"Basilio Martín Patino. La Décima Carta" los trabajos perdidos
Presentado en el pasado festival de San Sebastián, de algún modo cerrando un círculo que Patino empezó a dibujar cuando ganó la Concha de Plata por "Nueve Cartas a Berta" en 1966, "La Décima Carta", que podréis degustar en filmin próximamente, es un documental profundamente naturalista que se acerca a la vida y obra de Patino desde el filtro contemporáneo de sus materiales de archivo, recuerdos, impresiones del pasado. Historia viva del Nuevo Cine Español, Virginia García del Pino se acerca al cineasta de manera libre, viva y cargada de una profunda admiración. Y este es sólo el comienzo: el proyecto Cineastas Contados se acercará a muchos otros maestros del cine español, retratados por sus émulos más contemporáneos.
Una de las muchas formas en las que puede leerse la historia del cine español trascendente es la que lo convierte en espacio de resistencia, edificación de un mundo por parte de unos autores que primero lucharían contra las desigualdades sociales y económicas, luego contra una nefasta dictadura política empeñada en eliminar los espacios de libertad, y finalmente contra unas condiciones culturales e industriales no del todo afines al cine. Basilio Martín Patino organizó su espacio de resistencia y libertad en torno al collage de imágenes: costumbristas, publicitarias, castizas y con afán modernizador alternativamente... se trata de filmes realizados en la clandestinidad, en las últimas etapas del franquismo, como "Canciones para después de una guerra" o "Queridísimos Verdugos".
Pero el filme por el que quizás más se le recuerde es su película de exilio y juventud "Nueve Cartas a Berta", en la que, esta vez mediante una ficción (altamente críptica, eso sí), vuelve a filtrar la realidad española del franquismo mediante sus constantes estéticas, de montaje y guión. De aquí quiere partir García del Pino en este documental, pidiéndole a Patino que escriba la décima de las cartas, permeada ahora por el paso de los años.
Pero es precisamente el tiempo que media entre ambos proyectos lo que acaba haciendo que la carta jamás llegue a escribirse: la rutina del anciano Patino, filmada con cariño y admiración pero no ajena a los estragos que la edad acaba acometiendo en la memoria, acaba por ser la verdadera corriente vital del documental, que prefiere entregarse a la figura del cineasta, y a su desmitificadora versión de otra época, que a esquemas tradicionales o tópicos a los que nos tiene acostumbrados el documental que toma como objeto a un maestro.
Entre medias, se nos propone un recorrido por los espacios de vida y trabajo de Patino, tanto materiales como fílmicos: sus películas y las anécdotas que estas generaron, los recuerdos que contienen acerca de aquella generación de cineastas que se propusieron cambiarlo todo sin que los de arriba se enterasen, las cintas inéditas reproducidas en una vieja moviola que dan un testimonio impagable sobre una época cinematográfica de nuestro país en la que la libertad no estaba en el mundo real, sino sólo en los mundos del cine.
Hay que celebrar este documental: primero, por su valor intrínseco, el de conectar a dos generaciones de cineastas para construir un retrato sincero acerca de una época que parece que se acerca peligrosamente a la desmemoria, reflexionar sin egocentrismos acerca de un corpus de trabajo importantísimo para todos aquellos, artistas o no, que creían que otra España era posible; y segundo, y no menos importante, por ser el pistoletazo de salida del proyecto Cineastas Contados, que pretende materializar esos hilos invisibles que unen a directores como Almodóvar, Enrique Urbizu o Carlos Saura con otros como Borja Cobeaga, Daniel Sánchez Arévalo o Jonás Trueba mediante la producción de filmes que, como el que tenemos ahora entre manos, se acerquen a los maestros desde la perspectiva de los alumnos.