Profeta" y "De Óxido y Hueso".
¿Quién sale?
Gaspard Ulliel (para muchos el nuevo Hannibal) cala hondo en la piel de Yves Saint Laurent con una interpretación muy gestual y marcada, aunque ello no quiere decir que peque de sobreactuada. Su correspondiente séquito lo confirman un siempre acertado Jérémie Renier como su eterno socio y pareja, Pierre Bergé, una arábica Léa Seydoux en la piel de su inseparable Lolou, reina del turbante, o Louis Garrel como su amante en el lado oscuro en un papel que se antoja hecho a su medida. Las apariciones puntuales de Valeria Bruni-Tedeschi, Brady Corbet y el vacilón cameo del propio Bonello ponen la guinda.
¿Qué es?
Quien lo diría, estamos ante un Bonello que llegará al gran público.
¿Qué ofrece?
Pese a su empaque y sobriedad, estamos ante una narrativa ágil e ingeniosa. Pese a la linealidad cronológica que sigue en sus primeros dos actos y provocar a lo largo de su magnético recorrido la equívoca sensación de que estamos ante una muestra biográfica rodada al uso, su pomposa mirada y vigoroso montaje, así como su cuidadosa y detallada puesta en en escena, nos recuerda que no es el caso. Sustentándose en un innegable poderío de lo estético y un prodigioso manejo de esos recursos audiovisuales que lo hacen distintivo (el descomunal empleo de la pantalla partida vuelve a lucir como otro elemento insondable de su cine, en este caso haciende referencia directa a los cuadros de Piet Mondrian), construyendo momentos musicales de insobornable carisma, Bonello nos sumerge en esa libre y desbordada década de los 70' para retratar con ese arrojo y esa capacidad de seducción que tanto, y tan bien le caracteriza. No en vano, recorremos los años dorados de uno de los modistas más aclamados del mundo. Rodado con mucho nervio e imponente vértigo, lo nuevo del director de "Le pornographer" no llega a transgredir como la mayoría de su obra, pero tampoco ello significa que estemos ante un biopic al uso. Algo que constata su irresistible y épico tercer acto. No cabe duda, la pasarela en la que se expone y luce el "Saint Laurent" de Bertrand Bonello es de alta costura.