filmin radar: Irreversible - Memento (parte III)

Autor: Montecarlo Fuente: Montecarlo

filmin radar: Irreversible - Memento (parte III)

Tras la primera y segunda entrega, llega la tercera y definitiva parte de filmin rádar a cargo de nuestro colaborador Montecarlo. Su oscuro y sádico objetivo: "Irreversible" de Gaspar Noé.

CAUSA-EFECTO Y OTRAS PRESUNCIONES ILUSTRADAS

“Irréversible” es una película fragmentada en la que cada una de las piezas es una unidad temporal sólida y continua. El film se construye sobre el recurso del plano secuencia, estrategia narrativa que se utiliza durante todo el metraje. Hasta aquí, la descripción también podría servir para cualquier film de Max Ophüls. La diferencia está en la ordenación en la que están montadas las escenas: la primera que vemos, cronológicamente, sería la última. Y así en progresión inversa hasta que la película concluye con la que sería primera escena de la historia. El recurso, a pesar de ser poco habitual, tampoco resulta una excepción. “Memento” (2000) la propia “Irréversible” (2002), “5x2” (2004) o “The Burning Plane” (2008) emplean una técnica similar, cada una con su propia intención y mejores o peores resultados.

La cadena de acontecimientos de “Irréversible” se nos muestra así: diálogo en el motel y viaje en ambulancia – pelea en el club – abandono del taxi robado – viaje en taxi – interrogatorio al travesti – interrogatorio policial y encuentro con los matones – Alex, rescatada por los servicios de urgencias – violación – fiesta – viaje en metro – escenas de dormitorio – Alex en la cama y el parque… río de esperma y frase final.

Como apuntaba al inicio del texto, “Irréversible” no es tanto un film sobre el tiempo sino sobre la condición humana o, según una formulación más postmoderna, es un film sobre nuestra identidad definida a partir de nuestra percepción del tiempo. Al fin y al cabo eso es lo que, dicen, nos marca como humanos: nacemos, crecemos, nos reproducimos y, finalmente, morimos. El clásico “polvo eres y en polvo te convertirás” o en palabras de Noé: el tiempo lo destruye todo. Me gustaría detenerme un momento y relacionar esta idea con la de la consideración de la película como artefacto.

El cine (lo hemos dicho mucha veces) es un medio lineal. Así nació y así es. Si todo es producto de su época y el cine es el primer arte que surge a partir de una creación mecánica, podemos entender que, como medio, representa el tiempo según los parámetros que la sociedad industrial manejaba a finales del siglo XIX. Es decir: el tiempo entendido como un vector de sentido único, una idea heredada de la ciencia newtoniana. Noé se enfrenta, por lo tanto, a un problema irresoluble: el cine nunca podrá adoptar otra forma que no sea la progresiva lineal, aunque podrá explorar los límites de la misma.

Si (y ya que he mencionado la película de Arriaga) “The Burning Plane” demuestra ser una película fallida en la que el espectador adivina lo ocurrido en el pasado antes de que se nos narre, en “Irréversible” no sucede lo mismo. Noé consigue que hagamos relecturas de lo ocurrido a medida que la historia avanza/retrocede: aquí el objetivo no es desvelar el secreto original (el desencadenante del relato), sino comprender en mayor profundidad lo que ocurre como consecuencia de lo que ya ha pasado.

Ese continuo cambio de parecer nos brinda la opción (si así lo queremos) de ser más flexibles, más comprensivos con los demás, a no ver las cosas en blanco y negro a pesar de que en el relato la mirada gira exclusivamente alrededor del trío protagonista, no entrando en ningún momento en ramificaciones que expliquen con más detalle las vidas de otros personajes que, así, aparecen como simples comparsas. (Nada sabemos del Tenia, ni del transexual, los matones de barrio o el taxista).
Esa comprensión, sin embargo, no comporta mayor felicidad. Por eso al final de la película nos queda un sabor agridulce. (Noé no juega, como hace Tarantino en “Pulp Fiction”, a utilizar la restructuración de los acontecimientos para alcanzar un falso final feliz).

250 MILLONES DE ESPERMATOZOIDES

En la vida hay experiencias que te marcan para siempre. Y así es “Irréversible”. Hay un antes y un después porque, como toda experiencia, resulta irreversible. O ésa es la tesis que parece defender Noé. Pero hagamos una última puntualización: recordar no es recuperar, sino reinventar, recontarse, y si la capacidad de recordar es limitada, la de olvidar no lo es.

Por mucho que la película parece cerrar el círculo al retomar la frase inicial, una serie de incógnitas quedan sin respuesta. (Y es que “Irréversible” no es para nada una historia de estructura circular).

Nada sabemos del bebé que Alex lleva en sus entrañas. No hay indicios de que haya abortado, y no sabemos qué será de él.
Cada nueva vida es un milagro, no sólo biológico, también estadístico: cada eyaculación contiene alrededor de 250 millones de espermatozoides; en caso de que se encuentren, sólo uno logrará fecundar el óvulo. El último plano (ese fundido estroboscópico del cielo y la lluvia de esperma) señala una posible concepción: podría ser la del hijo de Alex, podría ser una metáfora cósmica. ¿Y después de eso? Después, la frase final que es al mismo tiempo la inicial, pues el relato retrocede.

Para concluir, (y siguiendo el ejemplo de Gaspar Noé) volvamos al principio del film. En la misma escena en la que Philippe Nahon dice “El tiempo lo destruye todo”, también se dice “No hay malas acciones, sólo acciones”. Tal vez eso sea todo lo que hay.



 

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