Tras el asesinato de Abraham Lincoln, ocho personas son detenidas y acusadas de conspirar para matar al presidente, al vicepresidente y al secretario de Estado. La única mujer que se encuentra entre ellos, Mary Surratt (Robin Wright), regenta una pensión donde el autor del magnicidio, John Wilkes Booth, y sus cómplices se reunieron y planearon los atentados simultáneos. Mientras Washington se recupera de las heridas de la Guerra Civil, el abogado Frederick Aiken (James McAvoy), un héroe de guerra unionista de 28 años, accede a regañadientes a defender a Surrat ante un tribunal militar. Sin embargo, el joven abogado sospecha que su cliente podría ser inocente y que está siendo utilizada como señuelo y rehén para capturar a su propio hijo, John, el único conspirador que escapó a la orden general de busca y captura. Con el país entero en contra de Surratt, Aiken es el único dispuesto a destapar la verdad y salvarle la vida.
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Puede que el director de La Conspiración, Robert Redford, pensara lo mismo y puede que suene como una trama ideal para una superproducción a lo grande, como se hace todo en USA. Pero Robert Redford tiene otro estilo, más intimista, más desde el corazón y así lo ha hecho.
La trama no solo se centra en dicha intriga, sino en la situación en la que se ve inmersa la madre de uno de los asesinos de Lincoln, Mary Surrat, trágicamente el único que se da a la fuga.
Ésta, prejuzgada por todo el país y por su propio abogado, joven e inexperto, trata que un jurado militar que de antemano la condena, muestre misericordia y la deje libre por un crimen que no es sino ser mujer en aquella época e intentar salvar a su hijo por encima de todo.
La hija de ésta, Anna Surrat y el propio abogado deben pasar por situaciones de...