Estrenamos las Mumblecore Sessions

Fuente: filmin

Estrenamos las Mumblecore Sessions

Tras el éxito de My French Film Festival y Atlántida Film Festival, no paramos, ahora lanzamos las Mumblecore Sessions, una iniciativa organizada con la distribuidora Cine Binario que pretende dar a conocer aquellos nuevos realizadores del cine norteamericano que, pese a haber sido premiados en festivales como Sundance, SXSW o Rotterdam, seguían sin tener distribución en España, se trata de directores criados en la tradición del Do it yourself, que demuestran con cada una de sus obras que puede hacerse gran cine al margen de las instituciones, armados con cámaras digitales, acompañados por actores no profesionales, con poco presupuesto, muchas ideas y, casi siempre, con unos diálogos medio improvisados en los que resuenan ecos del cine francés de finales de los 60 o del cine americano de los 70 que encumbró a gente como Arthur Penn o John Schlesinger. Las Mumblecore Sessions ofrecerán un dos estrenos mensuales inéditos en cines en nuestro país, que se podrán ver en exclusiva en filmin por 2,95€ y que posteriormente se podrán comprar en dvd a través de la colección Young American Filmmakers editada por CineBinario y comercializada bajo el sello Cameo.
 

¿Qué películas podrán verse?

De momento estrenamos dos joyas: "Baghead" y "Hannah take the stairs". En abril vendrán "Dance Party USA" y "Quiet city" de Aaron Katz, responsble de la sensación indie del pasado año "Cold Weather," considerada por Indiewire la mejor película americana del 2010. A él le seguirán nombres de la talla de Andrew Bujalski, indiscutible santo y seña de ese nuevo cine independiente tmbién llamado 'mumblecore.'

¿Qué es el Mumblecore?

Tienen veintitantos, en el mejor de los casos veintimuchos, o han superado ya la barrera de los treinta; han vivido una época de prosperidad económica en la que seguían dependiendo de sus padres, responsables de financiar estudios, casa, comida, ropa… Con pocas o ninguna posibilidad de firmar un contrato laboral, algunos amigos, mucho tiempo libre y ganas de mostrar al mundo retales de vida que podrían pertenecer a su propia intimidad, empezaron a escribir historias protagonizadas por dos o tres personajes, ambientadas casi siempre en el espacio doméstico. El paso siguiente iba a ser rodarlas, pero se necesitaba para ello la colaboración de los allegados: así, novios, amantes esporádicos, amigos o familiares se convirtieron en improvisados actores a quienes se les proporcionaba alguna línea de diálogo con la esperanza de que se guiaran fundamentalmente por lo que sentían en cada momento.

La figura del hombre-orquesta, al mismo tiempo escritor, operador de cámara, director de actores y editor de sus imágenes, se iba imponiendo en algunos puntos de la geografía norteamericana como Chicago, Boston, Portland, Brooklyn… Pero fue en el festival South by Southwest, en Austin, donde por primera vez se acuñó un término que englobaría en adelante todas las propuestas nacidas bajo este signo. La culpa la tuvo un técnico de sonido que utilizó la palabra Mumblecore para hablar de la película independiente en la que acababa de participar; su trabajo no debía ser lo más destacable de la propuesta, entre diálogos prácticamente inaudibles y palabras pronunciadas entre dientes, pero las emociones afloraban de los personajes de una forma natural.

Desde entonces, Mumblecore se utiliza para definir el trabajo de toda una generación de cineastas norteamericanos que han hecho de la independencia más militante su bandera, capaces de rodar con presupuestos inverosímiles para la industria y de conseguir transmitir con sus obras una emoción que brilla por su ausencia en la mayoría de productos hollywoodienses. Son jóvenes realizadores que no muestran ningún tipo de alineación política; lo único que les interesa es llenar sus imágenes de silencios y de sus propias dudas sobre el mundo que les rodea. Sus películas son lienzos en blanco sobre los que consiguen plasmar con inteligencia su preocupación por una incomunicación creciente, la sensación de aislamiento que ésta conlleva en un mundo cada vez más ‘comunicado’ (en esto las nuevas tecnologías tienen mucho que ver), y también la dificultad de las relaciones y, cómo no, el sexo.

La primera película mumblecore fue por consenso la obra de Andrew BujalskiFunny Ha Ha” (2002), a la que siguieron los trabajos de otros realizadores como Joe Swanberg y Aaron Katz. Ellos son los máximos exponentes de un movimiento que nunca tuvo intención de serlo, pero que se caracteriza por reflexionar sobre la juventud y su condición existencial. Allá por el 2009 Swanberg estrenaba “Alexander The Last” en Austin, el mismo festival en el que por primera vez se oyó pronunciar el término que englobaría sus propuestas.

En nuestro país sólo hemos tenido ocasión de ver la versión mainstream del género: “Buscando un beso a medianoche”, la cinta dirigida por Alex Holdridge y estrenada hace ya tres años en España. Ambientada en la ciudad de Los Angeles, narra con indiscutible encanto los infortunios de un joven que se siente fracasado y solo en la víspera de año nuevo. La cámara sigue los pasos del protagonista durante veinticuatro horas en las que vivirá una apasionada (y fugaz) historia de amor. La cinta retrata con una exquisita fotografía en blanco y negro los rincones menos turísticos de la ciudad, centrada como está en reflejar la intimidad de sus personajes.

El crack que vive la economía mundial puede acabar con este cine fresco, ávido de aportar nuevas ideas, al que no le importa mostrar su falta de confianza en sí mismo. El Mumblecore ha hecho correr ríos de tinta en las principales publicaciones norteamericanas, muchas de las cuales señalan las nuevas formas de distribución como únicas vías de supervivencia para este tipo de producciones.

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