A la Contra: Sergio del Molino versus Trainspotting

Fuente: filmin

Nueva entrega de nuestra sección A la contra. En esta ocasión es Sergio del Molino el autor de una de las obras más conmovedoras del panorama nacional, "La hora violeta", quien desmonta un clásico moderno: "Trainspotting", una película considerada por algunos, no por el autor, como generacional.

 De "Trainspotting" habla y mucho Sergio del Molino a continuación pero nosotros queremos recomendar la lectura de "La hora violeta", no es solo una apasionada carta de amor de un padre a su hijo, sino también la historia de una búsqueda: la de un término para referirse a los «padres huérfanos». Hay tan pocas palabras de consuelo disponibles que el idioma se ha olvidado incluso de reservar un sustantivo para quienes ven morir a sus hijos. Del Molino expresa sin medias tintas la frustración y la angustia de un padre sin incidir en descripciones sensacionalistas del sufrimiento de su hijo. El resultado son unas emocionantes memorias que trascienden la muerte del niño al que están dedicadas. 

SERGIO DEL MOLINO Y "TRAINSPOTTING" 

Si hay un adjetivo que espante a los anacrónicos como yo es el de generacional. Ese conjunto de tópicos con los que se retrata a los nacidos entre tal y cual año en un rincón del mundo. Generacional vale lo mismo para calificar el existencialismo que las chaquetas con hombreras. Hasta el suicidio fue una cosa generacional cuando la puso de moda Goethe con su Werther. Hay unas generaciones que son más de suicidarse que otras.

Para mi barrio y para mucha de la gente con la que compartí instituto y universidad, Trainspotting es una película generacional. Debería, por tanto, sentirla como propia. Pero, por más que la miro, no me reconozco. Ni a mí ni a mi mundo juvenil. Y les aseguro que era un mundo colmado de drogas y drogadictos, y mi barrio era tan hostil y malcarado como el Edimburgo de la peli. Muchos de mis amigos cayeron fascinados por Trainspotting. Personas a las que considero muy inteligentes aseguran haber apreciado y sentido en sus secuencias cosas hondas, pero yo, desde la primera vez que la vi, no he dejado de preguntarme de qué va. He intentado captar el espíritu transgresor y anticonvencional que tanta gente le atribuye, y sólo he visto un videoclip de la MTV demasiado largo, con una simplona moraleja de homilía arzobispal.

Trainspotting es tramposa porque se presenta como un alegato hedonista y nihilista, pero acaba moralizando de la peor manera. Como un anuncio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. Al final de todo, el placer se castiga. Un bebé muere porque su madre drogadicta no lo atiende. La vida burguesa y complaciente de la que los personajes huían con la jeringuilla se convierte en la única sensata y posible. Todo el onirismo narcótico de las tres primeras cuartas partes de la película sólo ha sido filfa visual, relleno, concatenación acelerada de planos cortos para mantener al impresionado y aprensivo espectador atado a la butaca. Al fin de cuentas, lo que viene a decir Trainspotting es que las drogas son malas. No te drogues o acabarás como esta gente. Para ese viaje, sobraban metros de película. Los anuncios del ministerio de sanidad son igual de inocuos y moralistas, pero sólo duran veinte segundos.

LA NUEVA OBRA DE SERGIO DEL MOLINO

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