10 razones para ver..."Life on Mars"

Fuente: Joan Ramis Boscana

10 razones para ver..."Life on Mars"

"Mi nombre es Sam Tyler. Tuve un accidente y desperté en 1973. ¿Estaré loco, en coma o he vuelto al pasado? Sea lo que sea, es como si hubiera aterrizado en otro planeta. Quizá, si encuentro una explicación, pueda volver a casa". Así es cómo empieza cada capítulo de esta serie que la BBC estrenó con un éxito rotundo en el año 2006. 

"Life on Mars" es una producción diferente, y cuando digo diferente me refiero a que es capaz de compaginar estilos y tonos totalmente diversos hasta crear una amalgama especial, de difícil encaje para cualquier género conocido hasta ahora. En filmin disponemos de las dos temporadas que conformaron una ficción que, en su día, arrasó en la pequeña pantalla, generando todo un fenómeno sociológico de adicción. Hordas de marcianos desesperados se incrustaron en sus sofás durante la emisión de una de las joyas británicas por excelencia.

Y precisamente es la originalidad del relato lo que conmueve al espectador, sin que nos podamos permitir desapegarnos de un protagonista que no comprende lo que le acaba de ocurrir; con un escenario que es nuevo no sólo para él, si no también para nosotros. Conocemos un Manchester de 1973 y empezamos a dudar de la cordura de Sam Tyler y de quienes le rodean. De repente, todo está  patas arriba. Nada está en su sitio y la alteración de lo que entendíamos como convencional nos sacude hasta que desaparece nuestra brújula, dando paso a un nuevo estado de las cosas. Bienvenidos al pasado, donde la locura está a la orden del día para que nos amoldemos a ella.

Aquí tenéis diez razones para que Life on Mars se convierta en una serie de obligado visionado, si es que aún no la habéis disfrutado:

1. John Simm es Sam Tyler

El primer motivo para que uno vea la serie es el personaje principal de la misma, junto al actor que se encarga de darle vida en la ficción. Sam Tyler es el Inspector Detective en Jefe de la policía de Manchester, cuya vida se ve truncada cuando un coche lo arrolla durante acto de servicio. Tyler se queda tendido en el suelo, inconsciente, hasta que se despierta medio aturdido en un lugar desconocido. A medida que va recobrando el sentido y sus fuerzas, el policía descubre que ha sufrido, inexplicablemente, un viaje de regresión temporal que lo ha transportado hasta 1973. Sam cree que está alucinando, o que se encuentra en estado catatónico tras el atropello. Intenta convencerse de que tal experiencia es producto de una ensoñación, fruto del accidente del que ha sido víctima. Las dudas lo carcomen, no entiende lo que sucede a su alrededor y teme quedarse atrapado en una época que no le corresponde. John Simm era un actor desconocido para mí hasta que, recientemente, devoré en dos días la laureada La sombra del poder. Después de haber visto Life on Mars, uno constata la inconmensurable brillantez con que Simm es capaz de encarnar sus personajes. Cada palabra y cada gesto están cargados de una honestidad que busca nuestra identificación. A Simm le van los personajes honrados, aquellos que andan a la caza de la verdad por encima de todo y que enarbolan la bandera de la buena moral como carta de presentación. Y así es Sam Tyler.

2. Manchester en los años 70

A pesar de que Sam Tyler retroceda en el tiempo por arte de magia, la ciudad donde se encuentra sigue siendo su Manchester natal, aunque debemos desandar el camino recorrido a lo largo de la vida del protagonista hasta caer en una urbe treintaitrés años más joven. Nos hallamos en una metrópoli eminentemente industrial, donde sus paredes de ladrillos rojizos y sus callejuelas estrechas dibujan un paisaje de lo más particular. La estética de la serie se apoya en las localizaciones exteriores, abusa de ellas para que el espectador se acostumbre a un enclave de edificios fabriles con chimeneas humeantes. La moda desfasada de unos habitantes anclados en el pasado y los vehículos de carrocería antigua embellecen la ciudad de Manchester, un destino no tan afamado en el panorama de la ficción y que tenemos la oportunidad de recorrer en Life on Mars, gracias a su cuidada ambientación.

3. Gene Hunt, el secundario indispensable

Esta producción de la BBC perdería enteros si no fuese por la presencia esencial de un personaje secundario que se come la pantalla, ganándose el cariño del público capítulo a capítulo: el sheriff Gene Hunt. Este jefe de comisaría arrogante y chulesco imparte justicia tal y como le viene en gana, y la mayoría de las veces lo hace recurriendo a la fuerza bruta y al insulto. Estamos hablando de un personaje visceral, carente de filtro a la hora de disparar la mayor de las bravuconadas y expeditivo en cuanto a su modus operandi. El espectador se ve reflejado en Gene Hunt cuando se despierta en nosotros esa faceta en la que lo mandaríamos todo al garete, sin miramientos ni prudencia. Ser precavido puede llegar a ser una tarea ardua, sobre todo si la impaciencia nos invade. Es ahí cuando nace en cada uno de nosotros el sheriff tirano que dormita en nuestro interior; el que no habla con medias tintas y encara las adversidades armándose de coraje. Su altivez y su empecinamiento –cercano al machismo- en enaltecer su virilidad ante los demás constituyen un personaje singular, interpretado por Philip Glenister.

4. Banda sonora

Life on Mars le debe su título al tema musical que David Bowie publicó en 1971: Life on Mars?. Esa canción es, precisamente, la que escucha Sam Tyler en su coche cuando es atropellado. Al despertar en el pasado, la melodía sigue sonando en el radiocasete de su vehículo. Ese dato es una muestra de la relevancia que tiene la música en esta serie. Su banda sonora es capaz de aunar artistas que alcanzaron la cúspide del éxito durante la década de los setenta. Las pistas de sonido que se asocian con las tramas de los episodios tienen dueños tan dispares como el mismo Bowie, The Who, Lou Reed, Nina Simone, Deep Purple, Cream… Un acompañamiento musical exquisito que se articula a la perfección con la época en la que se enmarca la ficción.

5. Altas dosis de humor

Tal vez la serie pueda ajustarse al género de thriller policiaco, puesto que la historia –en cada capítulo- establece una estructura repetitiva formada a partir de un caso al que sigue su respectiva resolución. Sin embargo, uno de los puntos fuertes de esta ficción son las cuotas de comedia que puede llegar a alcanzar. Muchos de los personajes están construidos a partir de ciertos rasgos que permiten explotar el sentido del humor, haciéndonos olvidar el drama que atraviesa Tyler al verse maniatado en el pasado. Las dosis de carcajadas son administradas en momentos puntuales, para también atenuar la tragedia que se respira en cada caso. Gene Hunt no puede reprimir su ocurrencias más groseras; Chris –un detective de pocas luces- invita a la risa con sus despistes y torpezas; Phillys –una de las pocas mujeres policías que trabajan en la jefatura- regala comentarios mordaces a diestro y siniestro. Una serie que no escatima a la hora de ofrecer el humor inglés más ácido.

6. Tensión sexual no resuelta

No podía faltar un elemento que funciona a las mil maravillas en cualquier tipo de ficción: la atracción sexual mutua que sienten dos personajes y que nunca parece llegar a consumarse. Desde que las miradas de Annie Cartwright –interpretada por Liz White- y Sam Tyler se cruzan por primera vez, da comienzo un juego de sonrisas que dicen más de lo que aparentan y de palabras en las que subyace un delicado subtexto. Annie es la única persona en el nuevo mundo contra el que ha chocado Sam que escucha y trata de entender las tribulaciones del protagonista, que busca su abrigo como un remanso de paz en medio de tanta demencia. La joven policía actúa de psicóloga, se interesa por el recién llegado a la comisaría hasta que sus sesiones acaban por convertirse en un tira y afloja romántico entre ambos personajes.

7. Policía de vieja escuela

La comisaría en la que aterriza el protagonista en 1973 no tiene absolutamente nada que ver con aquella de la que proviene. El edificio es viejo, sus instalaciones ruinosas y sus archivos polvorientos. Archivos polvorientos, sí. Porque a principios de los setenta, en las jefaturas de policía de aquellos tiempos, no se clasificaban los documentos mediante los avanzados ordenadores de hoy día; los organizaban en cajones destartalados. No disponían de salas de interrogatorio adecuadamente equipadas, ni de la tecnología necesaria para rastrear a los criminales. Incluso la jerga que manejaba la policía distaba sobremanera de la actual. La mueca de Sam Tyler cuando entra por primera vez en su nuevo lugar de trabajo es inefable.

8. Enfrentamientos entre Sam y Gene

Con el correr de los episodios, los conflictos existentes entre los dos personajes principales de la historia se van acentuando, y eso acaba siendo uno de los atractivos más llamativos de la serie. Gene es todo lo que Sam nunca sería como policía, y para más inri, es su jefe. Ambos tienen caracteres y maneras de proceder totalmente contrapuestas. Tyler es un policía que sigue escrupulosamente los procedimientos más modernos. Es educado y rigurosamente profesional, con un listón ético muy elevado que anhela cumplir en todas las facetas de su vida. Ama lo que hace porque lo quiso hacer desde pequeño. Por otro lado, Hunt es de talante tosco. Rudo, malhumorado y no dado al diálogo. Impone su ley entre sus subalternos sin opción para posibles réplicas. Si interroga a un sospechoso, hablan antes sus nudillos que su lengua. Los enfrentamientos con Sam son tan constantes como divertidos, pero por alguna extraña razón, el jefe confía en su rebelde subordinado más que en nadie.

9. Final cerrado

Los casos que rellenan todos los capítulos de la serie se abren y se cierran en cincuenta minutos. Pero la trama continuista que planea a lo largo de toda la ficción, la que hace referencia al estado en el que se encuentra Sam en la vida real, llega a su fin de forma espectacular. A pesar de que los argumentos que se inauguran al principio de cada episodio nos mantengan atentos a lo que ocurre dentro del entorno policial, lo que realmente provoca el interés del público es averiguar si todo lo que ha experimentado el protagonista se corresponde a un engaño de su mente, o si por el contrario nos hallamos ante un verdadero salto en el tiempo. En algunos capítulos, los guionistas salpican los casos criminales en los que se ve inmerso el policía con pistas acerca de lo que ocurre en la actualidad. Finalmente, se esclarece el misterio. Y de qué manera.

10. 3 premios BAFTA y 1 Emmy

En el año 2007, Life on Mars se alzó como la vencedora de los premios BAFTA, haciéndose con tres galardones. Esta producción de la BBC ganó en la categoría de Mejor Serie Dramática, Mejor Director, que fue a caer a las manos de Bharat Nalluri, y Mejor Actor, recompensando el magnífico trabajo de John Simm. Por otro lado, en los International Emmy Awards, el laurel de Mejor Serie Dramática en el mismo año también se lo llevo la producción inglesa, permitiendo engrosar el palmarés de una ficción que ha ido acumulando multitud de premios y nominaciones. 

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