15 claves que quizás no conozcas sobre "Clerks"

Fuente: Manel Carrasco

15 claves que quizás no conozcas sobre "Clerks"

El anciano profesor cruza el dintel del aula a las ocho de la mañana, puntual, como siempre. En los treinta años que lleva dando la asignatura de “Teoría y práctica de la escena cinematográfica III” no ha llegado tarde ni un solo día. Viste como un pincel, parece Gay Talese en su primera comunión, y sus maneras son suaves y mesuradas. Como en una liturgia instintiva, el profesor se coloca en su atril y sonríe a los soñolientos alumnos, con las manos en la espalda. Entonces, una leve inquietud recorre su espina dorsal. Hace poco que se ha recuperado de su última crisis nerviosa, pero aún le parece ver al alumno díscolo sentado a la izquierda.

Camisa de leñador, anárquico vello facial (nunca llamaría a “eso” una barba) y esa cándida voz de serpiente al pronunciar el nombre del que nunca debe ser nombrado. Pero hoy no. Hoy todo irá bien. El alumno ya no está. Fue un mal día. Aquel incidente solo fue un mal día. Otro más, si tenemos en cuenta los anteriores, pero el último, seguro. El profesor traga un poco de saliva, toca su amuleto de la RKO, reza un padrenuestro a San Raoul Walsh Bueno Mártir, y se lanza al ruedo:

“Queridos alumnos, ¿quién de los aquí presentes tendrá la gentileza de explicarnos cómo ha llevado a buen puerto la última práctica cinematográfica?”

Una mano alzada llama su atención al fondo de la sala. Es un jovenzuelo barbilampiño con una camiseta que le va grande. Y lleva una gorra de visera del revés. El profesor no lo había visto. Lleva una gorra de visera del revés y el profesor no lo había visto. Sus piernas empiezan a temblar, el amuleto de la RKO se cubre de sudor, el alumno comienza su explicación.

“Pues… nosotros hemos pensado en dos personajes en una tienda (el profesor contiene una mueca) que se pasan el día hablando de exnovias y soltando tacos (el hígado se le derrite en la base del estómago), un poco como ese director, ya sabe (crisis en tres, dos, uno)… Kevin Smith”.

Implosión.

“¿Quieren dejar de darle disgustos a este pobre hombre?” -exclama el médico de la ambulancia.



Kevin Smith se convirtió en un adalid del indie norteamericano con un solo título: Clerks (1994) era fresca, divertida y barata. También, eso lo supimos más tarde, inauguraba un universo propio anclado en los polígonos comerciales de Nueva Jersey y poblado por veinteañeros y treintañeros en constante crisis social, vital e incluso sexual. Durante años compartió con Quentin Tarantino el título de director más imitado en las escuelas de cine, donde legiones de estudiantes olvidaban que el secreto de la película no consiste solamente en su bajo coste o su catálogo de majaderos, sino en una narración que supura honestidad por todos los costados, que muestra una voz propia capaz de alimentar el relato con un conjunto de referentes y de vivencias personales inalienable. Con el paso de los años, las andanzas de Dante, Randal o Jay y Silent Bob trascienden el retrato de los 90 y siguen cosechando ejércitos de seguidores. Como un clásico moderno, mil veces imitado y aún por superar.



1-La familia, el trabajo y los cómics: Si esto no es amor por el cine que baje Billy Wilder y lo vea. Kevin Smith necesita 27.000 dólares para financiar su película y los va a sacar de donde sea: pide dinero a la familia y a los amigos (oh, no, ahí vuelve el plasta de Kevin con sus peliculitas), vende su amada colección de cómics, logra que sus jefes le avancen dinero y se funde el contenido de hasta diez tarjetas de crédito. Nadie puede negar que le pone ganas, pero sigue sin alcanzar la cifra deseada…

2-Bendita catástrofe: Smith y Jason Mewes compartenun coche, medio indispensable para sobrevivir y desplazarte por el entramado de marts de Nueva Jersey. Un día, Mewes se entera de que el servicio meteorológico avisa de riesgo de inundación: “Oye, Kevin quizá deberías aparcar el coche allí, en lo alto de la colina. Imagina que se lo lleva una riada”. Puede que Smith le obsequie con su expresión de “qué-me-estás-contando”, o simplemente resuelva el tema con un “oh, sí, ya lo haré”, el caso es que el auto se queda en la base de la colina, la riada irrumpe con fuerza, y bye-bye coche. Pero como no hay mal que por bien no venga, después de que Mewes intente estrangular a su amigo ambos descubren ojipláticos que el gobierno declara la región zona catastrófica y el seguro les paga una parte del coche. Es el dinero que les falta, llovido del cielo. Ya pueden empezar la película.



3-El Quickstop: Esto de ser director de cine no te garantiza un sueldo, que se lo digan a Smith, que no abandona sus trabajos –digamos- crematísticos mientras rueda Clerks. De hecho, la película tiene como escenario el mismo Quickstop donde se gana su sustento: de día es un badulaque al uso, de noche es un set de rodaje. El horario nocturno y la falta de presupuesto para una buena iluminación obligan al equipo a improvisar un escenario en el que nunca veamos el exterior. Por eso, en el guión, las puertas de la tienda no funcionan.

4-Un horario de locos: Smith empieza a trabajar en el Quickstop a las seis de la mañana y acaba a las once de la noche. Entonces empieza el rodaje, que se prolonga hasta las cuatro de la madrugada. Una horita de sueño y vuelta a empezar. Así durante veintiún días con sus veintiuna noches. El ritmo es tan agotador que, al final, Smith se queda dormido mientras se graban escenas claves para la película.

5-Blanco y negro: Muy indie esto de rodar en blanco y negro, muy Jarmusch y todo eso. La realidad del asunto es que Smith (como otros antes que él) no tiene presupuesto para controlar y equilibrar las diferentes temperaturas de color, así que opta por la solución más práctica y la más elegante. Aquí paz y después gloria.



6-La Divina Comedia: Que el protagonista de Clerks se llame Dante ya da que pensar. Kevin Smith estructura su película basándose en la Divina Comedia de Dante Alighieri y los nueve segmentos de la narración se corresponden a los nueve anillos del infierno en la obra del autor italiano.

7-Shy Randal: El personaje de Randal cuenta con líneas de texto tan descacharrantes y deslenguadas que se convierte en un auténtico robaplanos. El problema es que Jeff Anderson, el actor tras el personaje, es un poco más modosito. En la escena en la que lee la lista de títulos porno delante de una madre de familia, Anderson se bloquea, apurado, rojo de vergüenza. Al final tienen que rodar la escena por separado, con Randal leyendo los títulos por un lado y la madre reaccionando a ellos por el otro.

8-Shy Jay: Tiene narices que los personajes más arrabaleros y macarras de la película estén encarnados por los actores más apocados. Jason Mewes, que interpreta a Jay, lo pasa fatal ante una cámara. El colmo de su neurosis sucede la noche en que se rueda la escena del baile. Mewes es incapaz de hacer el indio ante el equipo de rodaje y Smith se ve obligado a tomar cartas en el asunto: todo el mundo fuera, la cámara plantada sin nadie que la controle y la película grabando. Jay y Silent Bob saltan y bailan con el objetivo como único testigo.



9-Chatty Bob: Kevin Smith quiere interpretar a Randal, lo que explica que el guión trate con especial mimo las líneas de este personaje. Pero durante la preproducción de la película cambia de idea y se queda con Silent Bob, quien paradójicamente nunca dice nada. Al final, en un último giro, Jason Mewes es incapaz de decir una frase y Smith decide hacerse cargo de ella: "— El mundo está lleno de tías buenas, pero no todas te traen lasaña al trabajo, solo te ponen los cuernos". Silent Bob en cuerpo y alma.

10-Tabaco: Los espectadores de todo el mundo se ríen a carcajadas cuando un distraído Dante vende un paquete de tabaco a un menor de edad. Smith, en cambio, se debe de reír un poco menos. En esos días es un furibundo detractor de la nicotina, hasta el punto de que su personaje en ningún momento se traga el humo que, presumiblemente, está fumando. Eso sí, tras el estrés del rodaje, el pobre hombre empieza a consumir dos paquetes al día. Y ahí sigue.

11-La barba de Dante: Antes de empezar el rodaje Smith pide a Brian O’Halloran que se afeite la barba. El problema es que cuando ve el resultado (“Ay madre de Dios”) Smith cambia de idea y le pide que, por lo que más quiera, se la deje crecer de nuevo. Si nos fijamos, a lo largo del metraje el tamaño de la barba varía sensiblemente. Viva el racord.

12-Lo mejor de ambos mundos: Kevin Smith se documenta bien, cuando le interesa. “Lo mejor de ambos mundos”, es el nombre de la película porno hermafrodita que Randal estudia con interés. En realidad el título no pertenece a un solo film sino a una colección sobre sexo bisexual. Pero existir, lo que se dice existir, existe.

13-Smith’s Society:La madre del director es una clienta del Quickstop, su hermana es la que trabaja masturbando animales, Walt Flanagan, un amigo de la infancia, interpreta cuatro personajes… El entorno de Smith se moviliza para colaborar en la película. Scott Mosier, amigo y productor, tiene tres roles, y David Klein, cinco. Un universo pequeño, remando en una misma dirección.



14-El primer final (SPOILERS): En el guión original Dante sufre un atraco y es asesinado en el Quickstop. Así, tal cual. La escena, particularmente dramática por el modo como se ejecuta, provoca críticas y rechazos en los primeros pases privados. El motivo que esgrime el director es tan claro como contundente: Smith no sabe cómo acabar la película. Sus mentores en el Independent Film Market le sugieren que corte la película antes de tan abrupto final, permitiendo de paso la posibilidad de un Clerks II (2006) y, a juzgar por las últimas noticias, un Clerks III.

15-NC-17: La MPAA se vuelve loca con los diálogos de la película, decide que no es para menores, le otorga la calificación NC-17 y prácticamente la condena al ostracismo. Esta maldita etiqueta, temida por los cineastas norteamericanos, prohíbe el acceso a la sala a los que tengan menos de 18 años. Miramax (Harvey Weinstein omnipresente) no se arredra y contrata a un abogado especializado en derechos civiles. Alan Dershowitz, un hacha de la profesión, se enfrenta a la todopoderosa MPAA y logra que rebaje la calificación a R, lo que implica que los menores de 18 años pueden ver la película bajo la supervisión de un adulto. Teniendo en cuenta el importante segmento de taquilla que representa en los 90 el público adolescente, la gestión de Dershowitz salva la carrera comercial de Clerks, que logra recaudar más de 3 millones de dólares en solo 50 salas. Y con el paso de los años Kevin Smith recuperará prácticamente toda su colección de cómics.



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