Almas Oscuras: los límites morales de Nicholson en "Star Vehicle"

Fuente: Joan Lafulla

Almas Oscuras: los límites morales de Nicholson en "Star Vehicle"

La búsqueda de lo imposible, por traspasar fronteras convierte, muchas veces, lo sutil en dantesco. Y "Star Vehicle", aún siendo el film menos incendiario de Nicholson, sigue su travesía particular a la caza y captura de los márgenes morales del género slash. Porque provocar, buscar la mugre humana que hay entre las uñas del cine, la miseria de lo inconcebible, de lo reprobable, es exactamente lo que sugiere ésta desproporcionada cinta. ¡Amantes del terror, suban a bordo!

¿De qué va?

Don es un simpático conductor profesional que, ahora aquí, ahora allí, se dedica a alquilar sus servicios y su vehículo a quien pueda pagar un servicio de calidad. Pero en realidad Don está pirado y su obsesión se materializa, delante de sus ojos, cuando su siguiente trabajo consista en ser el chofer particular de la famosa scream queen Riversa Red. Involucrado en el rodaje de una película slasher de bajo presupuesto, quizás esté más cerca de realizar su sueño: ser él mismo director de una buena película gore. 

¿Quién está detrás?

Hablar del director canadiense Ryan Nicholson es hablar de provocación y cine gore underground del que hace daño a la vista. Así lo apostilla su filmografía con salvajadas del calibre de "Gutterballs" o "Hanger". Sin embargo, y hasta conocer más de proyectos más actuales como Famine o su segmento dentro de la antología "The Profane Exhibit", podemos decir que con "Star Vehicle", encontramos un Nicholson en plena transición entre su clásico cine insultante y una visión más comercial y accesible. ¿Es esto obligatoriamente malo? Bueno, en lo referente a la mala baba de sus anteriores largometrajes, se nota una bajada considerable tanto del cinismo de autor como de escenas visualmente repugnantes. 

¿Qué es?

Gore ligero pero obligatorio para el seguidor irredento de Nicholson, y también accesible para el resto de amantes del cine de terror de guerrilla.

¿Qué ofrece?

Una banda sonora retro eminentemente electro-punk, cientos de insultos, un ritmo ágil y mujeres llevadas al límite; así como la sucia estética marca de la casa. Todo a costa de destripar el mundo del cine, puesto que al situar la acción en el mismo set de rodaje de una cinta de terror, la historia se presta a ciertas reflexiones sobre lo que ronda la cabeza de las personas implicadas en una producción de bajo presupuesto. Por supuesto, siempre reflexiones con un sesgo muy oscuro y depravado. Además, su escasa duración la convierte en un entretenimiento ideal para cualquier rato muerto.

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